1ª lectura del libro de Isaías 35,1-6a.10
Salmo 145, 6c-7. 8-9a. 9bc-10
2ª lectura de la carta del apóstol Santiago 5, 7-10
Evangelio: Mateo 11, 2-11
En el tiempo de Adviento, las lecturas nos preparan para esta inmensa alegría que es la encarnación de Jesús. El texto de Isaías, siete siglos antes nos lo anunciaba ya: El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará la estepa y florecerá, germinará y florecerá como flor de narciso, festejará con gozo y cantos de júbilo. Le ha sido dada la gloria del Líbano,
el esplendor del Carmelo y del Sarón. Contemplarán la gloria del Señor, la majestad de nuestro Dios.
¿Has visto alguna vez tanto gozo? ¿Hay en nuestro mundo una dicha como esta? Como dice más adelante vuestro Dios viene en persona y os salvará. Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán, entonces saltará como el cojo como un ciervo… Una alegría sin límite en sus rostros… De esta alegría que se nos está anunciando, que ahora mismo se te está anunciando a ti, ¿qué crees? Porque no se trata de entender, no se trata de si sientes o no sientes, sino si crees en que esta alegría ya ha venido al mundo en nuestro Señor Jesucristo y se te llama a acogerla por la fe, a vivir de ella hoy.
El salmo nos garantiza esta salvación, nos la promete, nos la canta, la proclama jubilosamente. Que sea este el canto gozoso de tu corazón.
Otro elemento de este tiempo de Adviento es la espera. Para esta espera nos prepara el apóstol Santiago. Una espera que se vive con paciencia, como con paciencia espera el labrador después de sembrar, hasta que la tierra que recibe la lluvia temprana y la tardía. Esa espera, tan imprescindible en nuestras vidas, nos fortalece el corazón. Por el contrario, la queja, la impaciencia, la blandura, la debilidad, nos disuaden de la espera, nos hacen perder de vista el horizonte, nos oscurecen la vida. Juan el Bautista, el profeta de Dios, también vive esperando. Por esta razón, envía a sus discípulos para que le pregunten a Él, ¿eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? Como respuesta, Jesús manifiesta en sus palabras las promesas de Isaías, la esperanza del salmo y aquello, que ni siquiera había sido anunciado por el profeta y que también se manifiesta en él: los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. Y añade: bienaventurado el que no se escandalice de mí. Nos anuncia así Jesús que lo que había sido anunciado desde antiguo se ha cumplido en él. Nos muestra también quién es Juan, un hombre de Dios con una misión muy precisa: yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti.
Estamos hablando del anuncio de Isaías de esperar al Señor.
Estamos viendo la súplica del salmo para recordarnos unos a otros esa certeza que viene de la fe y que confía en el Señor.
Estamos escuchando la exhortación de Santiago a confiar.
Y en la palabra del evangelio se nos proclama, por boca del propio Jesús, el gozo que produce al Padre esta vida que se vive en fidelidad a Dios.
Ya no necesitamos más referencias. Todo se nos ha manifestado en Jesús, en su persona, en sus palabras, y en su vida toda, llena de las acciones extraordinarias de Dios.
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Imagen: Pixabay

Muchas gracias por esta palabra y por el audio, ayuda mucho escucharlo. Que lo vivamos y lo esperemos así, por nosotros y por los que se nos confía pedir.
La intención es esa, María. Que se nos haga vida! Gracias!
Agradecimiento por tanto recibido. Me doy cuenta que tener FE desde pequeño y por el contexto vivido, es un don y a veces lo doy por supuesto.
Siento que es un regalo recibido y encontrarme con Él, conectar con su palabra, sentirme amado es el mayor regalo en mi vida.
Gracias a quien prepara estos textos de vida.
Es así, Víctor. Que vivas de esta fe y de este agradecimiento. Feliz Navidad. Un abrazo
Me ha ayudado a resaltar en la lecturas de este Domingo: la belleza,la confianza y la alegría, que nos trae la Venida del Señor Jesús.