En la primera carta a los Corintios, Pablo nos va a hablar de cómo se vive la vida cristiana después del encuentro con Cristo. Vamos a leerla en esta clave en que ha sido escrita: mirando a Jesús para abrirnos a vivir con, por y para Dios, al modo de Jesús.
1 Cuando uno de vosotros tiene un pleito con otro, ¿cómo se atreve a que lo juzguen los injustos y no los consagrados?2 ¿No sabéis que los consagrados juzgarán al mundo?
Y si vosotros juzgaréis al mundo, ¿no sois competentes en asuntos de poca monta?3 ¿No sabéis que juzgaremos a ángeles? Pues, cuánto más, asuntos de la vida ordinaria.4 Si tenéis litigios ordinarios, ¿cómo nombráis jueces a los que la Iglesia menosprecia?5 Lo digo para que os avergoncéis. ¿O sea que no hay entre vosotros ningún experto que pueda dirimir pleitos entre hermanos?6 Al contrario, un hermano pleitea con otro en tribunales de infieles.7 Pues bien, ya es bastante desgracia que tengáis pleitos entre vosotros.
¿Porque no os dejáis más bien perjudicar? ¿Porque no os dejáis despojar?8 Pero no, sois vosotros los que perjudicáis y despojáis a hermanos vuestros.9 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No sigáis engañados: ni fornicarios ni idólatras ni adúlteros ni afeminados ni homosexuales10 ni ladrones ni avaros ni borrachos ni calumniadores ni explotadores heredarán el reino de Dios.11 Algunos, antes, erais de ésos; pero habéis sido lavados y consagrados y absueltos por la invocación del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios. 1Cor 6, 1-11
En el capítulo 5 de la carta que vamos leyendo veíamos un caso de discernimiento, y descubríamos que el discernimiento se hace desde la luz de Dios que se nos ha manifestado en Cristo: en él está la salvación, que es redención del pecado y victoria sobre todo mal y toda muerte. Aplicando el mismo discernimiento que hemos visto en el c. 5, Pablo dice a los Corintios que no han de ir a tribunales paganos para defender lo propio, porque con ello están priorizando su propio interés o beneficio, en vez de someterse a quienes, como ellas y ellos, ponen por encima a Cristo, lo que les hace ver que todos los demás asuntos son asuntos de poca monta: si acudo a tribunales paganos para defender mi derecho es porque me importa más mi interés, que en esta ley humana puede que me beneficie, que el someterme a un tribunal cristiano en el cual quizá se me diga que atienda al derecho de mi hermano, lo que quizá no me beneficie. El miedo a perder (¿Porque no os dejáis más bien perjudicar? ¿Porque no os dejáis despojar?) indica que es eso lo que me importa, y no el someterme a Cristo.
Nosotros ni siquiera conocemos esta práctica de ir a tribunales de cristianos, puesto que todos los que conocemos, cuando tienen un juicio, van/vamos a tribunales paganos. Aunque nuestra escucha de Pablo en esta ocasión no se refiera a instaurar este modo de actuar, atendamos de nuevo al discernimiento que pone, por encima de todo, la obediencia a Dios, y no el propio beneficio.
Reconoce aquellos elementos de este fragmento con los que el Espíritu te impulsa a vivir. No dejes de pedir, también, por las hermanas y hermanos que también buscan escuchar a Jesús para vivir de Él.
Imagen: Nathan Dumlao, Unsplash

-Creo importante la capacidad de juzgar que tiene o tenemos cada miembro de la comunidad cristiana o bien la comunidad, entera,dependiendo la gravedad del asunto.
-Más vale dejarse perjudicar o despojar, si es asunto leve, y plantear el problema en la comunidad, para resolverlo, antes que con personas ajenas a la comunidad.