Miradas (I)

Continuamos nuestro Café evangelio con el comentario del c. 9 del evangelio de Lucas.

Convocó a los Doce y les confirió poder y autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades. Y los envió a proclamar el reino de Dios y a sanar [enfermos]. Les dijo: —No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero, ni dos túnicas. En la casa en que entréis permaneced hasta que os marchéis. Si no os reciben, al salir de la ciudad sacudíos el polvo de los pies como protesta contra ellos. Cuando salieron, recorrieron las aldeas anunciando la Buena Noticia y sanando enfermos por todas partes. Herodes se enteró de todo lo sucedido y estaba desconcertado; porque unos decían que era Juan resucitado de la muerte, otros que era Elías aparecido, otros que había surgido un profeta de los antiguos. Herodes comentaba: —A Juan yo lo hice decapitar. ¿Quién será éste de quien oigo tales cosas? Y deseaba verlo. Lc 9, 1-9

En la perícopa que vamos a ver ahora, y en todas las que vamos a comentar del c. 9, vamos a centrarnos en las miradas que aparecen aquí, y que nos darán luz acerca de las que se dan en la vida.

En primer lugar, se nos dice que Jesús Convocó a los Doce y les confirió poder y autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades. Y los envió a proclamar el reino de Dios y a sanar [enfermos]. Esto es lo que sucede cuando Dios lleva la iniciativa: la vida se vive desde y para lo que él quiere. Aquí se ve claro que lo que Jesús está confiriendo a los Doce un poder y una autoridad que sobrepasan con mucho a todo lo que nosotros podemos vivir. Si miramos a lo humano natural, si miramos en horizontal, nos vemos a todos muy semejantes unos a otros. En cambio, cuando entra el poder que Jesús nos da a cada una, a cada uno, nos vemos a otra luz enormemente diferente: la mirada de Dios nos muestra su mirada sobre nuestra vida y de lo que esta mirada hace.

Además, el poder que Jesús confía a los discípulos no se entiende tampoco al modo horizontal, como si cada uno pudiera usar ese poder para lo que quisiera. Al contrario, este poder y esta autoridad se reciben según el modo de mirar de Jesús, esto es, para una misión.

Asimismo, en cuanto al cómo de la misión, es Jesús el que nos da estas instrucciones: No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero, ni dos túnicas. Instrucciones, ya lo vemos, que son imposibles desde nosotros, y que se hacen posibles por el poder que han recibido de Jesús, que los capacita para poder, para fiarse y para que el reino sea.

Esta es la mirada de Jesús, la que han recibido los discípulos de él, la que van practicando a medida que creen, que se fían. Una mirada que te sitúa de otro modo en la vida.

Luego está la otra mirada, la de Herodes: la mirada que asocia a Jesús a lo que yo conozco, a lo que yo entiendo, y que tan vano resulta, cuando empezamos a ver. Asimismo, de Herodes escuchamos ese A Juan yo lo hice decapitar. Una mirada, la suya, que solo sabe dar muerte, una muerte que, sin embargo, no puede nada sobre el poder y la autoridad de Dios. La mirada de Herodes mira, pero no sabe reconocer la Vida aunque parezca interesarse en los rumores de ella.

Qué miradas tan diferentes, la de Jesús y la nuestra. Que este reconocimiento te ayude a acoger en tu vida la mirada de Jesús.

Imagen: Jarek Ceborski, Unsplash

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