En la primera carta a los Corintios, Pablo nos va a hablar de cómo se vive la vida cristiana después del encuentro con Cristo. Vamos a leerla en esta clave en que ha sido escrita: mirando a Jesús para abrirnos a vivir con, por y para Dios, al modo de Jesús.
11 Nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo.12 Sobre ese cimiento uno coloca oro, otro plata, piedras preciosas, madera, hierba, paja.13 La obra de cada uno quedará patente, pues el día aquel la mostrará: aparecerá con fuego, y el fuego comprobará la calidad de la obra de cada uno.14 Si la obra que construyó resiste, recibirá su salario.15 Si la obra se quema, será castigado, aunque se salvará como quien escapa del fuego.16 ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?17 Si alguien destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios, que sois vosotros, es sagrado.18 Que nadie se engañe: si uno se considera sabio en las cosas de este mundo, vuélvase loco para llegar a sabio;19 pues la sabiduría de este mundo es locura para Dios, como está escrito: Él enreda a los sabios con su misma astucia,20 y también: El Señor conoce que los razonamientos de los sabios son vanos.21 Así pues, nadie se gloríe de los hombres. Todo es vuestro:22 Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida y la muerte, el presente y el futuro. Todo es vuestro,23 vosotros sois del Mesías, el Mesías es de Dios. 1Cor 4, 9-22
En el capítulo 4, Pablo sigue hablando a los Corintios de esta lógica de la cruz de la que les viene explicando desde el comienzo de su carta. Antes les había puesto el ejemplo de los miembros de la comunidad, y de sí mismo al ir a anunciar el evangelio, como marcados por esa lógica de la cruz por la cual, lo que el mundo desprecia es el modo, infinitamente fecundo, de hacer de Dios.
Ahora les dice lo mismo respecto de los apóstoles, él y los demás, que están igualmente marcados por la cruz de Cristo: Nosotros por el Mesías somos locos, vosotros por el Mesías prudentes; nosotros débiles, vosotros fuertes; vosotros estimados, nosotros despreciados. Este modo de vida refleja la vida de Jesús, que se ha hecho hombre y ha vivido entre nosotros al modo de Dios. Este, el que arraiga en la cruz que nos ha salvado, es el modo de vida que da vida. Una vida desconcertante a los ojos del mundo, que no son solo los ojos mundanos de los no creyentes, sino los ojos mundanos de los Corintios que no reconocen ni desean esta vida que los apóstoles les han anunciado. Si no, ¿por qué algunos están hinchados de orgullo, apoyándose en sus palabras contra las palabras y las enseñanzas de Pablo? Vemos así cuáles son las actitudes de este modo humano natural, tan contrarias a las de Cristo, y cuáles las de los discípulos de Cristo, los que verdaderamente creen y aman como cristianos.
Como ves, no hay nada en estas lecturas que quede limitado a la época de Pablo. Al contrario, ilumina e impulsa también nuestro tiempo.
Reconoce aquellos elementos de este fragmento con los que el Espíritu te impulsa a vivir. No dejes de pedir, también, por las hermanas y hermanos que también buscan escuchar a Jesús para vivir de Él.
Imagen: Nathan Dumlao,Unsplash
