En la primera carta a los Corintios, Pablo nos va a hablar de cómo se vive la vida cristiana después del encuentro con Cristo. Vamos a leerla en esta clave en que ha sido escrita: mirando a Jesús para abrirnos a vivir con, por y para Dios, al modo de Jesús.
17 Al encomendaros estas cosas, hay algo que no alabo: que vuestras reuniones traen más perjuicio que beneficio.18 En primer lugar, he oído que cuando os reunís en asamblea, hay divisiones entre vosotros, y en parte lo creo;19 porque es inevitable que haya divisiones entre vosotros, para que se muestre quiénes de vosotros son auténticos.20 Y así resulta que, cuando os reunís, no coméis la cena del Señor.21 Pues unos se adelantan a consumir su propia cena, y mientras uno pasa hambre, otro se emborracha.22 ¿No tenéis casas para comer y beber? ¿Menospreciáis la asamblea de Dios y avergonzáis a los que nada poseen? ¿Qué puedo deciros?, ¿voy a alabaros? En esto no os alabo.23 Pues yo recibí del Señor lo que os transmití: que el Señor, la noche que era entregado, tomó pan,24 dando gracias lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.25 Lo mismo, después de cenar, tomó la copa y dijo: Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre. Haced esto cada vez que la bebáis en memoria mía.26 En efecto, siempre que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor hasta que vuelva.27 Por tanto, quien coma el pan y beba la copa del Señor indignamente, es reo del cuerpo y la sangre del Señor.28 En consecuencia, que cada uno se examine antes de comer el pan y beber la copa.29 Quien come y bebe sin reconocer el cuerpo del Señor, se come y se bebe su condena.30 Ésta es la causa de que haya entre vosotros muchos enfermos y achacosos y que se mueran bastantes.31 Si nos examinamos nosotros, no seremos juzgados.32 Y si nos juzga el Señor, es que nos escarmienta para no condenarnos con el mundo.33 Así, pues, hermanos míos, cuando os reunáis para comer, esperaos unos a otros.34 Si uno tiene hambre, coma en su casa; así no os reuniréis para ser condenados.
Los asuntos restantes los resolveré cuando vaya.1Cor 11, 17-34
Con esta segunda parte del c. 17 termina el discernimiento con el que Pablo ha iluminado a los Corintios. En él retoma lo que en nuestra carta es la segunda parte del c. 10 (14-33), cuando exhortaba a los Corintios a huir de la idolatría. Si allí se refería a la participación en los banquetes paganos, aquí está hablando de la propia celebración eucarística, en la cual sucede que cuando os reunís, no coméis la cena del Señor, sino que unos anteponen su propia cena y se emborrachan, mientras que otros pasan hambre. Pablo denuncia esta actitud por dos motivos: Menospreciáis la asamblea de Dios y avergonzáis a los que nada poseen, y siendo esto ya muy grave, lo es más porque lo que dejamos de hacer es menospreciar al Señor mismo, pues en la Cena que conmemoramos es Él mismo el que se entrega. Así lo reconocen los cristianos desde el principio, viviendo en la memoria de aquella Primera Cena.
Es grave aquello de lo que Pablo acusa a los Corintios. Tanto, que quien coma el pan y beba la copa del Señor indignamente, es reo del cuerpo y la sangre del Señor. Tras esta advertencia, Pablo advierte a los hermanos que han de examinarse su conciencia para ver qué han en ella, pues Quien come y bebe sin reconocer el cuerpo del Señor, se come y se bebe su condena. Pablo insiste en esta condenación propia y reconoce en ella la causa de la falta de salud física y psíquica, así como la muerte.
En nuestro tiempo insistimos más en la ausencia de fraternidad que un hecho así denuncia: su tiempo nos advierte sobre algo enormemente grave que está sucediendo, el nuestro sobre la gravedad de ignorar a Cristo en sus pobres. La lectura que hacemos de Pablo, dejándonos iluminar por sus palabras a la vez que tenemos presentes las nuestras, nos advierte sobre la gravedad suma de este hecho, así como de los medios para reconducirlo, también indicados por Pablo aquí y a los que nosotros podemos añadir ese mandato de compartir.
Reconoce aquellos elementos de este fragmento con los que el Espíritu te mueve a vivir. Ten presente, también, el pedir por las hermanas y hermanos a los que llegará la bendición a través de ti.
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