En la primera carta a los Corintios, Pablo nos va a hablar de cómo se vive la vida cristiana después del encuentro con Cristo. Vamos a leerla en esta clave en que ha sido escrita: mirando a Jesús para abrirnos a vivir con, por y para Dios, al modo de Jesús.
1 Yo, hermanos, no pude hablaros como a hombres espirituales, sino como a simples hombres, como a niños en la vida cristiana.2 Leche os di a beber y no alimento sólido, pues aún no podíais con él; ni ahora podéis,3 dado que aún os guía el instinto. Pues si hay entre vosotros envidias y discordias, ¿no os dejáis guiar por el instinto y por criterios humanos en vuestra conducta?4 Cuando uno dice: yo estoy por Pablo, y otro: yo por Apolo, ¿no os quedáis en simples hombres?5 ¿Quién es Apolo?, ¿quién es Pablo? Ministros de vuestra fe, cada uno según el don de Dios.6 Yo planté, Apolo regó, pero era Dios quien hacía crecer.7 Así que ni el que planta cuenta ni el que riega, sino Dios que hace crecer.8 El que planta y el que riega trabajan en lo mismo; cada uno recibirá su salario según su trabajo.9 Nosotros somos colaboradores de Dios, vosotros sois labranza de Dios y construcción de Dios.10 Según el don que Dios me ha dado, como arquitecto experto puse el cimiento; otro sigue construyendo. Que cada uno se fije en cómo construye. 1Cor 3, 1-10
En el c. 2 que veíamos la semana pasada, Pablo ha estado profundizando en la distinción entre los que viven según el instinto y se dejan guiar por criterios humanos, y los que se dejan conducir por el Espíritu. Con esta distinción profundiza sobre lo que les ha dicho de la sabiduría de la cruz, que es el modo de Dios de triunfar sobre la sabiduría del mundo, que judíos y griegos valoran por encima de todo.
Después de haber profundizado como lo hace, ahora se dirige a ellos de nuevo, no de modo general, sino concreto, y les dice que ellos, que se sienten tan bendecidos y tan superiores, son como niños que se dejan guiar por el instinto, y no han crecido, como se revela por sus modos de actuar, como deberían haber hecho.
Y les indica quiénes son ellos en realidad: no quienes piensan que son por su amor a la sabiduría (siquiera la religiosa) o por los dones recibidos, sino que son labranza de Dios y construcción de Dios, tierra y edificio en la que ellos, los misioneros, son colaboradores de Dios. Y aún les añade, a ellos que se apropian de sus dones, que él, Pablo, los utiliza según el don que Dios me ha dado, y no según cualquier otro criterio. Y todo misionero que venga después ha de estar atento a cómo construye, de modo que este caminar sea según Dios.
Nos importa enormemente, a la hora de mirar nuestra vida, discernir si estamos viviendo según Dios, como Jesús que al hacerse hombre ha vivido conducido por el Espíritu, o si estamos viviendo según el instinto, que nos hace esclavos de nosotros mismos o de otros.
Importa mucho, por tanto, preguntarnos cómo vivimos, a qué Espíritu nos sometemos…
Reconoce aquellos elementos de este fragmento con los que el Espíritu te impulsa a vivir. No dejes de pedir, también, por las hermanas y hermanos que también buscan escuchar a Jesús para vivir de Él.
Imagen: Nathan Dumlao, Unsplash
