Dios de todos los días

Lectura del libro del Génesis (18,1-10a)

Sal 14,2-3ab.3cd-4ab.5 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1,24-28)

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10, 38-42)

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.»
Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con tantas cosas; solo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.»

Puedes descargarte el audio aquí.

¿Qué idea tienes de Dios? A menudo, nuestro inconsciente hace a Dios más lejano, más oscuro y más incomprensible de lo que es en realidad. Nuestra fe nos revela que Dios, el Más Allá de Todo, es más Íntimo a nosotros que nosotros mismos y se hace presente en lo cotidiano de nuestra historia. Las lecturas de este domingo nos ayudan a reconocerlo como el Dios que está cerca de nosotros, nuestro Dios que se encuentra a nuestro lado, todos los días.

La primera lectura nos describe cómo Abrahán, nuestro padre en la fe, ha reconocido la presencia del Señor en los visitantes que llegan a su tienda, y se deshace en gratitud y en muestras de hospitalidad para suplicarles que se queden a su lado. Cómo ha reconocido que el que le visita es su Señor, no lo sabemos –la fe conoce muchas cosas que no están a la vista, ¿no es así?-. Lo que sí vemos es que Abrahán se deshace, literalmente, para honrar a su Señor que ha venido hasta su tienda. Todo lo que está en su mano hacer, lo hace: no pases de largo junto a tu siervo, haré que traigan agua y descanséis, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir… y el pan se hará hogaza recién hecha, la carne será del ternero hermoso recién guisado, y también traerá cuajada, y leche, que los visitantes comerán mientras él permanece de pie, como un criado.

Tú también quieres a Dios: ¿cómo le expresarías tu amor, si viniera a tu casa? ¿Cómo le tratarías? ¿Cómo te situarías ante su grandeza, ante su señorío, ante su cercanía? No lo dejes en pregunta retórica: date unos minutos para reconocer cómo te gustaría tratarlo.

Mira cómo actúa Abrahán. El modo como se comporta nos dice quién es Dios para él. Ahora, vuelve sobre esa reacción tuya que acabas de visualizar, y descubre, a partir de tu reacción, cómo ves a Dios. Es posible que te ayude reconocerte a partir de lo que crees que harías.

El evangelio nos trae otra imagen de este Dios que viene a habitar entre nosotros. El Señor que venía a la puerta de la tienda de Abrahán, ahora viene hecho hombre como nosotros en Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, que viene a la casa de Marta y María. Dios tan inmenso que nos sobrecoge con su humildad, Dios tan cercano que escucha tus quejas cuando estás organizando esa comida.

De nuevo, pregúntate: si Jesús viniera a tu casa a comer, ¿qué harías? ¿Cómo le hablarías? ¿Cómo escucharías lo que él tenga que decirte acerca de tu modo de situarte ante él, ante tu modo de quererle?

Un Dios tan cercano que te puedes acercar a él y quejarte de que María no ayuda, tanta confianza podemos llegar a tener con él. Y él te responderá, tanto conoce de lo nuestro, que no estás mirando bien y que no estás atenta a lo que importa. Claro que quiere que le prepares la comida, pero no que estés inquieta y preocupada, con el corazón lleno de cosas. Claro que valora lo que haces, pero te recuerda que ha venido para que estés con él, centrada en él, porque nuestro corazón solo descansa en la relación, en el amor.

Jesús se ha hecho hombre y se hace presente en nuestra vida de muchos modos: a través de las palabras de tantas personas, a través de la inquietud y preocupación que sentimos en nuestro interior en algunas cosas que hacemos –que en principio eran buenas-, y también por medio de la paz y la anchura que nos dan otras cosas que hacemos. Escuchando así, en medio de la vida, vamos reconociendo la palabra que Jesús nos dirige, que nos orienta y nos indica, en las encrucijadas o en los conflictos de la vida, por dónde reencontraremos la paz, la vida que vuelve a fluir, la alegría.

Dios está tan cerca de nosotros porque nos ama. Está tan cerca de nosotros que escucha todas nuestras dudas, nuestros dolores, nuestras búsquedas, nuestros anhelos. Todos podemos dirigírselos a él, porque ha venido a habitar entre nosotros para eso: para caminar con nosotros, para ser con nosotros. Ha venido para llevar nuestros dolores y enseñarnos cómo se viven en su paz, en su amor, en su alegría. Es completamente otra cosa, completamente otra vida, poder vivirla con Jesús. Aquí tenemos esta historia de Marta, que tiene a Jesús en su casa, le dice lo que piensa de su hermana y Jesús le abre horizonte, le orienta hacia la vida; y aquí tenemos a María, que tiene a Jesús en su casa y puede escuchar también de él palabras de vida.

Y Jesús, que vive entre nosotros, hace posible no solo que vivamos con él, sino que lo reflejemos. De esto nos habla la carta a los Colosenses que hemos escuchado en la segunda lectura. Los que anuncian a Cristo es porque previamente lo han escuchado a él, se han dejado habitar por él y viven conducidos por su Espíritu. Así, la vida de los que aman a Dios es una vida que refleja la presencia de Dios en medio de las situaciones humanas: amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo. La vida que nos ha traído Jesús es tan grande que redefine nuestro sentido humano: podemos vivir para ser presencia de Cristo en medio de nuestro pueblo, de nuestra sociedad, de nuestro mundo. Podemos ser presencia de Cristo que siga haciendo visible su amor cercano y siempre presente.

No dejaremos por ello de percibir su misterio, su inmensidad que sobrecoge y mueve a la adoración, a la contemplación, a la pequeñez… será otra vida, también, esta en la que hemos de aprender a encontrarnos, a vivir, a relacionarnos con Dios como aquel al que dirigimos, en último término, todo nuestro amor y todas nuestras preguntas…

¡Hay tantos modos de reconocer a Dios en nuestra vida de todos los días! ¿Dónde lo reconociste ayer? ¿Qué te decía esta mañana? ¿Cómo te viene sonriendo, alentando, zarandeando, impulsando en este tiempo? ¿A qué amor, a qué entrega te llama?

Esta canción de Brotes de Olivo sugiere lo mismo, de otro modo: Y allí estás tú

Imagen: Nick Karbounis, Unsplash

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