1ª lectura: Eclesiástico 15, 15-20
Salmo 118, 1-2.4-5.17-18.33-34
2ª lectura: 1 Corintios 2, 6-10
Evangelio: Mateo 5, 17-37
En este día se nos habla de sabiduría. Quizá eres de las personas que desean adquirir sabiduría al final de su camino, que es donde se puede dar. Seguro que, si eres de las personas de las que la desean, en el texto de la primera lectura has reconocido huellas de esa sabiduría que, después del recorrido que hagamos, nos van a remitir a Dios (y es por el regalo de la fe que pueden remitirnos a Dios) mostrándonos que nuestra sabiduría, como una ola que rompe en la orilla, se topa con una Sabiduría mayor que colma, o reorienta, o desborda la nuestra.
El salmo nos habla del deseo de tantas y tantos creyentes que ha optado por orientar su vida desde el querer de Dios. Un querer que no se somete, sino que va aprendiendo a desplegarse desde Su voluntad, que se revela luminosa, compasiva, sabia, profunda… que nos abre más allá de nosotros mismos, que nos ensancha nuestra mirada y nuestro corazón por encima de todo lo que pudiéramos imaginar, incluso creer.
Luego llega, si venimos a mirar desde la cronología, la proclamación de Jesús, la Sabiduría de Dios, que lleva la ley más allá y nos enseña así de qué manera se interpreta la ley. Lleva más allá la ley, y lleva más allá nuestro modo de entenderla: nosotros entendíamos la ley como lo máximo, no solo porque había sido dada al pueblo en el Sinaí, sino porque ellos la interpretaron, en medio de sus tensiones, pasos atrás y nuevos síes a Yahvé, como el modo de hacer Su voluntad, el querer de Dios que, cuando empezamos a ver, colma nuestra vida.
Y he aquí que llega Jesús y nos muestra que él es la plenitud de la ley: la plenitud que es que no te quedes en la ley, sino que obedezcas a Dios en eso que es imposible para nosotros: no solo no minusvalorar la ley desde el más que es Jesús, sino que cumplas hasta eso, imposible para nosotros (¡vuelve a leer el texto y verás que lo que Jesús nos llama a vivir, es imposible para nosotros!) y que solo es posible para Dios (cf. Lc 18, 27), y que por tanto, solo a Dios corresponde realizarlo en nosotros. Ya tenemos en el centro, como hemos visto en Jesús, el señorío de Dios que nos llama a la relación con él y quiere vivirlo todo con nosotros.
Desde ahí comprendemos la palabra de Pablo que escuchamos en la segunda lectura, y que procede de Jesús: una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. La sabiduría que hemos contemplado en Jesús, el Cristo, que nosotros recibimos por el don del Espíritu, que nos lleva a vivir como hijas e hijos de Dios, en obediencia y adoración del Padre.
Esta es la vida al modo de Jesús.
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Imagen: Oscar Keys, Unsplash

¿Quién es ese “Yo os digo”, es decir, Jesús, en mi vida? ¿Qué autoridad tiene? ¿Qué relación tenemos Jesús y yo para abrir mi vida entera ante su Palabra?
Resuena fuerte en mí interior: “yo te digo”, el mismo Jesús que me muestra y devuelve en las curaciones de los Evangelios, la vida. Hoy ahí me dejo escuchar: “Yo os digo”…
Una palabra poderosa, ese “Yo os digo”. Una palabra que resitúa todas nuestras palabras, nuestras opiniones. Nuestras tradiciones y nuestras certezas, incluso…
Gracias por tu comentario, Teresa. A mi me ayuda mucho a entender esta lectura. Este texto me cuesta porque tiendo a pensar que se nos plantea una ley más, una ley por encima de todas las leyes, la que viene de Dios, más exigente si cabe que las previas… pero no van por aquí los tiros. Como dices, esto va de otra cosa, ni de leyes, ni de exigencias, ni de hiper-responsabilidades (esos son rollos míos 🙂 ). Va de plenitud, de promesa, de acompañamiento por el Espiritu, de sabiduría misteriosa, de posibilidad, de transformar el corazón y querer lo suyo más que todas las cosas.
¡Qué alegría que se te dé verlo así, Mónica! Verlo así habla de que nos ha cambiado la mirada, y así nos cambia la vida!!!
Habéis oído , suena a conocido a cerrado, a lo de siempre. Pero yo os digo suena a abierto, a nueva forma de hacer, de ser, a fiarse que lo que viene de Dios nos abre a otra manera de estar en el mundo, de entender la vida. Dame Jesús el vivir a tu modo, a permanecer atenta a ese” yo te digo” que tienes para mi, a llevarlo a mi vida de cada día ,a fiarme de que ese “yo te digo” está cargado de vida plena.
Qué grande, Neus, elegir la vida cada vez, cada día! Nos hacemos eco de tu petición. La hacemos nuestra. La hacemos contigo.
“Un modo de ser en el mundo que, estando unido a Jesús, sabe a Jesús, da a Jesús en cada encuentro, en cada cosa, en todo.”
A mi esta frase me llama, como dejarme transformar por Jesús y por el Espiritu con su sabiduría misteriosa. Como dicen arriba, escogiendo cada día. En mi caso, escoger la oración para poder escuchar mejor y ser dócil.
Sin duda, Ana, la oración es un medio poderoso para dejarnos transformar. Esa oración que se abandona y se deja hacer.
Me ha ayudado mucho el comentario porque me costaba entender la lectura de este domingo. Me ha ayudado para ver cómo lo que propone Jesús es mucho más: ser más justos que los fariseos. Y es que habla de decir tu verdad, la verdad de lo que hay en tu corazón, y eso es lo que verdaderamente eres, no según te ajustes o no a alguna ley.
Vivir con la referencia de la ley que nos hace sentir culpables, responsables o no, dignos o no, nos habla de deberes que de no cumplir tendrán unas consecuencias que también nos atan. Todo ello me lleva a alejarme de reconocer las verdaderas intenciones del corazón. Si consigo reconocer honestamente mi verdad de hoy desde ahí Jesús me llevará más allá.
Me gusta cuando dice sea vuestro sí, sí, sea vuestro no, no, sin explicaciones, ni justificaciones, sin defensas.
Gracias a ti, Marta, por tus ecos, que también nos dan nuevas perspectivas sobre la lectura. Entre todas, nos ayudamos a comprender mejor lo que dice Jesús, para vivirlo!!
Algo que me mantiene admirada es darme cuenta de que ignoro lo de Jesús, aunque comprenda sus palabras.
Con lo “suyo” viene él. Y lo hace él. No tiene explicación.
Es así como nos invita a seguirle…
Sí. Y hay que quitar lo demás, lo que estorba, para abrirse a Él, a su persona, a su vida. Gracias, María Luisa