En la primera carta a los Corintios, Pablo nos va a hablar de cómo se vive la vida cristiana después del encuentro con Cristo. Vamos a leerla en esta clave en que ha sido escrita: mirando a Jesús para abrirnos a vivir con, por y para Dios, al modo de Jesús.
1 Hermanos, acerca de los dones espirituales no quiero que seáis ignorantes.2 Sabéis que cuando erais paganos, seguíais un impulso hacia ídolos mudos.3 Por eso os hago notar que nadie, movido por el Espíritu de Dios puede decir: ¡maldito sea Jesús! Y nadie puede decir: ¡Señor Jesús! si no es movido por el Espíritu Santo.4 Existen carismas diversos, pero un mismo Espíritu;5 existen ministerios diversos, pero un mismo Señor;6 existen actividades diversas, pero un mismo Dios que ejecuta todo en todos.7 A cada uno se le da una manifestación del Espíritu para el bien común.8 Uno por el Espíritu tiene el don de hablar con sabiduría, otro según el mismo Espíritu el hablar con penetración,9 otro por el mismo Espíritu la fe, otro por el único Espíritu carisma de sanaciones,10 otro realizar milagros, otro profecía, otro discreción de espíritus, otro hablar lenguas diversas, otro interpretarlas.11 Pero todo lo ejecuta el mismo y único Espíritu repartiendo a cada uno como quiere. 1Cor 12, 1-11
En esta ocasión retomamos el capítulo 12, no en conjunto, como lo vimos antes del verano junto a los cc. 13-14, sino pormenorizadamente.
Una de las cuestiones que Pablo quería aclarar a los Corintios era la que se refiere a los carismas. Los Corintios estaban dotados de una serie de carismas muy vistosos, muy llamativos, muy espirituales, que hacían que muchos de ellos se apropiaran de aquellos dones y los vivieran como para su propio brillo y no para servir al Señor.
El texto que vamos a ver es son de la primera carta en los Corintios, capítulo 12, 1-11. Y dice así, hermanos, acerca de los dones espirituales no quiero que seáis ignorantes. Y vemos cómo muchas veces nosotros somos ignorantes en relación a los dones espirituales. Sabemos mucho cada uno de lo que sepa. Uno de tintes. Otro de ordenadores. Otro sabe vender. Otro sabe comprar. Uno sabe invertir. Otro sabe lo que sea. Pero qué poco corriente es entre nosotros estar informados acerca de los dones espirituales, acerca de la vida espiritual en general.
Y Pablo, que es consciente, como sabemos por todo lo que va a decir aquí, de que todo lo que ha recibido viene de Dios, nos transmite de parte de Dios esta enseñanza. Acerca de los dones espirituales no hay que ser ignorantes. Y entonces cuando él nos explica esto lo vamos a escuchar para aprender acerca de la vida espiritual.
Primero nos dice que cuando éramos paganos, cuando eran paganos en su caso, en nuestro caso antes de convertirnos, a partir de ese momento en que Dios se hace el primero. Ese sería aquel del que Pablo nos está hablando aquí. Entonces el público y las personas que escuchan a Pablo antes habían sido paganos y seguían a ídolos mudos, a ídolos que no hablaban y a ídolos a los que ellos por tanto, los Corintios, no podían entender ni a los que se podían dirigir.
Y nos dice que todo lo hace el Espíritu de Dios y el Espíritu de Dios que es el que habla a través de nosotros. Y dice que nadie, nadie movido por el Espíritu de Dios puede decir maldito sea Jesús, porque el Espíritu de Dios siempre habla a favor de Dios. Y lo segundo más importante porque ya viene al conjunto del texto, que el que diga Señor Jesús, es decir el que invoque al Señor Jesús en medio de la asamblea o en su propio corazón lo hace solamente porque ha sido movido por el Espíritu Santo.
El que dice algo o ha recibido algo en favor de Dios ese está movido por el Espíritu Santo. Entonces esto cambia nuestra imagen de la realidad porque nosotros generalmente nos vemos a nosotros, vemos a los demás y Dios “debe estar por ahí”, pero es entre que es invisible y que nosotros no lo entendemos muy bien como que no estamos tan atentos a él. Y sin embargo, lo que se nos está diciendo es que toda la realidad es movida por el Espíritu Santo y todo lo que nosotros somos y hemos recibido, lo hemos recibido cuando es para alabar a Dios, para honrarle con nuestra vida, lo hemos recibido del Espíritu de Dios.
Y esto se nos dice hablando de carismas, hablando de ministerios y hablando de actividades. Es decir, ese carisma que mueve el ministerio que es la causa del ministerio y de la actividad lo hemos recibido del Espíritu Santo. Ese ministerio del que igual no conocemos el carisma pero vemos el ministerio y la actividad a que da lugar ha sido movida por el Espíritu Santo y hasta la mínima acción que tiene sentido en esta vida grande o pequeña, diminuta, la recibimos del Espíritu Santo.
Desde aquí empezamos a recomponer las realidades de lo que nos dice Pablo. Está el Espíritu de Dios actuando en todo y en todos y a cada uno se nos va a decir ahora, se le da distintos carismas pero nos precisa Pablo, a cada uno se le da una manifestación del Espíritu para el bien común.
Nada de lo que ha recibido eso que reconoces como más grande de tu vida, lo que llamas carisma, un don de Dios es lo mismo carisma y don, carisma es en griego. Ese carisma que hemos recibido de Dios lo hemos recibido para el bien común. Entonces te tendrás que preguntar si ese don que has recibido lo usas para adornarte o lo usas para el bien común.
Se nos dice que cada persona que ha recibido ese don para el bien común. No te han dado este don porque tú seas especial sino que te lo ha dado porque él es maravilloso, porque él es infinitamente generosa y ha querido dártelo y al dártelo te ha dado todas las capacidades que sean precisas para que tú lo pongas a disposición de la comunidad, a disposición de los demás.
Lo que hemos de tener presente es que el Espíritu te lo ha dado. Por tanto es al Espíritu al que le tienes que pedir luz para que te ilumine acerca de cómo se emplea, y al Espíritu le tienes que decir que muestre modo de vivir el carisma, el ministerio que es la misión, la forma concreta en que lo traduces en vida y la actividad que es las distintas manifestaciones de ese ministerio.
Reconoce aquellos elementos de este fragmento con los que el Espíritu te impulsa a vivir. No dejes de pedir, también, por las hermanas y hermanos que también buscan escuchar a Jesús para vivir de Él.
Imagen: Nathan Dumlao, Unsplash
