En la primera carta a los Corintios, Pablo nos va a hablar de cómo se vive la vida cristiana después del encuentro con Cristo. Vamos a leerla en esta clave en que ha sido escrita: mirando a Jesús para abrirnos a vivir con, por y para Dios, al modo de Jesús.
1 Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.
2 Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.
3 Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.
4 El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece,
5 no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido,
6 no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.
7 El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 1Cor 13, 1-7
En la primera parte, en los versículos 1-3 en concreto, Pablo habla de aquellos dones que se consideraban tan valiosos, y lo son en verdad: aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles… pero si no tengo amor solo soy un tañido… un sonido que no se entiende.
En conjunto, Pablo nos dice que si no tengo amor no soy más que ruido, que no soy nada, que no valgo nada por grande que sea lo que hago… el amor, nos dice Pablo, es el que da sentido a todo lo demás.
¿Recuerdas que la semana pasada hablábamos de comunión? Ahora Pablo nos dice que sin el amor no hay fecundidad de ningún tipo. Nos muestra así la existencia entera comprendida la luz del amor y mostrada en su sin sentido cuando el amor falta: esta es la presentación que se nos hace del amor para decirnos que está por encima de todos los dones de los más generosos de los más admirables.
A veces decimos “sí, pero lo que se hace por los demás…”… y Pablo responde que si no tienes amor, nada vale nada. Por eso decimos que el amor es lo que da fecundidad a todo.
Después de presentarnos lo que es la vida la luz del amor, empieza a decirnos qué es el amor, y lo que nos dice es que el amor, lejos de la exaltación que viene a producirnos, es otra cosa: el amor es un abajamiento: es paciente, está al servicio de esa persona que tiene capacidad de impacientar; es servicial, está al servicio de aquellos que te necesiten; no se engríe, nunca está por encima; no es envidioso no hace alarde; no se engrandece, tampoco engaña, no procede con bajeza; no busca su propio interés no se irrita no tiene en cuenta el mal recibido… no sé si esto te va recordando algo, pero todo esto que se dice aquí nos habla de la cruz: Jesús se ha hecho el último de todos para salvarnos a todos nos dirá el propio Pablo. Jesús es el Amor de Dios. Es por amor que se ha puesto a los pies de todos para salvar toda la realidad. El amor manifiesta a Dios, algo que ya desde el Antiguo Testamento se nos dice muchas veces de Dios: no tiene en cuenta el mal recibido, se olvida de las ofensas. Pablo nos sigue diciendo: no se alegra de la injusticia sino que se regocija con la verdad, para lo cual, como decíamos la semana pasada, hay que estar vacío de lo propio. Esto se da en proceso, y no por el propio deseo o las propias fuerzas.
El amor es Dios, como hemos dicho. Por eso dice el amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera: Pablo está hablando de la fe y de la esperanza, de las que en la siguiente perícopa nos va a decir algo. Finalmente nos dice: todo lo soporta y quien soporta todo es Jesús en la cruz. Cuando tú vivas unida, unido a Jesús, entonces irás soportando todo aquello que unida a Jesús se te conceda soportar. Este es el amor cristiano. Este es el amor que salva la realidad.
Este es el amor que, porque Cristo ha resucitado, se nos propone para vivir.
Reconoce aquellos elementos de este fragmento con los que el Espíritu te impulsa a vivir. No dejes de pedir, también, por las hermanas y hermanos que también buscan escuchar a Jesús para vivir de Él.
Imagen: Jakub Dziubak, Unsplash
