Lectura del libro de Isaías 55, 6-9
Salmo 144, 2-3. 8-9. 17-18
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 1, 20c-24. 27a
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 20, 1-16
Seguimos aprendiendo de la Palabra de Dios cómo vivir. Ojalá que cuando no comprendas algo de lo que la Palabra nos dice, no quieras aferrarte a tu lógica, a tus emociones o a tus expectativas, sino que te abras a lo que la Palabra de Dios va diciendo. No tengas duda de que es por aquí por donde se nos abre la vida.
Hoy, la parábola que acabamos de escuchar en el evangelio nos habla de una situación que suele resultarnos desconcertante. Nos habla de algo que va contra nuestro sentido salarial, cuando escuchamos que a los últimos se les va a dar el mismo salario -justo, por lo que se ve-, que el dueño ha acordado con los que han trabajado más horas. Esto nos desconcierta mucho, sin duda, y más cuando la respuesta del dueño de la viña utiliza un argumento que supera el del salario, el del cansancio del día y el de nuestra justicia: ¿O vas a tener tú envidia porque soy bueno? El argumento, que nos desborda, desbarata además nuestra lógica: el argumento de la bondad, o la compasión, por el cual yo hago lo que quiero con lo mío, desborda la justicia, sin ser por eso injusto. Esto nos desconcierta enteramente, y no sabemos qué hacer con lo que escuchamos aquí.
A veces queremos “salvar a Jesús” (¡como si lo necesitara!), diciendo que así será en el cielo, etc. Puede que sea así, pero es que ya es así: la bondad de Dios se refleja constantemente a través de modos que superan nuestra lógica, nuestro sentido de la justicia, o el de lo bueno y lo malo o lo mediano que hayamos hecho. Dios es Bueno, y habrá que ver si te atreves a creer en ello… o no.
Sin duda, la lógica de Dios nos sobrepasa: Cuanto dista el cielo de la tierra, así distan mis caminos de los vuestros, mis planes de nuestros planes. Y esto significa que tenemos que abrirnos al misterio, al desconcierto, a la sorpresa y a todo aquello en lo que se reconoce, de modo enteramente desconcertante como en lo que llamamos “normal”, al hacer de Dios. Es inmenso, inabarcable, y es sabio, y es poderoso…
A la vez, el salmo, que nos ha hablado igualmente de la grandeza inabarcable de Dios, nos da otra clave para comprender su modo de actuar: El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones. Cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.
Nos sobrepasan los planes del Señor, nos desconciertan, nos resultan misteriosos e incomprensibles… ¡por no hablar de cuando creemos entender y no entendemos nada!, y no obstante, siempre es justo y bondadoso, a la vez. Y siempre está cerca y nos escucha, tan Cercano es como Grande… tener todo esto presente nos permite abrirnos a su acción.
Desde aquí podemos leer de nuevo la parábola de los trabajadores de la viña. Ahora no se lee desde nuestra lógica, sino desde la confianza en lo que Dios es, siempre inmenso y siempre en nuestro favor…
Desde aquí, incluso aun si seguimos sin entender nada, podemos confiar, deseando para nuestra vida una vida al modo de Dios. Seas quien seas, nos dice Pablo, tengas la misión que tengas y hayas recibido de Dios mucha luz o no tanta todavía, a todos se nos llama a llevar una vida digna del Evangelio de Cristo, para lo cual debemos vivir a la escucha de Dios y en obediencia, como Jesús en relación al Padre.
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Imagen: Nik McMillan, Unsplash

Quiero tener abierto el corazón y los oídos para cuando te dejas encontrar, cuando estás cerca de mí, no perder ese momento de oración.
Gracias Teresa.
Señor ante tu atracción de amor… Gracias
Ante mi respuesta, responsabilidad… quiero sentir i ver.
Dudar de mis planteamientos antes de perderme y dudar de los tuyos!
¡He aquí un creyente! Gracias, Pep Toni!!