Los que unen el cielo y la tierra

Lectura de la profecía de Malaquías (1,14–2,2b.8-10)

Sal 130,1.2.3

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (29,7b-9.13)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,1-12)

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Puedes bajarte el audio pinchando aquí

Entre las ideas de Dios que tenemos, nos encontramos con una que es bastante común entre nosotros, los creyentes: están quienes piensan que Dios está por encima de todo lo nuestro, que no se afecta por ello y que por tanto, no entra para nada en todas esas cosas que a nosotros nos importan tanto; y están los que piensan que Dios está todo el día vigilándonos, y que cuando nos pilla en falta lo apunta en su libro y tiene una larga lista de agravios contra nosotros.

Como vamos diciendo estos últimos domingos, una cosa son nuestras ideas y otra es lo que Dios es, lo que Dios en realidad hace y que es tan diferente de lo nuestro (mis planes no son vuestros planes, y mis caminos no son vuestros caminos, escuchábamos hace poco…). No se trata, por tanto, de quién, si unos u otros tienen razón (no es desde nosotros como vamos a conocer a Dios), sino de cómo escuchamos a Dios, que es el único que puede mostrarnos quién es Él en realidad.

Así venimos hoy a las lecturas que acabamos de escuchar. Queriendo saber cómo ve Dios las cosas, para aprender nosotros a mirar a su modo –doy por supuesto que, a medida que escuchamos a Dios, se nos hace claro que es su modo, y no el nuestro, el que es verdad-. Doy por supuesto que no venimos a saber qué dice Dios, sino a aprender de lo que Dios dice, para que su Espíritu nos ayude a vivirlo.

Así las cosas, en este día hemos escuchado una palabra de Malaquías por la cual el profeta increpa a los sacerdotes porque, en vez de guardar los caminos del Señor y conducir al pueblo hacia Él, han hecho lo contrario: Os apartasteis del camino, habéis hecho tropezar a muchos en la ley, habéis invalidado mi alianza con Leví.

Cuando escuchas a Yahvé hablar de este modo por boca de Malaquías, ¿cuál es tu reacción? ¿Te alegras de que Yahvé los denuncie, porque eso es también lo que tú piensas de los sacerdotes, y lo que Dios dice coincide con lo que tú piensas? ¿Experimentas una satisfacción maliciosa porque esta vez “se la cargan” ellos, que suelen ser los que censuran a los demás? ¿Te escandalizas porque Dios hable así, dando mal ejemplo a otros para que ellos también se atrevan a cuestionar a los sacerdotes? ¿Te parece que Dios “se pasa”? ¿Te pones a “mediar” diciendo que algunos sacerdotes serán así y otros no lo serán… defendiéndote así de su Palabra?

Pues bien, si piensas alguna de estas cosas, cualquiera de estas cosas, estás hablando desde tu ego, y se nota en que no acoges estas palabras de Dios como Dios las ha dicho, sino como tú, por tu modo de mirar, las recibes. Cualquiera de estas reacciones hablan de que estamos llenos de nosotros y de nuestros modos de mirar, y que lo que escuchamos queda inmediatamente anegado por lo nuestro.

No es que esto sea muy raro, pero no es bueno. Necesitas, si te pasa esto, abrirte a este modo nuevo.

Vamos a volver a probar.

Si venimos al evangelio escuchamos a Jesús, la Palabra de Dios, denunciando a los escribas y fariseos, que dicen lo que hay que hacer, lo que Dios ha dicho, pero ellos no lo hacen. Y se lo dice a todos, para que oyéndolo todos, actúen como corresponda: Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.

El modo natural de mirar es ese que hemos dicho arriba. Ese que mira a la satisfacción o desconcierto o temor que me despiertan las palabras de Jesús, y me incapacita para escuchar lo que Jesús está diciendo.

Vamos a dejar nuestro modo de lado, y vamos a abrirnos a escuchar lo que dice Jesús, lo que él quiere comunicarnos.

Como Malaquías, pero mucho más que Malaquías, Jesús está transmitiéndonos el modo de pensar de Dios, que se duele por la doblez e hipocresía de los escribas y fariseos y lo denuncia para que la gente lo sepa y comprenda cómo escucharles: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen.

El lugar desde el que habla Jesús denuncia a los escribas y fariseos, o el lugar desde el que Yahvé denuncia a los sacerdotes a través de Malaquías, son otro lugar que el de nuestras críticas o nuestras fidelidades. El lugar desde el que Dios habla, el lugar desde el que nos llama a hablar a nosotros, denuncia para advertir, para sacar a la luz la verdad, para mostrarnos el camino que lleva a la vida. Este es el lugar desde el que nosotros tenemos que hablar, y que vivir.

Lo primero que escuchamos aquí es la verdad. Una verdad que por un lado saca a la luz lo que hay en el corazón de estos que así actúan, y otra verdad dirigida a la gente, y que viene a decir algo así como “no te justifiques en su mentira para no actuar tú según la verdad”. La palabra de Dios es límpida y rotunda, y nos muestra la verdad.

Después de haber escuchado esta verdad, nos dice aún otra: no solo no hagas lo que ellos hacen con la excusa de que ellos, que tendrían que ser ejemplo no hacen, porque eso es cosa de Dios. Tú, en cambio, actúa como Dios ha dicho: no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. Este modo de vivir en comunión con Dios, este modo de vivir que deja pasar a Dios y lo transmite a los hermanos es el modo verdaderamente sacerdotal. Así, al decirle a la gente, a toda la gente (los discípulos y la gente, precisa el texto) que dejen pasar a Dios en su modo de actuar, está encareciendo su modo sacerdotal de vivir, un modo de vivir que sea mediación entre Dios y los hombres.

Es ese el modo que ha vivido Pablo entre los de Tesalónica: Os tratamos con delicadeza, como una madre cuida de sus hijos. Os teníamos tanto cariño que deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor. Recordad si no, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas; trabajando día y noche para no serle gravoso a nadie, proclamamos entre vosotros el Evangelio de Dios. Ésa es la razón por la que no cesamos de dar gracias a Dios, porque al recibir la palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra de hombre, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios, que permanece operante en vosotros los creyentes.

Todo lo que dice Pablo a los de Tesalónica manifiesta a un misionero que deja pasar a Dios a través de sí: su delicadeza, su cariño, sus esfuerzos y fatigas no son por sí ni para sí mismo, sino en favor del evangelio. Por eso, después de haber realizado su ministerio de este modo excelente, no cesan de dar gracias a Dios, nos dice, porque a través de ellos, cauces limpios por los que ha pasado la Palabra, esta ha sido recibida y permanece actuando entre los creyentes.

No nos asustemos de lo que Dios dice. Al contrario. Vamos a aprender de su modo de denunciar la realidad, de su modo de enseñarnos a reconocer la mentira y a escoger la verdad, para que sea este modo el que, a través de es@s mediador@s que son cauces de su Palabra y de su vida, seamos hechos discípulos y también sacerdotes, esto es, mediadores entre Dios y los seres humanos, a través de los cuales llega la vida de Dios a nosotros.

¿Por qué no nos cuentas en los comentarios lo que piensas de todo esto? Nos vemos allí.

La imagen es de Ferouk Bouazza, Unsplash

4 comentarios en “Los que unen el cielo y la tierra”

  1. A mi me ha ayudado mucho leerlo, aunque luego la practica sea otra historia…

    Por un lado muchas ganas de seguir a Jesus y serle fiel, ser de los suyos y por otro lado como «pero a donde vas?», si no te enteras..
    Supongo q ese mismo deseo te mueve a pulir cosas. Yo me veo muy respondiendo desde ese ver lo q Jesus denuncia para yo justificarme en mis modos, casi como alegrandome a veces de que el otro meta la pata y sea denunciado para decir «¿ves?». Y este no es lo de Jesus…

    Si, si, esto de ver la diferencia entre lo de Dios y lo nuestro es fuerte…Pero lleva a querer mas lo suyo, aun con los tropezones. El ira haciendo, verdad?

    Muchas gracias

    Carmentxu

  2. “Uno solo es nuestro Maestro.” Sólo Jesús es el que nos enseña de manera verdadera a Vivir la Vida. Con esa afirmación siento, a su vez, a La Luz de la Palabra y de tu comentario, Teresa, que Él se encarga de ir poniendo en distintas personas pequeñas partes “maestras” y en diversas situaciones también pequeñas/grandes “enseñanzas maestras”. Necesitamos ojos para ver esas partes que unen el cielo y la tierra. Una vez más, llamada a cambiar nuestro modo de mirar para poder Ver.

    Y luego el vértigo de saber que el Maestro puede querer que también a través de ti pueda hacer pasar sus enseñanzas maestras. El vértigo de despojarte de tus esquemas, de tus defensas, para que a través de ti Él pueda ser Maestro. Unir el cielo y la tierra. Ufff…

    Un domingo más, Buena Noticia de Liberación, de llamada a liberarnos para que surja Él.

    1. Reconocer esas palabras, esas persona que en momento u otro se hacen maestras. Aceptar, aunque nos viene grande, poder serlo nosotros para otros… es otra vida, sí. Una vida que merece que dejemos nuestros modos viejos para acogerla. ¿Es así, verdad, José Ángel?

    2. Cuando vamos reconociendo el sabor de lo de Jesús, lo de antes resulta tan estrecho, tan poco que eso msmo nos ayuda a elegir lo suyo, a pedirle que venga y lo haga en nosotras. ¡Vivirlo, eso es lo que importa!

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