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La Riqueza capaz de colmar nuestra pobreza

¡Lo primero, desde Café Evangelio queremos desearte muy feliz Navidad!

Hoy vengo a comentarte, brevemente, un texto que nos habla de este día de Navidad.

Por entonces se promulgó un decreto del emperador Augusto que ordenaba a todo el mundo inscribirse en un censo. Éste fue el primer censo realizado siendo Quirino gobernador de Siria. Acudían todos a inscribirse, cada uno en su ciudad. José subió de Nazaret, ciudad de Galilea, a la Ciudad de David en Judea, llamada Belén –pues pertenecía a la Casa y familia de David–, a inscribirse con María, su esposa, que estaba encinta. Estando allí le llegó la hora del parto y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no habían encontrado sitio en la posada. Había unos pastores en la zona que velaban por turnos los rebaños a la intemperie. Un ángel del Señor se les presentó. La gloria del Señor los cercó de resplandor y ellos se aterrorizaron. El ángel les dijo: —No temáis. Mirad, os doy una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy os ha nacido en la Ciudad de David el Salvador, el Mesías y Señor. Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Al instante se juntó al ángel una multitud del ejército celeste, que alababan a Dios diciendo: —¡Gloria a Dios en lo alto y en la tierra paz a los hombres que él ama! Cuando los ángeles se marcharon al cielo, los pastores se decían: —Crucemos hacia Belén, a ver lo que ha sucedido y nos ha comunicado el Señor. Fueron aprisa y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les habían dicho del niño. Y todos los que lo oyeron se asombraban de lo que contaban los pastores. Pero María lo conservaba y meditaba todo en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto; tal como se lo habían anunciado. Lc 2, 1-20

Quisiera fijarme, a partir de este relato, quisiera fijarme en la presencia de lo pobre, de los pobres: Dios, infinita Riqueza, se lanza sobre nuestro mundo y viene a abrazar, a colmar, a transformar nuestra pobreza al encuentro con su Riqueza.

Si miramos desde esa clave, lo reconocemos por todas partes:

  • El censo promulgado por Augusto alcanza a todos, y afecta de modo más grave a los pobres, que tienen que desplazarse como los otros, pero con más dificultad que todos los demás. En el caso de María, con un embarazo ya muy avanzado.
  • Es en Belén donde le toca el tiempo del parto, y de nuevo, la pobreza se nos manifiesta de otro modo: en este caso, desde la falta de dinero para encontrar una posada en la que alojarse. Esta es otra forma de la pobreza que padecen María y José, y tantos hombres y mujeres de nuestro mundo.
  • Se nos dice también que lo que en este momento tendrán María y José es este pesebre, esta pobreza en la que albergar a su niño, al Hijo de Dios.

Conocemos, en todas estas situaciones, que lo nuestro es la pobreza, y que en ella, Dios siempre nos da. A veces nos da un abrigo a la medida de nuestros deseos o necesidades, otras veces fortalece nuestro corazón para estar en aquello que nos da.

  • La historia cambia de lugar. Ahora se nos presenta a unos pastores que reciben la visita de un ángel. Qué claro es aquí también el contraste entre su pobreza, social y personal, su oscuridad, y la luminosidad del ángel, mensajero de Dios, que viene a ellos y los cerca con su resplandor, y presencian después ese cielo que se derrama sobre nosotros en esta buena noticia, que ellos no saben cómo acoger y son acompañados, en su oscuridad, en su torpeza, con el espectáculo de este gozo magnífico: Al instante se juntó al ángel una multitud del ejército celeste, que alababan a Dios diciendo: —¡Gloria a Dios en lo alto y en la tierra paz a los hombres que él ama! 

De nuevo, la Riqueza que es Dios viene a nuestra pobreza para colmarla de Sí, y nos dice cómo acoger, cómo dejarse habitar por esta Buena Noticia.

Se nos habla después de cómo los pastores, llenos de este gozo, enriquecidos hasta el colmo, van aprisa a contemplar lo que se les ha dicho.

La última imagen de esta pobreza en la que nos vamos a detener es el corazón de María: ella no tiene nada en sí, sino que vive para albergar lo que viene de Dios. Este niño, todo lo que rodea al nacimiento, la visita de los pastores, lo que se cuentan unos a otros… en su corazón, morada de Dios, ella dialoga amorosamente y guarda aquello que ha escuchado, abierta al Espíritu que le va mostrando cómo mirar y vivir cada cosa que sucede.

Que este tiempo de Navidad sea, para ti también, acogida de la Riqueza de Dios en lo pobre de ti. Lo que suceda, será tan grande como para transformarlo todo.

Imagen: Nathan Dumlao, Unsplash

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