Una historia para tener más fe

Subió a la barca, cruzó el lago y fue a su propia ciudad. Entonces le trajeron un paralítico tendido en una camilla. Jesús, viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: – Ánimo, hijo, tus pecados te quedan perdonados.

Algunos maestros de la ley decían para sí: “Este blasfema”.

Jesús, dándose cuenta de lo que pensaban, les dijo: – ¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados quedan perdonados; o decir: Levántate y anda? Pues vais a ver que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder para perdonar los pecados.

Entonces se volvió al paralítico y le dijo: – Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.

Él se levantó y se fue a su casa. Al verlo, la gente se llenó de temor y daban gloria a Dios por haber dado tal poder a los hombres. Mt 9, 1-8

 

Cuando hablamos de mirada teologal, decimos que la Palabra ha sido escrita a la luz de la fe, y que ha de ser leída a la luz de la fe. Pero no de esa fe que no se traduce en obras sino que se parece más bien a los conceptos –la que Jesús llamaba “poca fe” en Mt 8, 26-, sino fe como ha de ser: fe viva, que te sirve para contemplar la realidad y reconocer a Dios actuando en ella, o para contemplar la realidad y actuar tú en ella según el modo de la fe.

Vamos a verlo en la historia de hoy, buscando que nos ayude a tener más fe.

Traen ante Jesús a un paralítico tendido en una camilla. En este gesto, Jesús ve que tienen mucha fe[1], y por la fe de ellos, le dice al paralítico una palabra de salvación: Ánimo, hijo, tus pecados te quedan perdonados.

Y los maestros de la ley que están delante, cuando dice esto al hombre, piensan “Este blasfema”. Jesús les dice que están pensando mal. Porque ni se les ocurre que cuando Jesús dice “tus pecados te quedan perdonados”, a este hombre le queden perdonados los pecados. Ni se les ocurre, porque no tienen fe. Y si no tienen fe, escuchan las palabras de Jesús como meras ideas que relacionan solo con sus prejuicios, y no con la realidad que sucede ante sus ojos.

Visto en clave de fe, esto nos enseña otra cosa. En Jesús, las palabras de Jesús siempre se realizan, esto es, culminan en obras que la fe reconoce. Pero ocurrirá muchas veces que esta acción es invisible: ¡no vemos que al hombre se le perdonen los pecados! Sin embargo, no es solo que al hombre se le perdonen los pecados, sino que esto que hace Jesús es lo verdaderamente salvador para este hombre.

¿Que cómo lo sabemos? Porque la fe no solo ve que las palabras se hacen obras; no solo ve en lo invisible: lo que la fe ve, sobre todo, es que el modo de ser y de estar en la vida que tiene Jesús es la verdad, y que este modo suyo ilumina, ni más ni menos, la realidad en su verdad.

Así como, sin fe, dudas de Jesús y ni se te pasa por la cabeza que lo que él dice pueda ser, cuando miras con fe sabes que esto se está realizando, y que es la verdad. Es decir, que para este hombre paralítico, lo mejor no es lo que a ti te parece de que le curen las piernas, sino que lo mejor es lo que Jesús está haciendo: proclamar que sus pecados han sido perdonados.

Al ver que los maestros de la ley no ven, hace otro signo, para que veáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder para perdonar los pecados, y así podáis creer. Entonces, da otra orden al paralítico: Levántate, coge a tu camilla y vete a tu casa.

El paralítico, por la liberación experimentada, se levanta y hace lo que le dice Jesús. Y esto no solo nos muestra que Jesús tiene poder para hacer lo que dice, sino que nos abre, al hacerlo, a la realidad en su verdad, que vincula la parálisis interior con esta visible, y nos abre a otro modo de comprender la realidad.

Hay otro modo de mirar la realidad, y es el de la fe. No el de la “poca fe” que sabe que está Dios, o incluso que “debe estar haciendo algo” en la vida, sin verlo ni buscarlo por ningún lado, sino la fe que ve a Dios haciendo, también cuando no se ve, y se compromete con las obras de la fe, es decir, creyendo: unas veces será al modo visible de los que van con el de la camilla, otras veces al modo visible del asentimiento a lo que quizá no comprendes –como que te ofrezcan el perdón de los pecados cuando tú ibas a que te curaran las piernas- pero siempre, la fe responde abriéndose a la palabra-vida de Jesús.

El modo de mirar desde la fe es otro modo de vivir que pone la fe en el centro.

¿Seguimos hablando de estas cosas en los comentarios?

[1] Aquí no se ve por qué este gesto indica su mucha fe. Para entenderlo mejor tienes que irte a Mc 2, 1-12. Allí se ve claro cómo actúan, y por ello que su fe se compromete en favor del paralítico.

Imagen: Nathan Dumlao, Unsplash

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