En la primera carta a los Corintios, Pablo nos va a hablar de cómo se vive la vida cristiana después del encuentro con Cristo. Vamos a leerla en esta clave en que ha sido escrita: mirando a Jesús para abrirnos a vivir con, por y para Dios, al modo de Jesús.
12 —Todo me está permitido, decís. Pero no todo conviene.
—Todo me está permitido, pero no me dejaré someter por nada.13 —Los alimentos para el vientre y el vientre para los alimentos, decís, y Dios acabará con ambos. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo.14 Y Dios, que resucitó al Señor, os resucitará a vosotros con su poder.15 ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros del Mesías?
Y, ¿voy a tomar los miembros del Mesías para hacerlos miembros de una prostituta? ¡De ningún modo!16 O ¿no sabéis que quien se une a una prostituta se hace un cuerpo con ella? Pues dice que formarán los dos una sola carne.17 Pero el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con él.18 Huid de la fornicación. Cualquier pecado que el hombre comete queda fuera del cuerpo, pero el fornicario peca contra su cuerpo.19 ¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que recibís de Dios y habita en vosotros? De modo que no os pertenecéis.20 Os ha comprado pagando un gran precio, por tanto glorificad a Dios con vuestros cuerpos. 1Cor 6, 12-20
Seguimos, en esta segunda parte del capítulo 6 que continúa hablándonos de discernimiento, de situaciones que otros misioneros le han contado a Pablo que suceden en la comunidad de Corinto, y sobre las cuales Pablo les ilumina a la luz de Cristo.
Los Corintios dicen todo me está permitido, afirmando para ello la libertad cristiana. Efectivamente, al cristiano todo le está permitido, mas no todo conviene, porque al afirmar esto no estoy, yo mismo, sometiéndome a Dios (todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios, escuchábamos en el capítulo 4), sino haciéndome a mí misma, a mí mismo, dios.
Por eso, Pablo les dice cómo ha de vivirse la relación con el cuerpo de manera que no haga un dios de los alimentos ni del sexo, porque hay un modo de vivir ambos, hay un modo de relacionarse con el cuerpo que es idolatría, y revela que he puesto al cuerpo, y mi placer, por encima de todo, en vez de poner por encima de todo a Cristo y la adoración a él, que es mi Señor.
Los criterios de discernimiento que vamos encontrando en los cc. 5 y 6 nos iluminan para vivir al modo de Jesús: tener como referente su entrega salvadora por nosotros, que nos permite vencer al pecado; tener como referente el ejemplo de Jesús como siervo sufriente para no dejarnos seducir por los bienes hasta el punto de ponerlos por encima de lo demás; querer más lo que ha hecho el Señor en nuestra vida –vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo-, que cualquiera de nuestros deseos.
Dichos criterios nos enseñan, también a nosotros, a vivir al modo de Jesús. Nos iluminan, también, sobre la necesidad de discernir.
Reconoce aquellos elementos de este fragmento con los que el Espíritu te impulsa a vivir. No dejes de pedir, también, por las hermanas y hermanos que también buscan escuchar a Jesús para vivir de Él.
Imagen: Weronika Karczewska, Unsplash
