1ª Lectura del libro de Isaías 11, 1-10
Salmo 71, 1bc-2. 7-8. 12-13. 17
2ª Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 15, 4-9
Evangelio: Mateo 3, 1-12
Te propongo que escuches la palabra de Dios que se nos proclama hoy como la promesa de Dios que siempre se cumple y que podrán ver aquellos que crean.
La primera lectura de Isaías, preparándonos para el Adviento, nos habla de Jesús como un renuevo del tronco de Jesé que estará colmado de sabiduría, de entendimiento, de consejo y fortaleza, de ciencia, y piedad y temor del Señor como nadie antes, ni después. La justicia y la lealtad, la mirada sobre los sencillos y la fuerza sobre los violentos se reconocerán en sus acciones. En este tiempo, incluso los animales manifestarán en su modo de conducirse esta victoria de Dios. Aquello que anhelamos acerca de la paz, la concordia, la justicia y la comunión, es lo que ha comenzado en Jesús y todos llegaremos a verlo. La espera del Adviento nos prepara para poder reconocer estas promesas de Dios que no se cumplirán solo en relación a los animales de los que nos habla el texto sino, por Jesús, en Jesús, sobre todos los seres humanos.
El salmo canta esta súplica en respuesta a la primera lectura, y puedes preguntarte si este es el deseo de tu corazón, si esta es la fe de tu espíritu si vives creyendo esto, o no le das ni un minuto… ¡porque lo que ha dicho el Señor se cumplirá, cierta e indudablemente!
La carta del apóstol Pablo confirma esta certeza y la aplica a nuestro tiempo: nos asegura que los textos del pasado, los que acabamos de escuchar, por ejemplo, serán nuestro consuelo y alimentarán nuestra paciencia, serán lo que nos ayude a mantener la esperanza. Cuando vivimos al modo del Señor Jesús, glorificando al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, cuando nos acogemos mutuamente como Cristo ha hecho, cuando nos hacemos servidores los unos de los otros manifestando la fidelidad de Dios, estamos reconociendo de qué modo se vive en este mundo la vida a la que nos encaminamos.
Desde otra clave, Juan el Bautista, llamándonos a la conversión, pone la urgencia en esa vida que no ha de apoyarse en aquello que vivimos como derecho, sino en esa espera de Jesús que está llegando ya, aquello de lo que nos hablan los testigos. Él nos bautizará con Espíritu Santo y fuego. ¿Cómo te estás preparando para esta espera del Señor? ¿Te dejas conducir por la palabra de Dios para ponerla en práctica, para hacerla vida?
¿Cuánto deseo hay en tu corazón de orientar tu vida al que nos bautizará con Espíritu Santo y fuego?
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Imagen: Faris Mohammed, Unsplash
