1ª lectura: Isaías 42, 1-4. 6-7
Salmo 28, 1b y 2. 3ac-4. 3b y 9c-10
2ª lectura: Hechos de los Apóstoles 10, 34-38
Evangelio: Mateo 3, 13-17
Cuando escuchamos las lecturas del domingo, seguramente cada cual percibimos cosas diferentes. Cuando nos preguntamos por ello, seguramente también nos hacemos cargo de cuánto hay de proyección de nuestra propia situación al escuchar la Palabra que se proclama. Si estás aburrido o atenta, si el texto te viene grande o si te has desconectado o si…si el texto que escuchas “enlaza” con una palabra que te hace gracia o que no entiendes o que te lleva a otra cosa… tantas situaciones para atender a lo que se dice desde donde nosotras mismas lo leemos.
Vamos a suponer que estuviéramos escuchando lo que se dice como la Palabra más amorosa, más real, más liberadora, más verdadera que existe. Esto no significa que lo podríamos comprender todo, pero la escucharíamos con una apertura que empezaría a sonarnos a lo que la Palabra dice, a lo que la Palabra de Dios promete, a lo que la Palabra de Dios es.
Desde aquí, escuchamos, en este día del Bautismo del Señor, la presentación que, a través del profeta Isaías, se hace de Jesús: el gozo del Padre que lo ha llamado y que encuentra su gozo en él. Las cualidades que lo caracterizan, que no dicen de él para-sí-mismo, sino que dicen de él para todos. Si lees ahora la lectura, el Siervo de Dios que llena de alegría el corazón de Dios ha recibido una llamada y ha respondido a ella. Ha sido enseñado por Dios, y se ha dejado conducir, trayendo la salvación a todos, al modo de Dios: para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en tinieblas.
Si escuchamos esta Palabra como real, comprendemos que es a esto a lo que hemos sido llamados. Hemos sido llamados a vivir al modo del Hijo, a cuya imagen hemos sido creados, hemos sido rescatados. Se nos dice de nuevo en el evangelio, en el que Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, se presenta como el Siervo que se presenta a Juan para ser bautizado: Conviene así que cumplamos toda justicia.
El relato del libro de los Hechos nos muestra una situación cotidiana en la que reconocer esta presencia de Dios en la vida, para que la podamos secundar. En el capítulo que estamos leyendo, se han dado una serie de hechos desconcertantes, a veces misteriosos, que han culminado en la conversión de Cornelio y toda su casa, cuando Pedro ve cómo reaccionan a su anuncio. Es así como, en medio de la vida, vamos a reconocer que Jesús, ungido por la fuerza del Espíritu Santo, sigue pasando por nuestra vida, y lo reconocen los hombres y mujeres que se abren a él, que se dejan hacer por él.
¿No te gustaría escuchar los textos así? ¿No te gustaría vivir la vida así?
Puedes descargarte el audio aquí.
Imagen: The Korus, Unsplash

“…porque Jesús vive unido al Padre sabe cosas esenciales que nosotros no sabemos…”
Me he entretenido mucho aquí, no podía pasar adelante.
¿Será que el cielo espera nuestros consentimientos para abrirse?
¿Es que el cielo está tan cerca?