Evangelio: Mateo 21, 1-11
1ª lectura: Isaías 50, 4-7
Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24
2ª lectura: Filipenses 2, 6-11
Evangelio: Mateo 26, 14-27.66
Es mucha y muy densa la Palabra de Dios que se nos ofrece en este día. Lo más indicado es leerla amorosamente desde la fe y dejarnos alcanzar por ella en aquello que nos interpele. En este comentario solo quisiera ofrecerte una anotación por si puede serte útil de cara al encuentro de la Palabra.
Lo más importante, creer que esto que se nos dice aquí es Palabra de Dios. Dios nos dice cómo fue para él lo vivido en estas últimas horas de Jesús, el Hijo de Dios. Esto significa muchas cosas. Pero una de gran importancia es que todo lo que se dice aquí lo acogemos abriéndonos a la mirada de Dios: lo que contemplamos aquí es la Verdad que se ha hecho visible en su persona, es el Camino para vivir en vinculación con el Padre, también el sufrimiento extremo, es la Vida abrazando la muerte y hallando así el camino para vencer, definitivamente, sobre ella.
Jesús, el Hijo de Dios, se ha hecho hombre para enseñarnos el camino por el que nosotros nos abrimos a la vida como hombres y mujeres. Su modo de vivir nuestra humanidad es el modo de ser humanos. Aquí, en este relato de muerte, de incomprensión, de soledad, de abandono, de pecado en definitiva, Jesús nos dice cómo se viven estas realidades. Con ello nos está mostrando cómo se vive esa vida que es la nuestra: se vive vinculadas, vinculados al Padre en todo momento, afrontando las diversas formas de sufrimiento desde su Amor, que se hace amor en nosotros por la vinculación con él y nos enseña a vivir de otro modo.
Por este camino vamos contemplando también la verdad de nuestra humanidad sometida al pecado, ciega a la verdad, a la vida, a los caminos que nos llevan a ella, porque se ha desvinculado o no ha conocido la Verdad, porque ha sido dominada por el pecado.
Decíamos también, y aunque es menor conviene tenerlo presente, que de todo lo que la Palabra nos está comunicando en este día, habrá algo que nos interpele personalmente hoy. Cuando reconozcas lo que te habla a ti, acógelo y permanece con ello mientras se te da, dejando para más adelante otras palabras que hoy están llegando a otras personas, por la acción del Espíritu. Permanece con esta Palabra mientras se te da, contemplando, amando, comunicándote con Dios. Cuando esta Palabra ya no te diga más, continúa leyendo en este modo contemplativo que te llevará a detenerte en lo que después se te dará, o en el tono general en que la Palabra se te comunica.
Con estas claves, ya tenemos referencias suficientes para abrirnos a lo que la Palabra de Dios tenga para decirnos. Pidamos unos para otros, para otras, que nos abramos a esta vida que nos da el Señor a través de la escucha y la acogida de su Palabra.
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Imagen: Nik, Unsplash
