Lectura del libro de Isaías 45, 1. 4-6
Salmo 95, 1 y 3.4-5.7-8a. 9-10ac
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 15-21
Isaías nos dice en la primera lectura que Ciro, el victorioso rey de Persia, es su Ungido.
Esto, cuando menos, nos sorprende: “nosotros pensábamos” que el Ungido de Dios era alguien que estaba conscientemente a su servicio, y he aquí que el rey de Persia también es su Ungido.
Si lo piensas un poco más, ojalá no te extrañes tanto. Así es: Dios le dice a Ciro: Por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título de honor, aunque no me conocías. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay Dios.
Así lo proclama también el salmo, ante todo el que quiera escuchar. Con ello nos dice que es Dios quien ha hecho a Ciro su Ungido, y lo ha hecho en favor de Israel. Aunque Israel tenga la impresión de que Ciro le ha vencido, aquí también se están cumpliendo los planes del Señor, que son amorosos y nos llevan, incluso si es a través del sufrimiento, a la vida.
Esto mismo está implícito en las palabras de Jesús cuando da esa respuesta llena de fe y llena de luz a los taimados judíos: Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Los fariseos y los herodianos, aunque hayan meditado y comentado aquel texto de Isaías, no han creído realmente en Yahvé al proclamarlo. Jesús en cambio, incluso en este momento de amenaza, lo tiene claro: Pues dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.
Para Jesús, el Hijo de Dios, está claro que el César, como antes Ciro de Persia, está sometido a Dios. No importa nada que el César no lo sepa. No importa nada que él crea en sus dioses e incluso que piense que sus dioses son iguales o superiores al Dios de Israel. La verdad es lo que Yahvé proclama a través de Isaías: Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay Dios.
Vamos a tenerlo presente también nosotros. En esas situaciones políticas que nos sobrepasan, como lo eran la de Ciro o la de César en su momento. En las infinitas situaciones concretas que se dan cada día, como cuando vengan unos a burlarse de tu Dios para hacerte caer en trampa, como ahora le sucede a Jesús. Incluso si su trampa busca, de fondo, acumular pruebas contra tu vida. Si consientes en la verdad de Dios que se te ha revelado, si lo honras, si te adhieres a la verdad que se te ha revelado, estás honrando al Único que merece honra y amor infinitos.
Así es como vivimos en el Amor de Dios en lo concreto. Así como lo expresa humildemente Pablo cuando escribe a los Tesalonicenses, cuando los reconoce como elegidos por Dios: pues cuando os anuncié nuestro evangelio, no fue solo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y con plena convicción.
Que nosotros también dejemos pasar al Espíritu a través de nuestras palabras y de nuestra vida toda, como lo hacen Pablo, Silvano y Timoteo haciéndose así imagen de Jesús.
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Imagen: Alex Iby, Unsplash

Si, a mí me pasa que las ciencias de la psicología, las emociones… Me resultan poderosas, como si fueran la llave humana que tienen el poder de llegar a la perfección. Y esto no sé llevarlo con la fe
Buenos días, Koro
en el comentario que haces para el blog, pensaba que puedes hacer una prueba: coger una de esas soluciones de la psicología y una de esas palabras que dice el evangelio, y lleves cada una hasta el final.
Verás que la psicología dice verdad (si la dice, que hay muchos planteamientos diversos), a un nivel, y el evangelio a otro que no es objetivable, que requiere de confianza y que, paradójicamente, si lo leemos del modo en que se ha dicho, vale para siempre.
Haz la prueba.
“El dejarnos desafiar por los modos de hacer de Dios sacude nuestra mirada acostumbrada”
¡Gracias!
Abiertas a los desafíos, Ana!!