Dios es Amor. Dios es Abundancia

1ª lectura: Isaías 55, 1-3

Sal 144, 8-9. 15-16. 17-18

2ª lectura: Romanos 8, 35. 37-39

Evangelio: Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos.

Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer. 

Jesús les replicó:

No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.

Ellos le replicaron:

Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.

Les dijo:

Traédmelos.

Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Puedes descargarte el audio aquí.

Estaría muy bien preguntar –por ejemplo, en una Eucaristía de domingo, y mejor si es la de este domingo precisamente- cómo escuchamos este relato en el que se nos habla de que Jesús ha dado de comer a tanta gente.

Como vivimos en una sociedad de consumo y, si tenemos ordenador, lo más seguro es que no pasemos hambre, tenemos dificultad para abrirnos a esta buena noticia que hoy se ha proclamado: Jesús ha dado de comer a muchísima gente, y el motivo es que se compadece de nosotros. Dios quiere que comamos, y no solo que escuchemos su Palabra. Dios quiere curarnos de nuestras enfermedades, y ese también es un motivo para llegarnos a él. Desde luego, es un motivo para que él se acerque a nosotros.

Este evangelio es buena noticia porque el hambre es una mala, horrible noticia. Según datos de la ONU de julio de 2019, 820 millones de personas pasan hambre en el mundo y unos 2000 millones sufren su amenaza (https://news.un.org/es/story/2019/07/1459231). Para estas personas, muchas de las cuales han escuchado este evangelio, Jesús es buena noticia porque ha hecho esto. Y quien lo ha hecho una vez, ya te revela quién es: el Dios que nos bendice cada día con su Amor Compasivo.

Para los que viven bajo el azote del hambre y creen, el reconocer que Dios es así es fuente de inmensa esperanza. Y para los que comemos tres veces al día y creemos, el reconocer que Dios es así nos lleva a seguir haciendo en favor de nuestros hermanos esto que Jesús ha hecho: saciar el hambre de estos hijos, de estos hermanos que padecen.

Al ver que Jesús es así, ¿cómo no compadecernos y hacer lo que nos toca? A Jesús, esta muchedumbre hambrienta le hizo dar gracias al Padre por ser así, por haber dispuesto su abundancia en nuestro favor. A nosotros, en la misma medida en que nuestro corazón haya sido bendecido por Su abundancia y Su compasión, el corazón se nos hace también solícito y urgente en favor de nuestros hermanos.

No te líes con esta frase engañosa: “yo no puedo resolver el hambre en el mundo”. Claro que no. La pregunta es: “¿Qué puedo hacer para que algún hermana o hermano, algunos hermanas y hermanos alivien su hambre y su sed, se sientan amados, bendigan a Dios y recobren la esperanza? ¿Qué me está proponiendo el Espíritu aquí y ahora?”

Cuando te abres a la lógica de Dios, a esta lógica que vemos en Jesús, celebras esta abundancia que se hace presente siempre que Dios, que es Amor y nos colma constantemente, se hace presente.

Lo hemos escuchado en la primera lectura a través de la invitación que Dios nos hace por medio del profeta: Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta, y el salario en lo que no da hartura?

Dios mismo nos invita a revisar en qué gastamos nuestro dinero, en qué invertimos nuestro salario: hay modos de invertir los bienes que no generan escasez, sino abundancia. Y esto se da cuando nos abrimos a Dios, que es Abundancia y Vida para todos. Cuando nos comprendemos juntos.

El salmo también nos habla de que Dios no nos mira desde alguna separación, jerarquía, preferencia o división, sino que nos piensa juntos: el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. Los ojos de todos te están aguardando, tú les das la comida a su tiempo; abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente. ¿No es esta una llamada a mirarnos desde la mirada de Dios?

Asimismo, la lectura de la carta a los Romanos que proclamamos en este día nos dice que la clave de lo real, más allá de todo lo que vemos, es ese Amor de Cristo que lo ha rescatado todo y que está por encima del mal y de la muerte, de nuestros mayores enemigos: ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?

Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Nuestro Dios es Abundancia. Abundancia de Amor que da lugar a la abundancia de bienes, de generosidad, de fraternidad, de vinculación y de cuidado de unos por otros, al modo como nos cuida él.

A esto nos animan los textos de hoy. Si crees en lo que se nos dice aquí, reconocerás muchos motivos para celebrar y para saberte unida, unido, a nuestro Dios que se nos ha entregado a sí mismo en cada Eucaristía.

Imagen: Alexander Schimmek, Unsplash

2 comentarios en “Dios es Amor. Dios es Abundancia”

  1. Hace años, antes de mi conversión, siendo profesora de español, me dije a mí misma: «mi dinero tiene que servir para algo». Y comencé a desprenderme de él con generosidad, a vaciarme en la ayuda y la donación a aquellos extranjeros que me pidieron. Descubrí que mi dinero podía dar de comer, hacer felices.
    Y cuando me vacié apareció Jesús.
    Porque yo buscaba, también tenía hambre y Tú me encontraste para darme el verdadero alimento para mi alma.
    El amor de Dios me basta para vivir, amar y seguir amando. Dios ha sido generoso conmigo.
    Hoy puedo ofrecer este testimonio.
    Gracias Teresa.

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