Lectura del libro de Isaías 55, 10-11
Sal 64, 10abcd. 10e-11. 12-13. 14
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 8, 18-23
Lectura del santo Evangelio según San Mateo 13, 1-23
En la Palabra del evangelio de este día hemos escuchado a Jesús explicándonos por qué nos habla en parábolas: porque miran sin ver y escuchan sin entender. No podemos negar que esta palabra se refiere a nosotros, que muchas veces somos de aquellos que ni mirando ven, ni escuchando entienden.
Por esta razón, Jesús nos va a explicar la parábola que acaba de relatar. Y es que tiene una gran importancia comprender el sentido de la Palabra de Dios, pues no podemos vivir sin ella. Como nos va a resultar tantas veces costoso porque todo lo de Dios nos supera, como nos ha dicho la primera lectura, hemos de pedírselo a Dios, pues en esto nos va la vida. Nos va la vida en comprender lo que Jesús nos dice, mucho más que en cualquier otra cosa de este mundo. Incluso cuando, como dice Isaías, las cosas del cielo son tan altas que superan a las de la tierra, o mejor…precisamente porque las cosas del cielo, y los planes de Dios nos superan tan absolutamente, hemos de pedirle a Dios que sea él quien nos los revele, pues es Él quien nos ha dirigido esta Palabra, y no lo ha hecho para confundirnos, sino porque la necesitamos para vivir. Por eso, hemos de pedirle su Espíritu, sin el cual nos resulta lejano, costoso e incomprensible todo lo que se refiere a Dios que es, en verdad, todo lo que necesitamos saber en la vida.
Así, lo que nos dice Jesús acerca de cómo hemos de recibir la Palabra de Dios, ¿lo recibes como vida para tu vida, o como saber ajeno, oscuro o irrelevante? ¿Lo recibes como Palabra que te nombra y te revela el camino de la Vida? Puede ocurrir a veces, como dice la primera lectura, que lo de Dios resulta demasiado grande, o demasiado extraño o difícil de comprender para nosotros. Sin embargo, si lo crees como verdad, permanece en súplica y en espera, que Dios te revelará a su tiempo el sentido de esa palabra. Otras veces será preciso que pidas luz a una persona que tiene más hábito que tú en escuchar a Dios, para que te ayude a discernir el sentido de esa palabra, si es que la has interpretado como Palabra que Dios te decía. En cualquier caso, no olvides ni desprecies ni desoigas aquello que temes o que no comprendes, ¡es tan precioso el proyecto de Dios para nuestra vida, también cuando no entendemos! Déjate nombrar por la Palabra, que siempre es luz, también cuando nos vemos nombradas en nuestra cerrazón o en nuestras resistencias. La Palabra es luz que nos enseña a vivir al modo de Dios.
Permanece guardando en el corazón lo que has escuchado, que el Espíritu no nos deja solos y todo nos lo mostrará a su tiempo. Suplica al Espíritu Santo, sin el cual no se ilumina nuestra inteligencia espiritual, que te enseñe a ver y vivir al modo de Dios.
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Imagen: Paul Morris, Unsplash

Muchas gracias, Teresa! Me sale volver a lo que hice ayer (por cercano en el tiempo) y que reconocí que me dio vida. No quedarme ahí y profundizar en eso, dejar que la semilla germine y dé el fruto que sea.
Eso nos abre, Malen! Qué bueno cuando la Palabra nos lleva a más vida!
Gracias Teresa.
Sí, tengo fe y ese deseo de acoger la semilla. Quiero airear, limpiar cada día, con su ayuda, la tierra de mi corazón, hacerlo esponjoso para que la Palabra lo empape, sentir a Dios a mi lado para que dé fruto con mis obras confiada en Él.