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Resonancias de Encarnación (II)

En este tiempo celebramos la Encarnación de Jesús. Que el Hijo de Dios se ha hecho hombre, se ha hecho uno de nosotros, y nos ha mostrado así cómo se vive la vida humana. Por eso, una y otra vez venimos al evangelio a mirar cómo ha vivido Jesús. Para aprender cómo se vive al modo de Jesús. Nuestro modo de ser humanos ya lo conocemos bastante, en lo que da de sí y en lo que se queda corto. Jesús se ha hecho hombre y ha vivido entre nosotros para que veamos cómo se vive la vida humana cuando esta se deja conducir por el Espíritu de Dios.

Si te parece, con ocasión de este tiempo de Adviento vamos a venir a contemplar algunos flashes de la vida de Jesús para pedir luego al Espíritu que haga en nuestra vida al modo de Jesús.

Traemos de nuevo una palabra de Pedro que habla, en casa de Cornelio, acerca de Jesús: Ya sabéis lo que ha ocurrido en el país de los judíos, comenzando por Galilea, después del bautismo predicado por Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, a quien Dios ungió con Espíritu Santo y poder. Él pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el demonio, porque Dios estaba con él (Hch 10, 38).

Pedro cuenta a los que le escuchan lo que se ha manifestado en Jesús de Nazaret: un hombre ungido por Espíritu Santo, que ha vivido en nuestro mundo, conociendo lo que conocemos todos -las alegrías y los dolores, las uniones, las fiestas y las rupturas, los días de duelo y tantos y tantos días de trabajo-, pero ha vivido todas esas cosas desde esa unción del Espíritu que ha hecho que manifestara, en medio de todas las cosas que vivía, el poder-amor de Dios. El mismo Pedro, que ha vivido con él, nos resume lo que ha sido su vida: pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el demonio, porque Dios estaba con él. La vida de Jesús ha sido un paso por el mundo, como la de todos. Pero en su caso, su pasar ha sido “haciendo el bien”, derramando bendición sobre todo aquel con quien se ha encontrado. No decimos que haya hecho cosas bien “y mal”, como solemos decir de nosotros, sino que su paso por el mundo ha sido un caminar lleno de bendición y vida plena para los que se ha encontrado y mucho más… una vida tan plena, que su bendición llega hoy hasta nosotros.

Este hacer el bien de Jesús es un bien en el que está presente el Espíritu Santo, nos dice Pedro. Podríamos pensar que esta fuerza del Espíritu acompaña a Jesús porque es el Hijo de Dios. Más bien, lo que se nos dice aquí es que sí, que acompaña a Jesús, el Hijo de Dios, y que lo mismo hace en nosotros si nos abrimos a la acción del Espíritu. En Jesús descubrimos que vivir abiertas a Dios es el modo humano de vivir. El modo humano según Jesús, que es el modo de vivir que se nos ha mostrado a los creyentes.

Esto nos indica de qué modo se vive la vida humana a la luz de Jesús: se vive como una vida que pasa haciendo el bien por la fuerza del Espíritu que siempre actúa en nosotros si estamos abiertas, abiertos. Una vida que no se define por si tu hacer es mucho o es poco, llamativo o discreto, clamoroso o humilde -harás bien, dirás bien-, sino por el poder del Espíritu que promueve en ti una vida buena, una vida que pasa por la vida haciendo el bien.

Haciendo el bien, nos dice el versículo… y curando a los oprimidos por el demonio, porque Dios estaba con él. Hacer el bien, en nuestro mundo, tiene que ir acompañado de la victoria sobre el mal, tan patente, tan destructivo, tan presente. En la vida de Jesús hemos visto que ha hecho el bien amando a las personas, contagiando esperanza, dando a conocer a Dios tal como es… y ha vencido a tantas personas que vivían cogidas por el demonio, muertas en vida de tantas muertes que vemos a diario. Y lo ha hecho porque Dios estaba con él.

Así hemos conocido a Jesús de Nazaret. Como un hombre que viene de Dios y se comunica en el mundo al modo de Dios: haciendo el bien, liberándonos del mal, y haciendo todo esto por el poder del Espíritu que le habita.

Una vida centrada en lo esencial: la unión con Dios y la bendición de Dios sobre aquellos con quienes te encuentras, a quienes el Espíritu te lleva.

En este tiempo en que celebramos la Encarnación de Jesús, ¿no te parece que la vida Jesús de Nazaret es para celebrar mucho, para entonar glorias y alabanzas sin fin?

 

Imagen: Mads Schmidt Rasmussen, Unsplash

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