En estas entradas leeremos el capítulo 22 del evangelio de Lucas. De las muchas cosas que podemos aprender en cada uno de los textos, hay una que es esencial: escuchar esta palabra como Buena Noticia que es, de manera que ilumine y configure nuestra vida al modo de Dios.
En esta entrada y en las que siguen, leeremos la Palabra así, como Buena Noticia.
—Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo. Pero yo he rezado por ti para que no falle tu fe. Y tú, una vez convertido, fortalece a tus hermanos. Pedro le respondió:
—Señor, yo estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel y a la muerte. Le respondió Jesús:
—Te digo, Pedro, que no cantará hoy el gallo antes de que hayas negado tres veces que me conoces. Y les dijo:
—Cuando os envié sin bolsa ni alforja ni sandalias, ¿os faltó algo?
Contestaron:
—Nada. Les dijo:
—Pues ahora quien tenga bolsa lleve también alforja, quien no la tenga, venda el manto y compre una espada. Os digo que se ha de cumplir en mí lo escrito: fue tenido por malhechor. Todo lo que se refiere a mí toca a su fin. Le dijeron:
—Señor, aquí hay dos espadas.
Les contestó:
—Basta ya. Lc 22, 31-38
Cuando escuchamos este evangelio, desde nuestra mirada humana natural, nos cuesta ver la Buena Noticia: aquí se habla de cosas muy duras. Jesús le dice a Pedro que Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo.Pero yo he rezado por ti para que no falle tu fe. Y tú, una vez convertido, fortalece a tus hermanos. La oración de Jesús tiene que pasar primero por la prueba, por la tentación, por la caída. Esa oración de Jesús le obtendrá la conversión, y por eso, una vez convertido, confirma a tus hermanos.
Las palabras encendidas de Pedro, de quien no conoce su propio pecado, promete lo que no puede cumplir.
Se dirige ahora a los demás discípulos, y les recuerda que cuando los envió anteriormente, no les faltó de nada, mientras que ahora tendrán que enfrentarse a una batalla. En esa batalla, la de entonces y la de ahora, Jesús va a estar con nosotros, pero también nos encarga que pongamos todos los medios que corresponda en cada caso. Nos suele costar esto, nos suele costar el camino por el que nos toca vivir la fe en Jesús, nos suele costar nuestra infidelidad, o la increencia propia y de otros, o la mirada que nuestro mundo tiene sobre Jesús (fue tenido como malhechor), y nos resistimos a batallar, al modo de la fe, no poniendo la esperanza en la espada, en esta vida que él ha bendecido y rescatado para siempre a través de su entrega, a través de su victoria.
Para ello, miramos a Jesús, el autor y perfeccionador de nuestra fe (Heb 12, 2), que nos conduce a lo largo de este camino de discipulado, de humanidad y de unión con Dios.
Pedimos al Espíritu que ilumine y transforme nuestras vidas, en favor de muchos, a la luz de lo que la Palabra que Dios viene a mostrarnos. Que la lectura de esta Buena Noticia te ayude a reconocerla en otros textos también.
Imagen: Nathan Dumlao, Unsplash
