Lectura del Profeta Zacarías 9, 9-10
Sal 144, 1-2. 8-9. 10-11. 13cd-14
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 8, 9. 11-13
Lectura del santo Evangelio según San Mateo 11, 25-30
Me gustaría transmitirte a lo largo de estas entradas -¡creo que ya lo notas!-, lo misericordiosa, lo liberadora, lo iluminadora que es la Palabra de Dios. Nosotros, que escuchamos tantos mensajes a lo largo del día, nos encontramos sacudidos por palabras que no tienen ninguna verdad pero que, por el motivo que sea, nos afectan y nos quitan la paz, siendo como son rotundamente mentira: alguien que dice que es muy cierta la posibilidad de una amenaza nuclear, o el médico que te dice que tu pronóstico es grave. Tú lo entiendes así, como si eso, incluso si es verdad, fuera la última palabra, y no es así. No es así, porque la última palabra es el amor de Dios. Ante eso, Jesús nos ha dicho No temáis al que puede matar el cuerpo y no puede hacer nada más. Temed, más bien… (Mt 10, 28). Y nosotras, al quedar estremecidas por la posibilidad de la amenaza nuclear, por la gravedad de la muerte o por el comentario malicioso de una vecina, por poner otro ejemplo, experimentamos cómo se oscurece también nuestro espíritu, cómo nos asola el miedo o la desesperanza, que es lo que realmente nos sume en la oscuridad y nos impide confiar en Dios.
Jesús, en cambio, con esa misericordia humilde que le caracteriza, nos ha dicho que la realidad es de otro modo: nos ha dicho que en nuestros agobios, angustias o cansancios acudamos a él, que está siempre con nosotros y cargará con todo lo nuestro. A cambio, nos mostrará un modo de vivir en el que Él mismo, que ya ha cargado y rescatado con todo lo nuestro, nos entrega a cambio un modo de mirar y de vivir nuevos. Un modo de mirar por el que, a cambio de nuestras muertes, nos entrega su misma vida, según el maravilloso intercambio que nos ha salvado. Escucha, en lo más humilde, pequeño y atemorizado de ti, cómo Jesús, al ofrecerte su yugo suave y su carga ligera te dice cuánto te ama, cuánto desea llevar tus cargas, tus dolores, tu vida, y transformar todo lo que vives según su amor y su fuerza maravillosa. Acepta este intercambio por el que, en lo que tú sabes pequeño como en lo que te parece grande… esto incluye lo que a ti personalmente te pesa o te duele, pero también los dolores, pesos y muertes del mundo, de los que ojalá un día quieras hablar a Jesús.
Y para que esto sea vida real, sea vida plena que nos conduce cada día, Jesús nos ha entregado su Espíritu, que habita en nosotros y nos enseña cómo vivir según las palabras que Jesús nos ha dicho, según la vida maravillosa que es la suya, y que vive para siempre. Por eso, lo que nos dice Pablo en la segunda lectura es la verdad luminosa que ha de sostener nuestra vida, y no cualquiera de los mensajes de muerte que nos zarandean, nos aterran y traen tanta muerte a nuestra vida: el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.
Vivir por la fe en Jesús es posible por el Espíritu de Dios que habita en nosotros, al que debemos aprender a escuchar.
Puedes descargarte el audio aquí.
Imagen: Frank McKenna, Unsplash
