Y yo… ¿quién soy yo para ti?

Lectura del libro de Isaías (22,19-23)

Sal 137,1-2a.2bc-3.6.8b

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (11,33-36)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (16,13-20)

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

Puedes descargarte el audio aquí.

En estas entradas hablamos, siempre o casi siempre, de Jesús. Y seguro que en nuestra vida Jesús está también muy presente, de distintas maneras, como pasaba en la vida de los discípulos.

Así que, puesto que estás con él, imagínate ahora que Jesús te pregunta: “Y tú (pon aquí tu nombre), ¿quién dices que soy yo?”

Atrévete. Respóndele. Respóndele a “quién dices” que es Jesús en tu vida de cada día. A veces respondes por lo que oyes a otros. Otras, por lo que dices cuando estás entre cristianos. A veces (para tu vergüenza), dices otra cosa o no sabes qué decir, cuando estás con no cristianos. O dices que es lo más importante de tu vida, pero hay tantas cosas en las que no le preguntas cómo vivir, o no te atreves a vivir como te dice. Quizá reconoces humildemente que aún tiendes a pedirle cosas, pero no te das en la relación. O sí, haces lo que puedes por darte, aunque aún te quede tanto. O, quizá, puede que te pase esto: hace tiempo que no te juzgas, porque tu vida está en sus manos y dejas que la lleve él, porque siempre te lleva a la vida y te fías de él más que de ti mismo. O -otro modo de responder posible- igual tu verdad es que hablas mucho de él pero no hablas con él. O…

Tú, ¿qué le dices? Es mejor que te detengas antes de continuar. Lo que he puesto arriba son solo sugerencias de cosas que te pueden pasar a ti, pero nadie sabe más de lo que tú vives que tú mism@. En cuanto a lo que estás leyendo en este post, su función es la de ayudarte a que encuentres personalmente tu modo de estar frente a frente con Jesús. O sea que si quieres ponerte ahora mismo en la situación de responder a su pregunta, no te cortes por dejar la entrada a medias, que lo que importa es que respondas con verdad, porque desde ahí avanza la relación.

Cuando los discípulos responden a la pregunta de Jesús, responden primero a lo que Jesús les ha preguntado: ¿Quién dice la gente que soy yo? Todas las respuestas que le dan indican que la gente ve a Jesús como alguien relacionado con Dios. Podían verlo más parecido a Jeremías o a Elías, pero todos lo relacionan con personas que viven unidas a Dios.

Jesús da por buena esa respuesta, pero no le es suficiente, y sigue adelante: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Esta pregunta es una pregunta importante en clave de relación. Todos podemos hablar de “qué piensan los otros de ti”. Pero cuando le preguntas a alguien “y tú, ¿qué dices de mí?”, ya estamos en el terreno de lo personal, que vincula mucho más que la pregunta anterior. Jesús quiere saber quién es él para ti, para los discípulos que le siguen. A veces no llegamos a ver a Jesús como un ser humano que ha vivido entre nosotros  y ha establecido una relación con nosotros. Una relación con los discípulos y otra con la gente. Una relación con unas personas y otra con otras. Su modo de relacionarse ha sido diferente del nuestro, porque nosotros a menudo, para escoger a unos rechazamos a otros, y él, habiendo escogido a unos, no ha rechazado por ello a los otros. Se ha relacionado de otro modo que el nuestro, pero se ha relacionado con nosotros al modo como lo hacemos nosotros. En ese relacionarse, Jesús expresa ahora ese paso en una relación que la hace más íntima, más cercana, más comprometida: “Y para ti, ¿quién soy yo?”

En la relación con Jesús, como decía y como ya sabes, hay cosas que son comunes a una relación humana de las buenas, de las que llenan el corazón, y hay otras cosas que vienen de Dios, y por tanto, no podríamos decir ni vivir algo así ni aunque lo intentáramos durante siglos.

Una de esas cosas que vienen de Dios es la frase que Pedro, que representa al discípulo, dice en este momento: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Igual dices que esa frase la puede decir cualquiera. Pero en el evangelio, las cosas no se dicen más que si te las dan. Y si las dices, es porque ya empiezas a entenderlas por dentro, y cuando se da esto, entonces ya las puedes empezar a vivir. Es decir: cuando puedes decir esto con fe, es que ya puedes empezar a creer y a vivir de esta fe.

A Pedro le ha venido una palabra que Jesús reconoce como dada por el Padre. O sea, lo que acabamos de decir: que si Pedro ha dicho esto es porque el Padre lo ha puesto en su corazón y con ello se ha hecho claro que ahora ve según lo que Dios le ha dado.

Es muy posible que esto te haya pasado a ti, si estás leyendo esto. Quizá la fe que tienes en Jesús es una certeza de esta clase. Conoces a muchos que no creen, y sin embargo, tú tienes fe: la fe es un “saber” que hace posible “vivir” al modo de dicha fe. Si esto es así, también las certezas que has recibido en relación a confiar, en relación al amor o a la presencia fiel de Dios en tu vida o en las vidas de otras personas… las reconoces porque el Espíritu te lo ha revelado. Pero si el Espíritu te lo ha revelado, no es un saber conceptual, como tantos datos que acumulamos en el entendimiento, sino que es un saber que te permite vivir, que se activa al vivir. Y está claro qué distinto es saber que Jesús es un hombre religioso semejante a otros grandes hombres religiosos, o reconocerlo como el Mesías. Esto, que también cambia tus ideas, ¡cambia, sobre todo, tu vida!

Y además, en esa relación con Jesús, al discípulo (aquí Pedro, pero puedes ser tú, o esa discípula o discípulo que conoces) le pasa algo más grande todavía: al reconocer lo que el Padre le ha dado a conocer, se encuentra con que esa acción del Padre le llena a Jesús de alegría, y cuando Jesús se llena de alegría por la acción del Padre, celebra a Pedro (celebra al discípulo), derramando una nueva bendición sobre él: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro… en algunas ocasiones, somos lugar de comunicación y comunión trinitaria… ¿cabe algo más grande para nuestra vida? (aunque, sin duda, pasará mucho tiempo hasta que esto llegue a ser nuestra alegría…).

El gozo de Jesús al ver qué hace el Padre se traduce en una nueva bendición sobre Pedro. Seguramente, Pedro en este momento se siente personalmente agasajado por Jesús, como si él fuera especial. Tendrá que aprender mucho todavía de estas palabras de Dios (todo discípulo debe aprenderlas), pero con el tiempo, aprenderá cómo se ve la vida desde estas palabras de Dios, y vivirá de esta vida que se construye con lo que te da el Padre y lo que te da el Hijo… y si no sabe vivirlo, pedirá al Espíritu que le enseñe… y con el tiempo, se reconocerá como objeto del amor trinitario, y sabrá, aunque sea durante segundos, pero de esos que iluminan la vida, que vive dentro de su Amor… vamos, que estas palabras de Dios, que se traducen en vida, tienen el poder de enseñarnos a vivir, de cambiarnos la vida.

Y por si tienes duda de si esto fue “solo” para Pedro o para los discípulos (¡tenemos tan arraigada esa lógica de las preferencias excluyentes!), mira cómo termina el texto: Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

Porque todos, a través de Pedro, habían llegado a creer esta palabra que se hizo, así, verdad en su vida.

¿Quieres hacer algún comentario? ¡Seguro que nos enriquece!

Imagen: Mahyar Tehrani, Unsplash

4 comentarios en “Y yo… ¿quién soy yo para ti?”

  1. Covadonga Romero

    Gracias Teresa.
    Permite que repita tus palabras para que nos llene por dentro 🦚 en un día tan bonito por fuera 🌤️:
    “La fe es un «saber» que hace posible «vivir» al modo de dicha fe”
    Abrabesos

  2. María Luisa Gutiérrez

    ¡Que necesarios nos son estos relatos en nuestra vida cristiana! Y ¡Qué bnecesario que alguien nos abra a su hondura! Encierran lo que nos sobrepasa y a la vez nos retratan. Lo mejor que tiran de nosotros. Muchas gracias

  3. Jesús es mi Dios que me ama, con un amor tan grande que me ha despertado. Su Santo Espíritu ha venido a mí para darme la fé. No me lo esperaba… pero El a mí sí.
    Jesus es el que está enseñando a conocerme, está conmigo.
    Es lo más grande que me ha pasado. No hago más que seguirle.
    Y sé que enamora.
    Gracias Teresa.

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