Lectura del segundo libro de los Reyes 4, 8-11. 14-16a
Salmo 88, 2-3.16-17.18-19
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-4. 8-11
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 37-42
Es posible leer los textos de la Biblia desde lo que llamamos “sentido común”. Desde lo que llamamos “entendimiento” o lógica humana. Ahora bien, este modo de entender las cosas es aquel que Jesús reprocha a Pedro cuando, al anunciar Jesús la pasión, la muerte y la resurrección que va a padecer, Pedro se niega, desde su buena voluntad, a admitir que eso pueda suceder. La respuesta de Jesús a la corta mirada de Pedro le dice: Piensas como los hombres, no como Dios (Mc 8, 27-33). Y es que cuando se trata de Dios, tenemos que pedirle a Él sacudirnos nuestra lógica humana, mundana, y abrirnos a mirar desde la fe, que nos abre a captar, aunque sea un poco, la mirada de Dios.
Es la fe la que nos permite leer, en la promesa que Eliseo hace a la mujer, una promesa al modo de Dios, algo que es mucho mayor que un agradecimiento en respuesta a la generosidad de esta, y puede ver, atravesándolo todo, la misericordia y la gracia de Dios con que, a través de Eliseo, bendice a la mujer.
Es la fe la que puede alabar con el salmista las maravillas de Dios en favor de su pueblo que, contemplando sus acciones, vive para celebrarlo y cantar sus maravillas.
Es la fe la que hace proclamar a Pablo que la realidad del bautismo actualiza para los creyentes la muerte del pecado y la vida nueva en Cristo que nos ha venido por su muerte y su resurrección.
Es la fe la que nos permite reconocer, a quienes hemos hecho, o vamos pidiendo a Dios que haga de Jesús el centro de nuestra vida, que las realidades que en nuestro mundo se categorizan de un modo, se vivan, como es en realidad, según la valoración que ha hecho de ellas Jesús: el amor a los padres o a los hijos se mide desde la centralidad de Jesús, y lo mismo la vida y la muerte. Asimismo, cualquiera de los gestos con los que nos comunicamos con aquellos que vienen de Dios, han de estar atravesados por el amor a Dios que está al fondo de cada uno de ellos.
Se trata, por tanto, de ver toda la realidad a la luz de la fe, porque solo la fe, que pone en el centro a Jesús, que es el Centro de toda la realidad, nos permite ver y vivir las cosas como realmente son.
Quizá se te hace costoso, o difícil, o imposible, esta llamada a vivirlo todo a la luz de la fe. Y es así: como Jesús nos ha dicho otras veces, para vosotros es imposible, solo Dios lo puede todo (cf. Mc 10, 27). Por tanto, si deseas, y será un deseo que el Espíritu Santo pone en ti, vivir de fe de modo que Jesús sea el centro de tu vida, de la vida, pídeselo a Dios, que te lo concederá. A veces tenemos miedo de pedir a Dios estas cosas porque no nos fiamos de lo que pueda ser la vida si nosotros no estamos en el centro. Pídele entonces esto también a Dios: que haga que puedas pedírselo, que empieces a desearlo… Él también hará que llegues un día a vivirlo.
Y si ya lo vas deseando, si incluso puedes decir que lo vives o deseas vivirlo… pídelo para otras personas. Para más y más cada vez.
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Imagen: Davide Ragusa, Unsplash

Se me acelera el latido y la sonrisa del alma cuando me doy cuenta de eso que quiere Jesús para nosotr@s, para tod@s… De que amar a Dios en todo y mirar así, sin pesos ni calculadora, sería posible en mi vida a diario…se me llena el cuerpo de alegría!! Conozco ese modo, con cuentagotas, pero lo conozco y eso me hace cantar “Viva nuestro Dios!, qué hermosísimo es…”!!!
Qué fortuna tan grande la nuestra, vasicos de barro tan amados… Que podamos dar de beber Tu Agua, que el Espíritu nos enamore de Ti, Señor!!
Gracias por recordarme con este post ese modo posible…aquí, hoy, ahora…
Inténtalo un rato, Nerea, y luego otro, y otro… y cuando se me olvida a mí, me lo recuerdas tú, y cuando se te olvida a ti te lo recuerdo yo, u otra persona, u otra… ¡qué bueno que el Espíritu, que se encarga de esto y de todo lo que importa, nos lo va recordando a cada rato! Aquí, hoy, ahora… ¡vive enamorada!
Me encantó Teresa.. Gracias, gracias por ponerle palabras… ¡Qué preciosidad es vivir enamorada, así! Desde las entrañas hasta en los detalles más chiquitines en los.que consientes a su modo, que me recrea con amor y hace semejanza, embellece y llena de vida…. sí, así es, ese ie.deshaciéndote como la cera al calor de la luz y pase lo.que pase, porque todo cabe y nada sobra, no puedes querer otra cosa que ser lo que eres: moldeada, una sola cosa, con Jesús, el Amor..
¡¡Y cómo nos ayudamos al compartirlo, Pil!! ¡¡Gracias por poner palabras a las palabras del blog, enriqueciendo así nuestras experiencias y nuestro enamoramiento!!
Cuando alguien está enamorado tiene un rostro especial.
La mujer de Sunén captó el Amor, la santidad de Dios, en el rostro de Eliseo (que a su vez camina a la luz del rostro del Señor), lo acogió en su casa, se mostró generosa con Él y Dios mostró su misericordia con ella. Qué fluido amoroso más bello.
Si vivo para Dios se reflejará en mi rostro alegría en los actos cotidianos y los demás recibirán el amor que Dios me da, así es como puedo llevar a Jesús.
Y vivir para Dios es experimentar su presencia en las cosas y las personas.
Gracias Teresa por esta oportunidad de reflexión.