Lectura del libro del Eclesiástico 27, 30- 28, 9
Salmo 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 14, 7-9
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 21-35
Con las lecturas de este domingo, como ocurre todas las semanas, tendríamos para dar vueltas en nuestro corazón durante toda la semana. Ojalá te pongas a ello. Te dará mucha vida.
Hoy venimos en primer lugar a la parábola, que tiene tanto que enseñarnos.
Todos los días tenemos noticia de sufrimientos, de injusticias. Tantos, que nos parecen lo normal. Esta parábola nos habla de una de esas injusticias que nos escandalizan gravemente: a un hombre se le ha perdonado una gran deuda que tenía y él, lejos de despertársele agradecimiento y generosidad en respuesta, se lanza corriendo sobre un compañero que le debe una pequeña cantidad y lo mete a la cárcel por ella. Sus compañeros se escandalizan al ver su falta de compasión y van a decírselo al que le ha perdonado a él la deuda. De nuevo, aquí, encontramos el escándalo que produce la falta de fraternidad: Si yo tuve compasión de ti porque me lo pediste, ¿no debías tú tener compasión de tu hermano? En la crueldad de este hombre con su compañero se manifiesta nuestra dureza de corazón. Por todo lo que hemos recibido, que es tanto, nuestro corazón podría estar agradecido y perdonar a nuestros hermanos: ¿qué sucede para que no sea así, para que nos cueste tanto perdonar?
Dios, en cambio, a quien se refieren en último término todas nuestras faltas de amor, nuestra falta de fraternidad, no es así como responde: Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa, y te colma de gracia y de ternura. El salmo nos dice cómo es el Señor con nosotros. Déjate amar así por el Señor, que progresivamente irá cambiando tu corazón, que pasará, por esa comunión profunda que os produce la relación con Dios, de dureza a compasión, y de rencor a perdón. A nosotros nos parece imposible, y sin duda, para nosotros mismos lo es. Pero el Señor ha dado la vida por nosotros: Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de muertos y vivos.
Cuando te experimentes muerta por la angustia, por la tristeza o por el rencor, por el odio o por la amargura, vuélvete a Jesús crucificado y pídele, con fe, que te rescate de la muerte que te atenaza. Jesús ha muerto y ha resucitado para que tengamos vida.
Cree en sus palabras, y cree en esta vida victoriosa que es la suya.
Te salvarás, y traerás la salvación a otros.
Puedes descargarte el audio aquí.
Imagen: Tom Pumford, Unsplash

Este año ojala sea de amnistia general, desde mañana; ahi va puesta la intencion, en esa actitud y en no permitir q las justificaciones de la dureza de corazon tengan la ultima palabra. Aunque no pueda perdonar, q me mantenga en la batalla por pedirlo y por poner nombre a todo lo q en la batalla se mueve. A su modo, y no al mio! Y q todo sirva para ampliar la mirada y ensanchar el corazon. Eso voy a pedir
Gracias!
Nosotros tenemos que hacer nuestra parte, está claro. Pero Dios lo puede todo. Y cuando Jesús nos manda perdonar, es porque él está dispuesto a hacerlo en nosotras. Si lo pedimos y además ponemos de nuestra parte, irá cayendo eso que nos impide ver, y se hará claro el amor que viniendo de Dios, sabe que cada persona es amable, que toda persona es más que sus faltas por graves que sean… si se lo pedimos y nos trabajamos lo que toque, Carmentxu… ¡será!
Me parece “acojonante”
y perdón por la expresión pero otros adjetivos desmerecen su contenido para poder expresar la fuerza liberadora del perdón.
Mi experiencia personal en el perdón ha sido un camino duro y difícil pero sobre todo IMPOTENTE….yo sola ,no puedo ,pero yo sola he de iniciar,sufrir e interiorizar,conocerme y rendirme y ahí me lleva Él.
TQ Señor, Gracias
¡Sí, lo es! Hasta las palabras fuertes se quedan cortas para expresar la fuerza liberadora del perdón. Y no solo es que nos libere y traiga vida nueva… es que, como dices, nos encontramos a través de este dolor con Jesús. Gracias, Blanca.