La experiencia de Mt 7 (I)

Vamos a volver sobre el capítulo 7, esta vez en conjunto. Y lo vamos a hacer escuchando a una persona que hizo caso de mi propuesta de la semana pasada y se detuvo a revisar su vida a la luz de estas palabras-vida de Jesús.

Haremos como que es una mujer, ¿sí? La llamaremos Elyana, ¿te parece?

Empezaré por el final de este capítulo en el que me has mostrado tantas cosas.

Antes de nada, pido que el Espíritu, el mismo Espíritu que te movía a enseñarnos así, el que te rescató de la muerte y nos dejaste para que nos guiara, me ilumine para entender bien tus palabras y sobre todo -es lo más difícil, y lo que más importa-, para hacerlas vida.

Lo más grande de todo, más grande que cualquier enseñanza, más grande que todas juntas, es que tú, Jesús, el Hijo de Dios, has venido a vivir entre nosotros y nos has enseñado cómo vivir. Solo por eso, porque eres Dios-con-nosotros, ya está asegurado que todo lo que digas será la misma Luz de Dios, y así quiero escucharte: como a la Luz del mundo que viene a iluminar todas las sombras y las oscuridades de nuestra vida. Y mira que yo tengo de eso… cuántas veces no veo claro, no distingo entre lo que está bien y lo que está mal o confundo lo uno y lo otro, ¡cuántas veces no sé vivir, y me limito a sobrevivir! Necesito tu palabra, no para escucharla y decir “qué bonita” o “qué bien suena”, sino para que sea mi mandamiento, mi consigna, la palabra con la que ir a la vida.

Por eso, Jesús: tú en el centro, y no yo. Que a mí me sale muchas veces eso de “pues yo pienso…”, y de decirlo paso a hacerlo, a creerme que lo que yo pienso es la verdad, y hasta se lo impongo a los demás. Me gustaría empezar a decir, puesto que veo que tú estás en el centro del mundo, en el centro de los corazones que aman, en el centro del universo bombeando Vida a cada cosa y a cada persona que existe, que Tú Dices. Me gustaría que cuando me salga decir “pues yo pienso…” que me sale tantas veces, o “a mí me parece…” que suena más humilde pero en realidad es lo mismo, me acordara de preguntarme por dentro: y tú, Jesús, que me has dicho que no juzgue, ¿qué palabra me das sobre esto? No la mía, sino la tuya. Y dejar la mía de lado, o en suspenso, dudar de ella incluso hasta que no me des tu modo de mirar. Y esto, muy especialmente en relación a las personas. Porque a mí me pasa mucho esto que decías de querer ayudar a otros a quitarse su mota, ¡sin darme cuenta siquiera de que tengo una viga! Estoy tan segura de que lo que yo veo es lo que es… y de verdad, Jesús, que me gustaría mucho que me dieras tu mirada para mirar como tú lo haces. Lo mío sé que no es verdad, pero como estoy todo el día con lo mío, me creo que vale, porque además, muchas veces los de alrededor me dicen que vale, ¡y qué más quiere este ego mío, sino que le alimenten! Aquí vas a tener que hacer algo fuerte para que sea tu mirada y no la mía, Jesús…

En lo que dices después, lo de pedir, llamar y buscar, he estado pensando algunas cosas para que me ayudes. Verás, yo te pido muchas veces pero me pasa que, cuando tardas en hacer lo que te he pedido, no dudo de que lo harás, pero me desentiendo un poco de lo que te he pedido. Digo “ya lo harás”, pero veo que no es esa confianza de quien necesita de verdad, sino que me desintereso un poco. Me gustaría tener un corazón que espera en lo que pide, que no se cansa de pedir, que pide con esperanza. Y me gustaría porque te pido muchas cosas para los demás, y si luego me olvido, es como si me desentendiera, ¿no? A veces me digo que hay tantos dolores en el mundo que no puedo estar a todo, pero creo que eso es un engaño, porque a mí no me hablas de todo, sino de algunas cosas que me gustaría que no se fueran de mi corazón.

Y lo mismo con lo de buscar: yo me pregunto muchas cosas, por ejemplo, como querer a mis hijos que son grandes y ya no me necesitan. Y a veces te lo pregunto, porque sé que la respuesta me viene de ti, pero si no me dices pronto, me canso de buscar y lo que hago es proteger un poco el corazón, para no pensar en que mis hijos se olvidan y eso duele. Me hago como un caparazón para que no duela, en vez de vivir abierta a buscar el modo que tú me darás para que les quiera, si sigo buscando. Y ya sé que no siempre me respondes en el corazón, sino en la vida, porque eso lo he comprobado muchas veces. Pero me canso, Jesús, y veo que me muero un poco cuando me cierro a ti.

Imagen: Michal Parzuchowski, Unsplash

 

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