¿Entiendes… lo que hay que entender?

En aquella ocasión se acercaron unos saduceos, quienes niegan la resurrección, y le dijeron: —Maestro, Moisés mandó que cuando uno muera sin tener hijos, su hermano se case con la viuda para dar descendencia al hermano difunto. Pues bien, había en nuestra comunidad siete hermanos. El primero se casó, murió sin tener hijos y dejó la mujer a su hermano. Lo mismo pasó con el segundo y el tercero, hasta el séptimo. Después de todos murió la mujer. Cuando resuciten, ¿de cuál de los siete será mujer? Pues todos fueron maridos suyos. Les contestó Jesús: —Andáis descaminados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios. Cuando resuciten, no se casarán ni los hombres ni las mujeres, sino que serán como ángeles en el cielo. Y a propósito de la resurrección, ¿no habéis leído lo que les dice Dios: Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob? No es Dios de muertos, sino de vivos. La multitud al oírlo estaba asombrada de su enseñanza. Mt 22, 23-33

Un problema que los saduceos traen a Jesús. Un problema enredado, enrevesado, abstracto como solo nosotros sabemos hacerlo cuando empezamos a jugar con las ideas y traspasamos los límites de nuestra condición de criaturas.

¿Crees que no? Te pondré otros ejemplos: cuando te dicen que te van a operar, sin fecha, y ya te haces idea de lo heroico o lo espantoso que va a ser el postoperatorio (hay ideas para todos los modos de ser); redactas tu carta de despedida y te imaginas todas esas conversaciones que quieres tener con esta y con aquel… conversaciones en que dices lo que nunca dijiste y te dicen lo que nunca te dijeron…

Y todo, sin salir de tu cabeza, que es donde las ideas se sienten cómodas. La diferencia entre las intenciones reales y esas ideas locas es que las intenciones nos llevan a la vida y las ideas neuróticas nos ensalzan o nos denigran, nos pintan futuros oscurísimos o memorables sin que el rumiar incesante cambie nada, como no sea para paralizarnos más.

Así que no han hecho más que decirte que habrá que operar y ya estás tú con tu peli, que va más allá del presente, va más allá de Dios y más allá de toda cosa razonable. Ya te has ido a donde no hay, en realidad, nada más que tu peli.

Bueno… pues se ve que esto ya lo hacían en tiempos de Jesús los saduceos, lo que nos hace sospechar que otros cuatro mil años antes se daba también. En este caso, los saduceos han empezado a justificar su idea que es la de que no hay resurrección, y para eso han planteado un problema irresoluble –argumentación abstrusa que parece consistir en que si la situación es tan compleja que va contra la ley del levirato, se hace evidente que la resurrección no existe- que vienen a plantear a Jesús. En este caso no parece que tengan mala intención como los fariseos de la perícopa anterior, pero sí quieren tener razón a través de sus argumentos, que también tiene lo suyo.

Como ves, ideas complicadas y sobre todo, vanas (pajas mentales, las llamamos ahora) porque, ¿de dónde que uno que no cree en la resurrección venga a preguntarse por cómo se gestionan las leyes de este mundo en aquel otro, sin caer en la cuenta de que aquello tiene que ver con la sabiduría y el misterio de Dios?

Todo esto, para que caigamos en la cuenta de cómo nos vamos más allá de nuestros límites cuando nos dejamos llevar por las ideas, que están tan locas que se saltan los límites, esos que nos dicen “esto te supera”, sin verlos siquiera.

También podríamos haber empezado por el final. Cuando Jesús les dice: Andáis descaminados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios. No entendéis lo que Dios ha dicho, no tenéis ni idea de quién es Dios y cómo actúa en la realidad. Les dice más: cuando uno no entiende la Escritura ni el poder de Dios, anda descaminado. Fuera del camino, perdido, sin norte. Así se resume el rollo que los saduceos le han venido a contar (y muchos de los nuestros). Esos que tanto tiempo ocupan en nuestra cabeza y en nuestro corazón.

Y si es malo estar perdidos y sin conciencia de que hay un camino y no es por aquí, aún hay algo peor, y es que mientras tú pierdes la vida, Dios sigue actuando en la realidad. Por eso, no es solo que estés gastando tu tiempo, tu corazón y tus fuerzas en nada, sino que te pierdes lo que Dios, que no es Dios de muertos ni siquiera para los que han muerto, hace en la realidad.

Ya ves que esto no va solo de problemas abstrusos ni de asuntos saduceos, sino de ti y de mí que también corremos el riesgo de dar vueltas a lo que no importa, a lo que no es (o a lo que no será así como lo has imaginado, temido o deseado), y perderte mientras la Vida en la que Dios está y actúa. Jesús nos ha dicho también que si no entiendes la Escritura ni el poder de Dios, andas descaminado: ¿qué tal si empezamos por lo que garantiza la vuelta al camino, que es suplicar para que podamos entender la Escritura y el Poder de Dios?

Imagen: Rebecca Lane, Unsplash

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