Santísima Trinidad. Lección de sabiduría

1ª lectura: Lectura del libro de los Proverbios 8, 22-31

Salmo: Sal 8, 4-5. 6-7a. 7b-9

2ª lectura: Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 1-5

Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará.

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La Palabra de Dios nos ofrece en este día algunos elementos para ahondar en el misterio de la Santísima Trinidad. Siempre que hablamos de “misterio” en este sentido profundo, referido a Dios, se despiertan en nuestro interior el anhelo y el temor, que delatan nuestro suelo, la hondura desde la que nos situamos para vivir.

En estas lecturas se nos habla de la realidad tal como es a la luz de Dios, de su mirada. A menudo miramos desde nosotros (hasta el punto de que quizás, cuando has leído esto, has dicho, ¿y cómo voy a mirar yo desde la mirada de Dios?), pero el Espíritu de Dios que hemos recibido, nos da mirar la realidad con la mirada de Dios. Ya te imaginas, aún si no tienes experiencia de ello, que este es otro modo de mirar.

Y este mirar es un mirar que se manifiesta como sabiduría. La sabiduría, en nuestro mundo, es una capacidad que algunos desean –aunque también hay muchos otros, en nuestros días, que se conforman con adquirir conocimientos-. La sabiduría es ese modo de saber que no está hecho solamente de datos, ni solamente de haceres, ni solamente de experiencia, sino que, asumiéndolas en alguna medida, las sintetiza y las supera porque conoce el valor de cada una y, porque mira desde otro lugar más profundo y ve más allá de lo constatable, conoce el peso de todo y el valor de todo. O lo va adquiriendo… la sabiduría, porque es recibida, también se adquiere.

Como hemos dicho en el título, hoy tenemos lección de sabiduría. Y es que, al zambullirnos en el misterio de la Trinidad, descubrimos que Dios, que lo es Todo, es todo-para-nosotros, es Todo-Dándose, y nos da acceso a Su misterio, nos atrae hacia él (pues estamos hechos para Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo), hablándonos de Sí, para que conociéndole, deseemos conocerle más.

Y lo que nos dice de Sí nos aportará sabiduría. Y la sabiduría nos llevará a Dios. Los conocimientos a veces nos llevan a Dios, y otras nos dejan prendidos en nosotros. La sabiduría, que nos lleva a trascender y nos abre al misterio de la realidad, no niega a Dios, sino que está abierta a su Presencia. La sabiduría aparece como la clave para situarse en la realidad, y como la puerta que nos da acceso al misterio de Dios, ante Quien nos descalzamos y reconocemos nuestra pobreza, nuestra incapacidad.

La sabiduría es, como nos dice la primera lectura, la que nos permite reconocer la belleza, la armonía, la profundidad de todo lo creado y las cualidades que ha recibido cada una de sus criaturas y gozarnos por ellas y con ellas, siendo así, nosotros mismos, criaturas de Dios en las que Él encuentra alegría, sus delicias. Cuántas veces nos preguntamos cómo situarnos ante las cosas de nuestro mundo, cómo admirarnos, cuál es el límite y el sentido de cada una… la sabiduría creada por Dios es la que nos dota de sabiduría.

La sabiduría, esta sabiduría que mira al modo de Dios, es la que nos permite reconocer y vivir que la justificación por la fe de la que habla Pablo es la que nos justifica, que es la esperanza en su salvación la que nos hace descansar en sus promesas. Una sabiduría que nos ha revelado que la vida se vive según el signo de la cruz de Jesús, pues las tribulaciones ya no son lo que nos derrota y nos hace temer, sino que son ocasión para acrisolarnos a nivel humano –nos aportan paciencia, nos fortalecen en la virtud-, y nos fundamentan a nivel creyente: en la fe, en la esperanza de obtener el amor de Dios, que es el Espíritu Santo. La sabiduría nos hace saber y vivir desde lo que, en verdad, nos ha traído la vida.

El Espíritu Santo, el mismo Dios, nos guiará hasta la verdad plena: no solo nos dotará de sabiduría y nos enseñará a vivir de ella, sino que el mismo Espíritu, habitando en nosotros, nos comunicará el sentido de todo, y muy especialmente de lo que en verdad importa: el amor de Dios, Padre, Hijo y Espíritu, que se ha manifestado en la creación, que nos ha traído la vida entregándose por nosotros, que se entrega hasta el fin de los tiempos por Amor y nos une a esta glorificación eterna al enseñarnos estas verdades plenas de misterio y de riqueza, que prenden en nuestro corazón y hacen de nuestra vida glorificación de Dios.

La mirada que se nos daba para poder comprender la realidad según Dios es una mirada plena de sabiduría que va comprendiendo el sentido de las cosas y alaba por ello a Dios que las ha creado; una sabiduría que se entrega a la realidad según el amor del Hijo, porque en todas las cosas y en todas las personas ve el rostro del Hijo, que ha glorificado al Padre al entregarse por todos; una sabiduría que llegará a su plenitud por la acción del Espíritu, que lleva todo lo creado, todo lo redimido, todo lo pasado, presente y futuro a su Verdad plena, que es Dios, el sentido y la plenitud de todo, en quien todo encuentra su verdad y su descanso.

La sabiduría, que estaba desde el principio, nos guiará para ser llevadas a lo que está por venir.

Imagen: Cosmic Timetraveler, Unsplash

 

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