1ª lectura: Isaías 58, 7-10
Salmo 111, 4-5. 6-7. 8a y 9
2ª lectura: 1 Corintios 2, 1-5
Evangelio: Mateo 5, 13-16
Cuando escuchas decir a Jesús que vosotros sois la sal de la tierra, ¿en qué piensas? Cuando escuchas a Jesús decir que vosotros sois la luz del mundo, ¿qué te viene? Es posible que lo veas como un premio que Jesús nos da. Como una felicitación o un premio que te vienen como resultado de… nada. Tú no has hecho nada, pero por el hecho de conocer a Jesús, te conviertes, por la cara, en sal y en luz (del mismo modo que por nacer en un país democrático puedes votar a los 18).
Pues no. No es así. Para que seas sal y luz hace falta que antes te has dejado vaciar de aquello que te ocupa, oscureciendo la luz de Dios en ti. Esa luz que Dios es y que brilla en ti cuando no pones obstáculos.
¿Y cómo se hace eso? Lo dice Isaías: Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, cubre a quien ves desnudo y no te desentiendas de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor. Es bastante claro que esta gloria del Señor se manifestará cuando tú compartas lo tuyo con el que no tiene, sean bienes materiales, sea una compasión gratuita, sea una vinculación amorosa. Eso es lo que hace brillar tu luz, lo que cura tus heridas, lo que hace presente en tu vida la justicia. Lo que hace brillar, como decíamos un poco más arriba, la gloria del Señor.
En el salmo, se nos habla de la persona justa. Y se nos dice cómo es esta persona justa, la solidez de su vida, que se apoya en Dios y que es lo que hace que brille esta vida unida a Dios.
Y Pablo de Tarso, con toda la fe y el amor y la esperanza en Dios que ha recibido, no se gloría de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado. El modelo de ser humano del que nos habla es el de alguien que no busca la grandeza, ni el poder, ni la soberbia ni la falta de misericordia, sino que vive su vida asemejándose a Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención (1Cor 1, 30).
La Palabra de Dios sigue hablándonos de Jesucristo como referente de vida verdadera. Es verdad que destruye la lógica de nuestro mundo y quizá nuestros propios proyectos, pero vemos cómo toda la Biblia (los profetas, los salmos, el mismo evangelio en el que el propio Jesús nos llama a vivir y la vida de Pablo, que ha vivido unido a él), nos dicen con certeza, la de quien ha hecho vida lo que cree, se abre por aquí.
Puedes descargarte el audio aquí.
Imagen: Jason Tuinstra, Unsplash
