“Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”

He estado hablado con un hombre de más de cincuenta años que se empieza a dar cuenta ahora de los errores que ha cometido en su vida por haber entendido mal lo que Dios le decía.

Tiene un gran corazón, y ama mucho a Dios. Pero entendió que Dios le exigía como sus padres le exigían. Eso hizo que se convirtiera en exigente consigo mismo, y que con el tiempo empezara a exigirle a Dios, cuando Dios no cumplía con lo que esperaba de Él.

Conoció a un grupo que se llamaba a sí mismo “de Dios”, y creyó todo lo que le decían como si fuera la palabra misma de Dios. Aunque muchas cosas que le decían no le encajaban con lo que Dios dice en la Biblia, se desconectó de sí mismo y dejó su fe, y su sentido común en lo que le decían estas personas, hasta quedar como un erial, devastado y desesperanzado, sin saber por dónde caminar.

Erró perdido durante muchos años, creyendo que había abandonado a Dios cuando abandonó a los de Dios, y así perdido, no supo reconocer los muchos signos con los que Dios le hablaba, porque había dejado de entender su lenguaje, de reconocer su voz.

Hasta que un día Dios se apareció en una de sus formas maravillosas: una catarata de amor que le hizo ver que las heridas padecidas eran sanadas por el Amor de Dios, que Dios no le miraba por lo que había hecho o dejado de hacer, sino que le amaba a él, le buscaba a él y lo atraía con un amor mayor que el del pasado, porque ahora este hombre sabía cuánto había echado de menos a Dios y que no era él mismo por sus fuerzas, sino Dios, con su Amor, el que había rescatado la historia.

Ahora está aprendiendo a releer la historia de su vida, no desde sí mismo, ni desde lo que le contaron los “de Dios”, sino desde ese amor que ha vuelto a experimentar y que le dice, con una certeza que supera todo lo que había vivido antes (solo igualado por alguna otra experiencia en la que también sabe, sin poder dudar, que también fue Dios el que le hablaba), a qué sabe lo de Dios. Y compara las experiencias que ahora empieza a ver como erradas con esta que tiene sabor a Dios y que no se va, por más tiempo que pase.

Así es como va viendo que durante muchos años no entendió lo que Dios le decía. Que no interpretó bien, y que aunque intentó hacer bien las cosas, lo hizo desde sí mismo, y no desde Dios. Ahora experimenta paz, incluso al ver cuánta angustia padeció en su espíritu, cuánta ansiedad y cuántas enfermedades con las que el cuerpo le decía que no era por ahí. Ahora puede dar gracias a Dios y experimenta la reconciliación de reconocer que también todos esos sufrimientos, todos esos caminos errados, y toda su buena intención también, han sido rescatados por el Espíritu de Amor que ha curado su corazón.

Aunque ha sido un largo tiempo, experimenta la vida vivida a otra luz: Dios le ha colmado ahora, y aunque ha habido tantos pasos errados, la dicha de ahora se hace aún más luminosa por el sufrimiento de entonces. Ahora puede celebrar, y descansar con corazón de niño, con corazón limpio.

Esta es la señal de que Dios ha estado con este hombre. Que después de tantos pasos adelante y atrás, en el tiempo oportuno que su amor conoce, Dios ha transformado su historia, colmándole la vida.

Imagen: Empreinte, Unsplash

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