Jesús… ¡es otra cosa!

Lectura del libro del Eclesiástico (15,16-21)

Sal 118,1-2.4-5.17-18.33-34

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (2,6-10)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,17-37)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.
Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.
Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.
Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”. Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.
También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”. Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

Puedes descargarte el audio aquí.

Habéis oído que se dijo… pues yo os digo…

Si es que estamos escuchando, ¡qué liberador suena este modo de hablar que tiene Jesús! Para estas alturas del partido, todos hemos oído muchas palabras, muchas recetas, muchos consejos y experiencias, muchas cosas. Hemos oído a gurús que nos dicen cómo tienes que hacer en la vida, hemos probado al menos cuatro o cinco recetas de felicidad, hemos ido a buscar el sentido aquí o allá o más allá todavía, incluso hemos pretendido que teníamos todas las respuestas y que estábamos de vuelta de todo…

Por eso, puede pasarte que escuches a Jesús cuando dice Habéis oído que se dijo… pues yo os digo… y creas que Jesús es uno más: un iluminado más, un comercial que quiere venderte su producto, o un “mandao” que dice esto porque lo tiene que decir y tú lo escuchas porque tienes que oírlo… sería terrible si no pudieras ver que Jesús es otra historia, que es mucho más.

Aunque si no puedes ver que es mucho más, seguramente no estarías leyendo esto. Aunque… ¡ojo! con el riesgo de escuchar las palabras de Jesús como una enseñanza valiosa que no aplicas a la vida. En la práctica, serías otro oyente pasivo…

Es muy liberador que Jesús nos diga que él tiene una palabra nueva que decir. Más aún: tiene una palabra definitiva. Eso significa que, siendo bueno lo anterior –prudente, o sabio, o conveniente o necesario-, no bastaba para vivir. En cambio, lo que él dice sí vale para vivir.

Y es que las palabras de Jesús, estas palabras que vienen a sacudir nada más y nada menos que las sacrosantas leyes de Israel (o sea, todo lo mayor y mejor conocido), nos muestran que las leyes y todas las referencias conocidas, necesarias y prudentes y sabias como son, tienen su sentido en algo que está más allá. Las palabras de la Ley, palabras de Dios dadas a los antiguos para vivir, son postes luminosos para indicarnos el camino y también la barrera que no conviene atravesar… a la vez que nos hacen creer que la realidad se juega ahí, en lo que la ley prescribe, en lo que la ley acota, limita. Y es que la ley y tantas referencias y tradiciones que hemos recibido, siendo valiosas y necesarias, siendo un don de Dios dado a los antiguos, como nos dice el Eclesiástico, encuentran su plenitud en una vivencia que no es visible, sino que se realiza en el corazón.

Si entendemos las palabras de Jesús, ese dar plenitud que hemos escuchado en el evangelio, como una ley más, nos toparemos con lo imposible: porque nadie puede decir que no llame a su hermano imbécil, ni que lo juzgue como necio. Y sin embargo, esta ley nueva de Jesús, que nace de su centralidad, que manifiesta en su enseñanza que Él es lo definitivo, nos indica que es en nuestro corazón donde se plenifica la ley. Y lo que Jesús nos enseña, lo que lleva más allá la ley, es eso: es en nuestro corazón donde se experimenta esa alquimia misteriosa entre no poder ser justos ante Dios y desear serlo más que todo lo demás. Es en nuestro corazón donde sólo Dios puede ser nuestra justicia, es en nuestro corazón donde sólo Dios puede realizar esa pureza que el yo os digo reclama.

Y es que el Yo os digo de Jesús plenifica la ley de Dios dada en el Sinaí, pero lo hace remitiendo a Yahvé más profundamente que entonces porque, ¿quién podrá hacernos, no sólo justos, sino puros de corazón, como no sea el mismo Jesús?

La Ley que Yahvé había dado a Moisés en el Antiguo Testamento, esa que se reclama en la primera lectura, contaba con la madurez y la justicia de los hombres para ser cumplida. La que Jesús nos propone en el Nuevo Testamento no se vive sólo como justicia visible, sino como pureza de corazón: una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Una sabiduría que maravillaría a las gentes de nuestro mundo, si llegaran a conocerla, pues es una sabiduría que no sólo habla de esta vida, sino que tiene sabor de vida eterna. Dice la segunda lectura que este modo de vivir, esta sabiduría nos la ha revelado Dios por el Espíritu, que es el que hace posible que vivamos al modo de Jesús. Y es que el Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios, y es el que nos hace vivir al modo de Dios.

Un modo de actuar en la vida que no se limita a la ley. Ni siquiera a la ley más santa, la que viene de Dios.

Un modo de valorar la vida que no se limita a lo visible, sino que alcanza al corazón, y nos recrea al modo de Jesús.

Un modo de ser humanos que no sólo quiere ser lo mejor posible según nuestra mirada, sino que anhela ser lo mejor posible según Jesús.

Un modo de vivir que no se conduce según lo mejor de lo humano, sino que es conducido por el Espíritu creador y salvador de lo humano y de todo lo creado.

Un modo de abrirse a la realidad que no se apoya en referencias conocidas, antiguas o actuales, sino que se renueva en el Yo os digo de Jesús.

Un modo de ser en el mundo que, estando unido a Jesús, sabe a Jesús, da a Jesús en cada encuentro, en cada cosa, en todo.

A todos nos cuesta hacer comentarios, pero… ¿Por qué no aportamos hoy entre todos lo que sabemos, lo que hemos vivido o queremos vivir de este modo nuevo que propone Jesús?

¡Vengaaaa, no te cortes! ¡Lo tuyo nos sirve a todos!

Imagen: Oscar Keys, Unsplash

6 comentarios en “Jesús… ¡es otra cosa!”

  1. ¿Quién es ese «Yo os digo», es decir, Jesús, en mi vida? ¿Qué autoridad tiene? ¿Qué relación tenemos Jesús y yo para abrir mi vida entera ante su Palabra?
    Resuena fuerte en mí interior: «yo te digo», el mismo Jesús que me muestra y devuelve en las curaciones de los Evangelios, la vida. Hoy ahí me dejo escuchar: «Yo os digo»…

    1. Una palabra poderosa, ese «Yo os digo». Una palabra que resitúa todas nuestras palabras, nuestras opiniones. Nuestras tradiciones y nuestras certezas, incluso…

  2. Gracias por tu comentario, Teresa. A mi me ayuda mucho a entender esta lectura. Este texto me cuesta porque tiendo a pensar que se nos plantea una ley más, una ley por encima de todas las leyes, la que viene de Dios, más exigente si cabe que las previas… pero no van por aquí los tiros. Como dices, esto va de otra cosa, ni de leyes, ni de exigencias, ni de hiper-responsabilidades (esos son rollos míos 🙂 ). Va de plenitud, de promesa, de acompañamiento por el Espiritu, de sabiduría misteriosa, de posibilidad, de transformar el corazón y querer lo suyo más que todas las cosas.

  3. Habéis oído , suena a conocido a cerrado, a lo de siempre. Pero yo os digo suena a abierto, a nueva forma de hacer, de ser, a fiarse que lo que viene de Dios nos abre a otra manera de estar en el mundo, de entender la vida. Dame Jesús el vivir a tu modo, a permanecer atenta a ese» yo te digo» que tienes para mi, a llevarlo a mi vida de cada día ,a fiarme de que ese «yo te digo» está cargado de vida plena.

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