El Dios que siempre hace maravillas

Al enterarse, Jesús se marchó de allí en barca, él solo, a un paraje despoblado. Pero la multitud se enteró y le siguió a pie desde los poblados. Jesús desembarcó y, al ver la gran multitud, se compadeció y sanó a los enfermos. Al atardecer los discípulos fueron a decirle: —El lugar es despoblado y ya es tarde; despide a la multitud para que vayan a las aldeas a comprar algo de comer. [Jesús] les respondió: —No hace falta que vayan; dadles vosotros de comer. Respondieron: —Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados. Él les dijo: —Traédmelos. Después mandó a la multitud sentarse en la hierba, tomó los cinco panes y los dos pescados, alzó la vista al cielo, dio gracias, partió el pan y se lo dio a sus discípulos; ellos se lo dieron a la multitud. Comieron todos, quedaron satisfechos, recogieron las sobras y llenaron doce cestos. Los que comieron eran cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. Enseguida mandó a los discípulos embarcarse y pasar antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Después de despedirla, subió él solo a la montaña a orar. Al anochecer, todavía estaba allí, solo. Mt 14, 13-23

Jesús, después de escuchar la noticia de la decapitación de Juan el Bautista, se marcha en barca, él solo. Cuánto bien nos haría a nosotros acoger así lo terrible que pasa en nuestro mundo, dialogándolo con el Padre, que es Fidelidad, Verdad, Amor, y recrea todas las cosas a la luz de su Amor. Cómo sería el diálogo entre quienes aman sobre todas las cosas, entre quienes son capaces y trabajan para sacar vida de la muerte.

No nos extraña nada que la gente se entere y lo busque. No nos extraña cuando, en este mundo en que hay abundancia de Herodes y Herodías, aparezca un hombre que se compadece de nuestros males y puede sanarlos. Cómo no nos vamos a acercar a él, cómo no vamos a pedirle que nos cure y nos devuelva a la vida…

Y no solo eso. Ahora no es solo que cuando nos acercamos, él se compadece y nos sana. En el texto que tenemos hoy, no es solo que nos sane arreglando lo que está roto, sino que dispone nuestro alimento para que sigamos con él. “No hace falta” que nos vayamos a procurarnos el alimento, cuando nuestro Dios, viviendo en medio de nosotros, quiere y puede dárnoslo gratis y en abundancia.

¿Qué podemos aprender con esto, de qué nos está hablando Jesús? Es normal que, si lo que hemos conocido en la vida son Herodes y Herodías, vivamos en la vida defendiéndonos, temiendo, rechazando a tantos que nos hacen o nos pueden hacer mal.

Pero si hemos conocido a Jesús. Si hemos tenido noticia, como acabamos de escuchar ahora, de que Jesús está aquí para compadecerse de nuestros males, para saciar nuestra hambre, para pasar el día y la vida con nosotros que le buscamos, ¿no debería esta experiencia integrarse en nuestro modo de mirar la vida? Máxime cuando Jesús ya sabe que hay Herodes y Herodías, lo lleva en su corazón y eso no le impide seguirnos dando vida.

¿Y si nuestro modo de mirar la vida, de estar en ella, estuviera más condicionado por los Herodes y Herodías de este mundo, que por este Jesús que es compasión y vida? Creemos en él: ¿creemos que Jesús ha vencido al mundo, al mal de este mundo? ¿No es nuestra fe capaz de cambiar nuestra mirada, y el modo de estar en la vida?

Si no es así, ¿no es hora de revisar nuestros modos, para que testimonien nuestra fe y nuestra vinculación con Jesús?

¿O es que no creemos que la fe en Jesús da lugar a un modo de vida que prolonga el suyo?

¿O es que no vemos que Dios sigue, hoy, haciendo maravillas? ¿Qué es lo que te impide, concretamente, creer en el poder de Jesús actuando en medio de la vida?

Si aún te cuesta, mira qué hace en tu vida el temor (y el odio, y el rechazo, y la impotencia…) que experimentas frente a los Herodes y Herodías de este mundo, y mira qué hace en tu vida el deseo de hacer presente a Jesús entre los que te rodean, en tus palabras, en tus acciones, también a tu modo de mirar a los H. y H. (para no poner estos nombres largos y fúnebres otra vez😊).

Y si quieres, ¡ahí tienes los comentarios!

Imagen: Orlova Maria, Unsplash

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