Lo que NO (I)

Lo que en ti no quiere, no puede, no ve, no cree: de obstáculos, resistencias, bloqueos, voces, depredadores y toda clase de dificultades

En los días anteriores nos hemos fijado en lo que se refiere al más, al proceso, a la identidad que somos y hemos de descubrir, la que vamos reconociendo en la relación con Jesús. Si crees en Jesús, si quieres vivir en relación con él, estos enfoques te han resultado atractivos, sugerentes, deseables incluso… ¡quizá has intentado incluso ponerte de pie y echar a andar! Pero… hay un pero, ¿verdad?

Sabiendo que el horizonte es deseable a todos los niveles, que es prometedor, que nos abre la vida, nos encontramos, sin embargo, con que caminar hacia lo que deseamos como vida nos es muy difícil. Tanto, que a veces no salimos de casa siquiera. Otras veces somos vencidas en el primer asalto, y otras, después de vernos caminar un trecho del camino, descubrimos desconcertados que la motivación era muy otra que la que hubiera tenido que ser, de tal manera que nos paralizamos, a veces por años, al ver todo lo que en nosotros (a veces también fuera de nosotros, pero todo revierte en una misma/o, en definitiva) se resiste a este encuentro con Jesús y a la vida que él ha despertado. El Espíritu Santo provoca innumerables situaciones por medio de las cuales te ofrece la vida. Pero puede que tú no quieras esa vida, no creas que es posible para ti,  lo que hace que la percibas como lo más alejado que cabe de lo que tú, en realidad, llamas vida.

Esto sucede porque en el caminar hacia esa Vida que la samaritana, y nosotros como ella, hemos percibido como tal, se nos hacen presentes toda clase de obstáculos internos y externos, resistencias, bloqueos profundos y, como decíamos en el título, toda clase de dificultades. Todos ellos son manifestación de una realidad muy profunda y temible que tiene poder sobre nosotros: el pecado, poder destructor que hace que la limitación se convierta en impedimento, que las circunstancias difíciles aparezcan como negativas, que arrastremos a lo largo de años pesos y heridas de los que no sabemos cómo librarnos, y muchas cosas más.

Y todos estos males, juntos y por separado, son los que hacen que nuestro camino hacia Dios no sea un avance lleno de alegría, sino un caminar costoso y empinado, en el que muchas veces perdemos de vista el horizonte al que nos dirigíamos, en el que nuestra memoria deja de recordar lo que iluminó tan poderosamente el corazón. Por eso, atender a estos impedimentos grandes y pequeños se hace imprescindible si queremos avanzar por este camino que tiene como meta una vida en la que el amor es el verdadero fundamento.

En primer lugar, cuando la mujer se encuentra con Jesús que le pide agua, la primera actitud es de distancia: ¿Cómo es que tú, siendo judío, te atreves a pedirme agua a mí, que soy samaritana? (Es de advertir que los judíos y los samaritanos no se trataban).

A este nivel, la respuesta de la mujer nos la presenta reaccionando según los parámetros socioreligiosos que la mueven. No se encuentra con Jesús de modo personal, sino condicionada por dichos parámetros que la justifican, la protegen, la estrechan. Desde ellos, la mujer reacciona en este nivel psicológico de un modo que podemos interpretar: es posible que su reacción sea de sorpresa o de desconfianza, porque no se espera que un judío la aborde, y más si está sola; puede ser que su respuesta encubra la actitud retadora de quien tiene rechazo a los judíos y se siente segura en su terreno; puede que su actitud sea seductora, o puede que se valga de los marcos socio-religiosos para “tontear” con el hombre que le pide de beber…

En cualquier caso, la respuesta de la mujer manifiesta su estrechez, condicionada como está por los parámetros en los que se encuentra y por sus rasgos psicológicos propios. La limitación que estos suponen habrá de ser superada en etapas posteriores, porque cuando vivimos limitados por dichos parámetros interpretamos la realidad desde la perspectiva estrecha que nos aportan. Lo primero que nos hace falta es darnos cuenta de los condicionamientos que nos limitan, porque solo cuando tomamos conciencia podemos reorientar la vida en otra dirección.

“La fortaleza del alma consiste en sus potencias y apetitos; todo lo cual es gobernado por la voluntad. Pues cuando estas potencias, pasiones y apetitos endereza en Dios la voluntad y las desvía de todo lo que no es Dios, entonces guarda la fortaleza el alma para Dios, y así viene a amar a Dios con toda su fortaleza. Y para el alma pueda hacer que esto, trataremos aquí de purgar la voluntad de todas sus afecciones desordenadas, de donde nacen los apetitos, afectos y operaciones desordenadas, de donde le nace también no guardar toda su fuerza para Dios” (3S 16, 2).

Aunque el lenguaje de San Juan de la Cruz que acabas de leer sea un poco extraño para nuestro tiempo, expresa muy bien el proceso que vamos a recorrer, el modo como lo haremos y la motivación que nos empuja: “trataremos aquí de purgar la voluntad de todas sus afecciones desordenadas, de donde nacen los apetitos, afectos y operaciones desordenadas, de donde le nace también no guardar toda su fuerza para Dios.” De esta manera, la persona que aspira a que el amor que la une a Jesús sea su suelo y su guía no se verá obstaculizada por todos estos impedimentos que no solo estorban sino que nos quitan la energía, y podrá mantener su fuerza, su vigor, para orientarse hacia él.

Te propongo, una tarea que te puede ayudar mucho (aviso que es larga). En el libro de C.R. Cabarrús, Crecer bebiendo del propio pozo, el c. 2, “Descubriendo y sanando mi herida” te ayudará a tener una visión de conjunto de lo que tienes que trabajar y, una vez que detectes los “puntos calientes”, verás también qué necesitas: escribir un diario, ayuda terapéutica o buscar un acompañante espiritual… quizá ya tienes trabajo hecho y no hay que comenzar desde el principio, o quizá sí… En cualquier caso, si te entregas a trabajar en serio sobre lo que estorba para que seas tú, para que te encuentres con Jesús, estarás haciendo el mismo camino que Jesús está haciendo con la samaritana: el camino de quitar lo que NO quiere la verdad, lo que NO quiere o teme la vida, para poder empezar a ser quien en verdad eres.

Llega un día –la pena es que llega tarde- en que descubrimos que para vivir de verdad no hace falta viajar a muchos sitios ni buscar muchas experiencias, ni saber ni haber logrado, sino que lo que de verdad importa es centrar la vida en lo esencial, en la confianza de que todo lo demás encuentra su verdadero lugar desde ahí.

También es una gran experiencia, fuente de iluminación, hacer ejercicios espirituales. Ahora es bastante fácil encontrar ejercicios personalizados, que se ajustan a las fechas que más te convengan. El silencio, la oración, el contacto con la naturaleza y la relación con la persona que acompaña los Ejercicios son una gran fuente de revelación del propio ser y del propio camino.

El diálogo de Jesús con la samaritana, como vemos nos ilumina también en este gran apartado de los impedimentos, con Jesús como el Acompañante que nos conduce a nuestro interior. Así que volvemos a él una vez más. 

Una puntualización que podemos hacer desde el principio es que estos obstáculos atraviesan todo el proceso de fe. El pecado tendrá menos fuerza sobre nosotros a medida que Dios va siendo Dios en más dimensiones de la vida, pero nunca desaparece y por ello, el influjo del mal se hace progresivamente más sutil y poderoso… a la vez que aumenta también nuestra capacidad de discernimiento y nos lleva a detectarlo mejor. Asimismo, es otra consecuencia de lo que acabamos de decir, tanto el tipo de impedimentos como el modo de abordarlos tendrá que ser diferente a medida que el proceso avanza, puesto que nosotros somos diferentes también.

Lo que hacemos en esta entrada y en las que siguen es tomar conciencia algunos de esos obstáculos y resistencias que nos impiden continuar y reconocer cómo operan en nosotros. Lo que no vamos a hacer es un catálogo de dichos obstáculos o del modo de abordarlos. Al igual que la samaritana hace este proceso acompañada por Jesús, si tú quieres hacer el proceso que te lleve a él será bueno que lo hagas también con una hermana o hermano que, con la luz de Dios, encarnando la presencia de Jesús, te acompañen en este proceso que requiere mucho discernimiento. La historia con Dios es personal, esto es lo primero; pero nosotros no solemos tener suficiente luz sobre nosotros mismos, y alguien que nos ama y tiene luz del Espíritu para discernir en nuestro favor, será de gran ayuda en este camino. Encontrar una persona que te acompañe en tu camino de vida y de fe es un tesoro que nunca terminaremos de agradecer.

Puedes volver a tu interior…

Escucha  –durante algunos minutos, mejor si es más, cuando empiezas a notar que el silencio te atrae- tu interior y reconoce con qué ha resonado de lo que acabas de leer. Si reconoces estos obstáculos, resistencias, fuerzas de muerte; si te justificas o niegas que existan, que se den en ti.

Reconoce cuáles son, aquí y ahora, los obstáculos que reconoces. Ordénalos, si te ayuda: cuáles de esos impedimentos corresponden al nivel físico, psicológico, afectivo, racional, espiritual. Con cuáles de ellos puedes hacer algo, con cuáles –porque ya lo has intentado y sabes que te supera- no hay nada que hacer desde tus fuerzas. La referencia de Cabarrús o hacer ejercicios espirituales puede ser un modo de reconocerlos en su conjunto.

 

Resuena con la esperanza de que el cara a cara con Jesús pueda vencer lo que por ti no puedes.

Descubre, por tu parte, los medios que tienes que poner, en el momento en que te encuentras, para hacer frente a dichas resistencias, bloqueos, impedimentos…

Lánzate a mirar la vida desde la esperanza: lo que importa no es que venzas todos los obstáculos, sino que estés abierta a derribarlos o a dejar que se caigan en cuanto que te permiten crecer hacia lo que tienes que ser. En la medida en que te permiten crecer en relación con Jesús, que te da tu verdadera identidad.

La imagen es de Ksenia Kudelkina, Unsplash

2 comentarios en “Lo que NO (I)”

  1. Es verdad que a veces aparecen muchos condicionantes en nuestro caminar, y es bueno sentirnos necesitados de la ayuda de otras personas, que son luz en nuestro camino personal humano y de fe. Tambien creo que es un tesoro de inestimable valor el sentirnos amados y acompañados en esta búsqueda de esa libertad tan añorada y deseada.
    Ojalá nuestros miedos no nos bloqueen y que El Señor siga siendo el faro que nos sostiene y nos guia.

    Gracias por estas entradas que nos llevan a reflexionar y nos ayudan a vernos con mas profundidad.

    1. ¡Qué grande el deseo de que sirva para vernos en más profundidad, sí! ¡Y qué bueno escuchar tu experiencia de vida, llena de verdad y de experiencia! Gracias por regalárnosla, Angelines.

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