En la primera carta a los Corintios, Pablo nos va a hablar de cómo se vive la vida cristiana después del encuentro con Cristo. Vamos a leerla en esta clave en que ha sido escrita: mirando a Jesús para abrirnos a vivir con, por y para Dios, al modo de Jesús.
1 No quiero que ignoréis, hermanos, que todos nuestros padres estuvieron bajo la nube y atravesaron el mar;2 todos se bautizaron en la nube y el mar uniéndose a Moisés;3 todos comieron el mismo alimento espiritual4 y todos bebieron la misma bebida espiritual; pues bebían de la roca espiritual que les seguía, roca que es el Mesías.5 Pero la mayoría no agradó a Dios y quedaron tendidos en el desierto.6 Esos sucesos nos sirven de escarmiento para que no deseemos el mal como ellos lo desearon.7 No seáis idólatras como algunos de ellos, de quienes está escrito: Se sentó el pueblo a comer y beber y se levantó a danzar.8 No forniquemos como hicieron algunos de ellos, y en un solo día cayeron veintitrés mil.9 No pongamos a prueba al Señor como hicieron algunos de ellos y perecieron mordidos por serpientes.10 No protestéis como algunos protestaron y perecieron a manos del exterminador.11 Todo esto les sucedía a ellos como figura, y se escribió para advertirnos a los que hemos alcanzado la etapa final.12 Por consiguiente, quien crea estar firme, tenga cuidado y no caiga.13 Ninguna prueba os ha alcanzado que sea sobrehumana. Fiel es Dios y no permitirá que seáis probados por encima de vuestras fuerzas; con la prueba os abrirá una salida para que podáis soportarla. 1Cor 10, 1-13
En este capítulo 10 de la primera carta a los Corintios volvemos a encontrar referencias para nuestra vida que nos permiten orientarnos hacia donde está la Vida.
Igual que Jesús nos había dicho No todo el que dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Mt 7, 21, Pablo nos advierte sobre nuestro modo de mirar, que tiene que dar lugar a un modo de vivir.
A veces pensamos que la cercanía de Dios es suficiente, y se trata de una conversión del corazón: todos nuestros padres estuvieron bajo la nube y atravesaron el mar… Pero la mayoría no agradó a Dios y quedaron tendidos en el desierto. Esos sucesos nos sirven de escarmiento para que no deseemos el mal como ellos lo desearon. Así, nos sigue advirtiendo Pablo, nuestras obras deben ir acompañadas de nuestras palabras: la infidelidad, la desconfianza, la rebeldía que manifiestan lo que hay en nuestro corazón, entonces y ahora.
Por esto, en nuestros días, no nos juzguemos a nosotros mismos, sino que quien crea estar firme, tenga cuidado y no caiga. Al contrario, las pruebas, esas que vivieron los israelitas de entonces y las que vivimos los cristianos de ahora, han de ser ocasión para volvernos a Dios, no para rebelarnos contra él. Las pruebas que nos toca vivir, por el contrario, han de ser vividas en la confianza de que Dios mismo mide la prueba que nos toca vivir, y ninguna es superior a nuestras fuerzas. Al contrario: en la prueba, Dios misericordioso abre una salida para poder soportarla.
Vemos en esta Palabra de hoy que los hechos de ayer son figura que nos ilumina para el hoy, y que nos da claves para seguir respondiendo a Dios, siempre fiel, al que reconocemos en su modo de actuar con los seres humanos.
Reconoce aquellos elementos de este fragmento con los que el Espíritu te mueve a vivir. Ten presente, también, el pedir por las hermanas y hermanos a los que llegará la bendición a través de ti.
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