En la primera carta a los Corintios, Pablo nos va a hablar de cómo se vive la vida cristiana después del encuentro con Cristo. Vamos a leerla en esta clave en que ha sido escrita: mirando a Jesús para abrirnos a vivir con, por y para Dios, al modo de Jesús.
12 Como el cuerpo, siendo uno, tiene muchos miembros, y los miembros, siendo muchos, forman un solo cuerpo, así es el Mesías.13 Todos nosotros, judíos o griegos, esclavos o libres, nos hemos bautizado en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo, y hemos absorbido un solo Espíritu.14 El cuerpo no consta de un miembro, sino de muchos.15 Si el pie dijera: Como no soy mano no pertenezco al cuerpo, no por ello dejaría de pertenecer al cuerpo.16 Si el oído dijera: Como no soy ojo no pertenezco al cuerpo, no por ello dejaría de pertenecer al cuerpo.17 Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿cómo oiría?; si todo fuera oído, ¿cómo olería?18 Dios ha dispuesto los miembros en el cuerpo, cada uno como ha querido.19 Si todo fuera un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?20 Ahora bien, los miembros son muchos, el cuerpo es uno.21 No puede el ojo decir a la mano: No te necesito; ni la cabeza a los pies: No os necesito.22 Más aún, los miembros del cuerpo que se consideran más débiles son indispensables,23 y a los que consideramos menos nobles los rodeamos de más honor. Las partes indecentes las tratamos con más decencia;24 las decentes no lo necesitan.
Dios organizó el cuerpo dando más honor al que carece de él,25 de modo que no hubiera división en el cuerpo y todos los miembros se interesaran por igual unos por otros. 1Cor 12, 12-25
La perícopa que tenemos para hoy que es 1 Corintios 12, 12-25. Es continuación de la que veíamos el día pasado acerca del modo como el Espíritu es el que inspira todos los carismas. Ahora Pablo va a comenzar poniéndonos un símil con el cuerpo. Como el cuerpo, siendo uno, tiene muchos miembros y los miembros, siendo muchos, forman un solo cuerpo, así es el Mesías.
Pablo ha empezado, como decía, poniendo para hablarnos de esa comunidad, de esa comunidad que es la comunidad de los Corintios o la Iglesia en su conjunto, nos dice, primero nos pone el ejemplo del cuerpo que es uno y tiene muchos miembros y nos dice que así es el Mesías. Todos nosotros formamos parte del cuerpo del Mesías y entonces todos nosotros estamos llamadas, llamados a vernos como miembros de esta realidad que es Cristo y entonces cada uno tenemos que vivir según nuestro carisma, lo que veíamos la semana pasada, según el carisma o los carismas que hemos recibido, pero nos tenemos que ver así como los miembros del cuerpo viven al servicio del conjunto del cuerpo que es uno, así cada uno de nosotros, miembros del cuerpo, hemos de vivir al servicio del conjunto, al servicio del cuerpo.
Y nos lo aclara así: todos nosotros, judíos o griegos, esclavos o libres, nos hemos bautizado en un solo espíritu para formar un solo cuerpo y hemos recibido un solo Espíritu. Entonces nos quedamos con esta imagen, la imagen del cuerpo que es uno y tiene muchos miembros y nos quedamos con la imagen de la cual esta quiere ser ilustrativa, quiere ser el símil que nos hace más sencillo el comprender esto, lo que nos dice Pablo es vamos a mirar la imagen del cuerpo y cómo el cuerpo tiene muchos miembros. Esto es lo que se nos está explicando aquí y nos dice si el pie dijera como no soy mano, no pertenezco al cuerpo, no por ello dejaría de pertenecer al cuerpo.
Vemos claramente a través de la imagen que cada uno de estos miembros se debe a los demás, como en la comunidad, como en la Iglesia, cada uno de nosotros se debe a los demás. Y aquí en este debernos a los demás hay miembros que son más fuertes, hay miembros que son más débiles, hay miembros a los que consideramos menos nobles y a otros los consideramos de más honor. Hay partes que consideramos más indecentes y nos dice Pablo las tratamos con más decencia.
Eso nos muestra que todos los miembros son miembros por igual y que a cada uno hay que tratarlo como formando parte, querida por Dios y valiosa, del cuerpo. Esto es lo que nos iguala. Dios organizó el cuerpo dando más honor al que carece de él, de modo que no hubiera división y todos los miembros se interesarán por igual unos por otros.
Aquí cae, igual que decíamos en la semana anterior, que nuestra idea de entender los carismas, que es yo tengo carismas, tú no tienes carismas o mis carismas valen más que tus carismas y Dios no tiene nada que decir en esto. No lo decimos así, pero nos comportamos como si lo dijéramos. Pues así pasa también aquí.
Nosotros enseguida hacemos jerarquías. “Esto es más, esto es menos, esto es mejor, esto es peor, esto no hace falta para nada. Esto en cambio hay que guardarlo como precioso.”
Y Dios nos dice “guarda como precioso lo que yo he dicho que es precioso. Protege la parte débil. Eso que consideras indecente, cúbrelo más, dale más honor, de manera que todos sean tratados como iguales”. De manera que todos sean tratados como miembros del cuerpo de Dios. Porque luego, y si tienes un poco de experiencia en la vida reconocerás esto, te das cuenta de que lo que realmente vale es lo que Dios hace en cada persona.
Y de esa persona que tú dices no la hubiera mirado aunque estuviera sola con ella en el mundo y sin embargo quizá es la que para Dios es preciosa, la que le está dando verdaderamente gloria. Y esta otra persona de la que tú decías que era tan sabia, que era tan valiosa, no le está amando nada.
Y así. Esta es la palabra que se nos regala para hoy. Esto es lo que se te regala y se nos regala para vivir.
Reconoce aquellos elementos de este fragmento con los que el Espíritu te impulsa a vivir. No dejes de pedir, también, por las hermanas y hermanos que también buscan escuchar a Jesús para vivir de Él.
Imagen: Nathan Dumlao, Unsplash
