En la primera carta a los Corintios, Pablo nos va a hablar de cómo se vive la vida cristiana después del encuentro con Cristo. Vamos a leerla en esta clave en que ha sido escrita: mirando a Jesús para abrirnos a vivir con, por y para Dios, al modo de Jesús.
1 Imitadme a mí como yo imito al Mesías.2 Os alabo porque os acordáis siempre de mí y mantenéis mis enseñanzas como yo os las transmití.3 Pero quiero que comprendáis que el Mesías es cabeza de todo varón, el varón es cabeza de la mujer y Dios es cabeza del Mesías.4 El varón que reza o profetiza con la cabeza cubierta deshonra su cabeza;5 en cambio, la mujer que reza o profetiza con la cabeza descubierta deshonra su cabeza: es lo mismo que si la llevara rapada.6 Así que, si una mujer no se cubre, que se rape la cabeza; y si es vergonzoso cortarse el pelo al rape, pues que se cubra.7 El varón no tiene que cubrirse la cabeza, siendo imagen de la gloria de Dios; mientras que la mujer es gloria del varón.8 Pues no procede el varón de la mujer, sino la mujer del varón.9 Y no fue creado el varón para la mujer, sino la mujer para el varón.10 Por eso debe la mujer llevar en la cabeza la señal de la autoridad, en atención a los ángeles.11 Si bien, para el Señor, no hay mujer sin varón ni varón sin mujer.12 Pues si la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer y ambos proceden de Dios.13 Juzgad vosotros mismos: ¿es apropiado que una mujer rece a Dios con la cabeza descubierta?14 ¿No os enseña la naturaleza que es una deshonra para el hombre llevar melena,15 mientras que es honra de la mujer llevarla? Pues la melena se le da a la mujer a manera de velo.16 Y si alguien quiere discutir, nosotros no tenemos esa costumbre ni tampoco las Iglesias de Dios. 1Cor 11, 1-16
En este capítulo 11 de la Primera Carta a los Corintios, Pablo nos habla de esa imitación de él como cristiano unido a Cristo. Así terminaba también el capítulo anterior, y la insistencia nos hace caer en la cuenta de la importancia del testimonio. Los testigos son los hombres y mujeres que, porque viven unidos a Cristo, manifiestan la comunión con él en sus palabras y en sus acciones.
En esta ocasión, Pablo responde a los Corintios a otra cuestión que ellos le han planteado, y es la de si la mujer debe rezar o profetizar con la cabeza descubierta. Como ya hemos dicho en otra ocasión, y repetimos aquí, en estos textos, que son Palabras de Dios, la exégesis bíblica de estos últimos siglos ha reconocido elementos teologales y elementos culturales.
Elementos teologales son aquellos que permanecen a lo largo del tiempo, aunque las formas cambien. Elementos culturales son aquellos que se identifican con una época, y no valen ya en la siguiente (en la siguiente época, en el siguiente siglo). Así, en esto que dice Pablo vemos que hay afirmaciones de orden teologal, como que el hombre y la mujer proceden de Dios (v. 15). Igualmente, en la carta a los Gálatas, Pablo afirmará, en esta misma línea, que Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús (Gal 3, 28). Estas afirmaciones, de orden teologal, las reconocemos, desde esta luz teologal, como verdades que son consecuencia de la salvación definitiva que se nos ha dado en Cristo, de manera que se mantienen en el tiempo.
Por el contrario, lo de que la mujer rece o profetice con la cabeza descubierta deshonra su cabeza, así como que la mujer fue creada para el varón, son afirmaciones que desde la exégesis hemos leído de otro modo a través de los siglos, lo que nos hace ver que lo teologal y lo cultural han de ser leídos de distinto modo.
Podríamos hablar también de esto otro que dice Pablo, que la mujer que reza o profetiza… lo segundo no está muy presente en nuestras comunidades, como no sea en las carismáticas. Queda para preguntarnos.
Reconoce aquellos elementos de este fragmento con los que el Espíritu te mueve a vivir. Ten presente, también, el pedir por las hermanas y hermanos a los que llegará la bendición a través de ti.
Imagen: Nuttawut Anek, Unsplash
