1ª lectura: Hechos de los Apóstoles 6, 1-7
Salmo 32, 1-2. 4-5. 18-19
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 4-9
Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 1-12
Seguro que no te acercas del mismo modo al prospecto de un aparato doméstico que a una carta de amor, ¿verdad? Se nos hace bastante claro que cada uno de ellos necesita un abordaje diferente, y solo cuando nos acercamos desde esa clave diversa nos situamos bien ante lo que ahí se dice.
Asimismo, la Palabra de Dios requiere que te acerques de un modo diferente a los dos anteriores. Requiere que te acerques a ella como a lugar sagrado (como Moisés cuando, extasiado al contemplar la zarza que arde sin consumirse, es advertido por Dios acerca de cómo se tiene que disponer, Ex 3, 1-6).
Así sucede con todos los textos de la Biblia, y especialmente con los del Nuevo Testamento. Así sucede con el evangelio de hoy.
Es muy fácil, si nos quedamos a nivel superficial, leer el texto como una de esas palabras un poco extrañas que dice Jesús, más en el tiempo previo a su pasión y muerte, que de alguna manera parecen favorecer estas respuestas superficiales, un poco absurdas de los discípulos, en este caso, de Tomás y de Felipe (a esto se le llama “malentendido joánico”), y tiene la función de llevarnos más allá, visto que la interpretación superficial resulta insuficiente.
Efectivamente, la interpretación superficial que escuchamos aquí no nos basta: Jesús nos ha dicho que va a prepararnos un lugar, No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.
Si lo escuchamos a nivel superficial, no podemos entender, efectivamente, porque desde que conocemos a Jesús, hemos ido tomando conciencia de que él viene de más allá y nos lleva más allá Por eso, las interpretaciones fisicistas como la pregunta de Tomás acerca del camino físico (no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?), no nos valen. Felipe, por su parte, con una buena voluntad indudable que también resulta insuficiente (muéstranos al Padre y nos basta), a lo que Jesús responde con firmeza: Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? (…) ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí?
Cuando escuchamos esta corrección de Jesús, la que hace a Tomás y la que hace a Felipe, vemos que Jesús está hablando desde otro lugar. Podemos reconocer entonces la incomodidad que nos producían las palabras de Tomás y de Felipe (si lo han hecho), y podemos abrirnos, después de pedir al Espíritu Santo, que habita plenamente a Jesús, que nos muestre qué es lo que Jesús quiere decir. Porque lo que Jesús está diciendo no se refiere a un lugar físico, sino a una morada eterna, con él. Una morada que él va a ir a preparar, y nosotros tenemos certeza de ello porque hemos ido conociendo que lo suyo tiene que ver con lo eterno, que supera todo lo de nuestro mundo.
Asimismo, a la intervención de Felipe que no mira desde la fe sino desde su lógica humana, Jesús lo lleva a creer como única posibilidad de abrirse a sus palabras: ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Por lo tanto, es la fe, y no nuestra lógica humana, la que nos permite abrirnos a las palabras de Jesús.
Cuando te haces consciente de esta clave puedes abrirte a creer, en estas palabras concretas, lo que él mismo nos dice: Yo soy el Camino, la Verdad, y la Vida (…) yo estoy en el Padre y el Padre en mí , y tantas otras cosas enormes que Jesús nos dice para abrirnos a la Vida enorme que nos quiere entregar, la que Él es con el Padre y el Espíritu Santo.
Esto significa que ahora puedes, después de leer este comentario, guardar en el corazón esta llamada a la fe que nos ha hecho Jesús, sabiendo que esta es la clave para abrirse a todos los textos de la Biblia. Puedes pedir el Espíritu para orar con este texto y ser introducido en el misterio al que nos conduce Jesús. Puedes hacer lo mismo, después, con el texto de Hechos o con la primera carta de Pedro, acercándote a ellas desechando nuestra lógica humana “natural”, que se queda tan corta que falsea, y empezar a pedir luz para ser iluminada en lo que el Espíritu quiera mostrarte.
Por aquí, como verás, encontrarás una vía que es Camino, Verdad y Vida para leer la Biblia.
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Imagen: Mark Fletcher Brown, Unsplash
