En la primera carta a los Corintios, Pablo nos va a hablar de cómo se vive la vida cristiana después del encuentro con Cristo. Vamos a leerla en esta clave en que ha sido escrita: mirando a Jesús para abrirnos a vivir con, por y para Dios, al modo de Jesús.
10 A nosotros nos lo ha revelado Dios por medio del Espíritu; pues el Espíritu lo explora todo, incluso las profundidades de Dios.11 ¿Quién conoce lo propio del hombre sino el espíritu humano dentro de él? Del mismo modo nadie conoce lo propio de Dios si no es el Espíritu de Dios.12 Ahora bien, nosotros hemos recibido no el espíritu del mundo, sino el Espíritu de Dios, que nos hace comprender los dones que Dios nos ha dado.13 Exponemos esto no con palabras enseñadas por la sabiduría humana, sino enseñadas por el Espíritu, explicando las cosas espirituales en términos espirituales.14 El hombre meramente natural no acepta lo que procede del Espíritu de Dios, pues le parece locura; y tampoco puede entenderlo, porque sólo se discierne espiritualmente.15 En cambio el hombre espiritual lo discierne todo y no se somete a discernimiento ajeno.16 ¿Quién conoce la mente del Señor para darle lecciones? Pero nosotros poseemos la mentalidad del Mesías. 1Cor 2, 10-16
Después de hablar a los Corintios del modo como mira Dios y del modo como mira el mundo, judíos y griegos por igual, que los incapacita para comprender a Dios porque solo la fe lo hace posible, pasa Pablo a mostrar a los Corintios cuál es el modo de conducirse del Espíritu Santo que Dios ha revelado a los creyentes. Por eso, a partir de aquí, Pablo no va a hablar al modo del mundo, sino al modo de Dios, que nos hace comprender lo de Dios por su Espíritu: Exponemos esto no con palabras enseñadas por la sabiduría humana, sino enseñadas por el Espíritu, explicando las cosas espirituales en términos espirituales. En el capítulo 1, Pablo nos mostraba la impotencia de las sabidurías humanas para comprender a Dios, lo que hace que dichas sabidurías se estrellen. Aquí nos habla de ese modo meramente natural que como no puede reconocer a Dios, no lo acepta porque solo ve lo propio, mientras que el hombre espiritual lo discierne todo y no puede, a su vez, discernido, porque es el mismo Espíritu quien actúa en él y lo conduce.
El Espíritu que lo conduce, no solo es que lo haya separado de lo meramente natural y esto le permita discernir, sino que mira al modo de Dios: nosotros poseemos la mentalidad del Mesías, que nos permite conocer la realidad al modo de Dios. Comprender, en medio del mundo, dónde y cómo actúa Dios, dónde es adorado y servido, dónde es ignorado, incluso si se habla de Él…
El Espíritu de Dios, conduciéndonos, es quien nos lo muestra. Pidamos reconocer y dejarnos conducir por el Espíritu, según Pablo nos lo presenta, como condición de vida nueva, de vida cristiana.
Reconoce aquellos elementos de este fragmento con los que el Espíritu te impulsa a vivir. No dejes de pedir, también, por las hermanas y hermanos que también buscan escuchar a Jesús para vivir de Él.
Imagen: Christina Rumpf,Unsplash
