Desafíos

Lectura del libro de Isaías (45,1.4-6)

Sal 95,1.3.4-5.7-8.9-10a.10e

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (1,1-5b)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,15-21)

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta.
Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?»
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.»
Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta cara y esta inscripción?»
Le respondieron: «Del César.»
Entonces les replicó: «Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»

Puedes descargarte el audio aquí.

¿Te has fijado en lo que decía la primera lectura? Así dice el Señor a su Ungido, a Ciro, a quien lleva de la mano: «Doblegaré ante él las naciones, desceñiré las cinturas de los reyes, abriré ante él las puertas, los batientes no se le cerrarán. Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios. Te pongo la insignia, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor, y no hay otro.»

Aunque seguramente no te habrá llamado la atención así, de primeras, es un texto bastante desconcertante por varias razones:

Primero, porque Isaías, profeta del Dios de Israel, está dirigiéndose en estos términos tan tiernos y tan firmes a la vez (a quien lleva de la mano), a Ciro II, rey de Persia, conocido en su época por las hazañas magníficas que realizó. Ya esto podría sorprendernos, porque los profetas suelen denunciar la mentira y la injusticia, y cuando alaban, alaban a Dios, y no a los hombres.

Y si es raro que alaben a un hombre, más lo es que alaben a un rey y que este rey no sea judío (ya no hay rey en Israel en esta época del exilio), sino que lo alaba porque está actuando como ungido de Dios, a quien se someten las naciones… Un rey persa, esto es, alguien que no pertenece al pueblo elegido, es llamado por Isaías ungido de Dios.

Como decimos muchas veces, está lo que piensas tú, y está lo que piensa Dios. A nosotros nos sorprende que Dios, a través de Isaías, hable así acerca de un ser humano. Pero si esto es así, y si además lo que Isaías ha predicho se cumple (en este enlace encontrarás, muy brevemente, alguna referencia acerca de estas hazañas de Ciro), entonces nos enfrentamos a un desafío. El desafío de dejar de mirar las cosas como yo esperaba que fueran y abrirme a lo que las cosas son en realidad: aquello que Dios dice de ellas.

  • Y lo que dice es que esta vez ha elegido como ungido, no a uno de su pueblo, sino a un rey persa que no conoce a Yahvé.
  • Nos dice que esta vez no elige, para actuar en la historia, esos caminos humildes y discretos que suelen ser los suyos, sino que esta vez actúa, a través de la persona de la figura más portentosa de su época: Ciro II el Grande.
  • Y nos dice cómo esta actuación portentosa está movida, como siempre, por su deseo de salvación: Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías-. Quizá Israel no entienda, a medida que se suceden los hechos, que Dios actúa a través de Ciro. Pero si sigue creyendo y contemplando, verá su Amor, siempre su Amor que se vale de toda la tierra para llegar a Israel.

Este rey, que vencerá a Babilonia, la superpotencia de la época, dicta un edicto por el que dará fin al exilio del pueblo judío en Babilonia, que puede así volver a su tierra y reconstruir el Templo. Ha sido a través del edicto del rey persa como han terminado los años más oscuros de la historia de Israel.

Déjate desafiar por este modo de hacer que también es modo de Dios, y ábrete a lo que de Sí mismo nos revela aquí.

Esto, por una parte. El dejarnos desafiar por los modos de hacer de Dios.

A la vez, cuando nos abrimos a los modos de hacer de Dios, descubrimos que esos modos pueden estar dándose también en nuestro tiempo. Eso sacude de nuevo nuestra mirada acostumbrada y nos desafía, una vez más, a reconocer los modos como Dios se está manifestando hoy en la historia.

Me preguntaba cuál puede ser, en nuestros días, el equivalente victorioso de Ciro II el Grande. Yo no pensaría en ningún político ni en ninguna potencia o país, sino que me parece que nuestro mundo hoy tiene otros “héroes”. Y aunque esto es mi visión personal y por tanto discutible, yo veía dos “héroes” de esos: el dinero y la técnica. Tanto al dinero como a la técnica los consideramos victoriosos en nuestro mundo, nos maravillamos de las hazañas que logran, como entonces les pasaba tanto a los persas como a todos los demás al oír contar las hazañas de Ciro.

Pero igual que entonces –nuevo desafío- una cosa era lo que veía la gente acerca de Ciro y otra –mucho mayor, mucho mejor- era lo que Isaías era capaz de ver acerca de Ciro –que era el ungido de Dios, y que el ungido de Dios está puesto para que se manifieste la gloria de Dios: Te pongo la insignia, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor, y no hay otro.

Este es el desafío, por tanto: hay una mirada natural, espontánea, que se maravilla de las hazañas que se ven –las de Ciro entonces, las de la técnica o el dinero ahora-; y hay una mirada profética, una mirada que mira al modo de Dios, que comprende cuál es el verdadero sentido de esas hazañas, cuál es el sentido de lo que se está dando, y conoce que ese sentido viene dado por Dios, por lo que acabará siendo ocasión para que –los que vean- glorifiquen a Dios.

Y es que nosotros, ¡hay que ver los líos que nos hacemos para conocer cuál es mi lugar y cuál es el lugar de Dios en tantas situaciones de nuestra vida! Nos hacemos tantos líos, a causa de nuestra mente enredada, que creemos que a Jesús lo vamos a pillar por aquí: Dinos qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no? Ellos creen que con esta pregunta –la de vueltas que le habrán dado para elaborar esta trampa- van a pillar a Jesús por algún lado, y le harán caer, diga lo que diga.

La respuesta de Jesús revela ese otro modo de mirar según Dios que descubre una mirada más lúcida y penetrante, la más sencilla –“el ojo de la intención debe ser simple”-, la que tiene claro cómo hay que actuar: Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Isaías, al profetizar así sobre Ciro, tiene claro, porque ha visto, cuál es el lugar de Ciro, y cuál es el lugar de Dios.

Jesús, como nos revela también su mirada, tiene claro cuál es el lugar del César y cuál es el lugar de Dios. También ve claro que lo que quieren los fariseos es tenderle una trampa, y su mirada penetrante lo ve y lo denuncia con la misma lucidez.

Qué buena es la vida cuando nuestra mirada es libre y limpia, y nos permite mirar y vivir con verdad.

Pide luz al Espíritu, y atrévete a mirar la realidad que te rodea. Pero no de cualquier modo: déjate desafiar por esta mirada que mira al modo de Dios y nos revela el sentido profundo de lo que sucede.

Podemos terminar alabando con las palabras del salmo, ¿qué te parece?

Aunque no podamos hacerlo juntos, podemos, cada un@ en nuestro lugar, celebrar a este Dios nuestro que desafía nuestros modos de mirar y nos lleva más allá. Más allá de la distancia, proclamamos, siendo comunión: ¡Aclamad la gloria y el poder del Señor!

Imagen: Alex Iby, Unsplash

2 comentarios en “Desafíos”

  1. Koro Mateo Astiz

    Si, a mí me pasa que las ciencias de la psicología, las emociones… Me resultan poderosas, como si fueran la llave humana que tienen el poder de llegar a la perfección. Y esto no sé llevarlo con la fe

    1. Buenos días, Koro

      en el comentario que haces para el blog, pensaba que puedes hacer una prueba: coger una de esas soluciones de la psicología y una de esas palabras que dice el evangelio, y lleves cada una hasta el final.

      Verás que la psicología dice verdad (si la dice, que hay muchos planteamientos diversos), a un nivel, y el evangelio a otro que no es objetivable, que requiere de confianza y que, paradójicamente, si lo leemos del modo en que se ha dicho, vale para siempre.

      Haz la prueba.

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