Una propuesta para mirar más allá de lo visible

Llevamos unas cuantas entradas hablando de ver en lo invisible. Seguramente, te ha interpelado este modo de mirar de Jesús, y más todavía, que él quiera que sea el tuyo.

Por eso, en esta entrada vengo a proponerte ejercitarnos en ello, para que se vaya haciendo nuestro modo.

¿Qué cómo se hace? Yo te voy a proponer algunas situaciones para que caigas en la cuenta de que se puede mirar más allá. A partir de ellas, puedes ir luego a la vida y entrenarte con otras más…

Un grupo (una dinámica familiar, un equipo de trabajo) que ante las mismas situaciones, responde de la misma manera: ¿puedes decir qué hay en el fondo?

La mirada de alegría infinita de una criatura al reconocer a su madre entre todos los demás: ¿puedes decir qué hay en lo invisible?

El recibimiento festivo, quizá ceremonioso, en una cumbre de jefes de Estado: ¿puedes decir qué hay en lo invisible?

Una reacción furibunda ante un hecho anodino. La respuesta firme en una situación conflictiva. La mirada limpia en un desconocido que se sienta a tu lado en el autobús. La ansiedad permanente en una persona que no tiene motivos para alterarse… esas actitudes visibles, aún necesitando discernimiento, ¿dicen algo de lo que no se ve?

Todo eso que ahora decimos de la transparencia con que el cuerpo expresa enfermedades afectivas o espirituales, ¿podrías empezar a reconocerlo para aprender, también, a mirar? Hace falta mucho entrenamiento y otros saberes, pero qué duda cabe que aprenderá más el que se ejercite en ello que quien no… ¿puedes intuir, a través de las dolencias visibles, las tensiones, bloqueos, fracturas invisibles? (empezando, claro, por las tuyas… esto va de buscar con verdad, no de imponer los propios hallazgos a los demás, más cuando son solo tanteos hasta que se demuestre lo contrario…).

La constatación de que los juicios que hacemos cierran el camino a lo invisible, por lo que tienen que ser desechados… advertencia de camino, ¿creías que estábamos haciendo juicios? No, solo estamos haciendo hipótesis acerca de lo que sucede más allá de lo visible.

Después de hacer este ejercicio, prolonga tú la mirada que, a partir de lo visible, te lleva a lo invisible. Como has visto, hay situaciones en que es claro lo que se da en lo invisible, a partir de lo que manifestamos a nivel visible. O que se puede deducir con un grado suficiente de acierto, que será tanto mayor cuanta más práctica tengamos.

A veces tenemos también la ocasión de comprobar que nos hemos equivocado… de eso se aprende mucho también.

En otras ocasiones, en cambio, tenemos que discernir: esta traducción de lo visible a lo invisible no siempre es inmediata. Es inmediata cuando se da transparencia. En cambio, no lo es cuando se da mucha distancia entre lo que se expresa y lo que hay en el interior. En estas situaciones, se requiere discernimiento porque la traducción de lo visible a lo invisible no es inmediata ni evidente.

En ambos casos, hacer el ejercicio te permite entrenarte a reconocer la conexión entre lo visible y lo invisible, para ir ahondando en ello después.

Imagen: Clay Banks, Unsplash

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