Lectura del libro de Isaías 22, 19-23
Salmo 137, 1-2a. 2bcd-3. 6 y 8bc
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 33-36
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-20
La semana pasada, la Palabra de Dios nos mostraba que Dios es más grande que todo lo que podamos decir y pensar acerca de él. En la Palabra de este día se nos muestra cómo todas nuestras ideas sobre Dios deben proceder de lo que Dios mismo ha dicho de sí, porque todo lo demás será desacertado.
El evangelio nos trae una escena: Jesús ha preguntado a los discípulos qué dice la gente acerca de Él. Los discípulos dan una serie de respuestas, sin duda bienintencionadas, que indican a qué asocian a Jesús los que le conocen. Después, Jesús hace una pregunta más personal: ¿Y vosotros, quién decís que soy yo? Aquí responde Pedro reconociendo que Jesús es el Mesías de Dios, y Jesús, que es lo que ahora nos interesa en esta clave en la que venimos hablando, celebra a Pedro, no por Pedro, sino porque esta respuesta de Pedro viene de Dios: esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Descubrimos así que los seres humanos podemos hablar desde nosotros (lo que han hecho los discípulos hace un momento), o podemos hablar por inspiración divina. Esta inspiración hace que nuestra Palabra sea Palabra de Dios. Esta Palabra pone en marcha otra verdad y otro dinamismo en nuestro mundo, y sobre todo, esta Palabra despierta el entusiasmo del mismo Jesús al escucharla.
Esto es lo que sucede cuando, a través de uno de nosotros, la Palabra de Dios es pronunciada en nuestro mundo.
Este es el señorío de sus palabras que siempre se realizan, tal como podemos reconocerlo en la situación concreta que describe Isaías.
Esta es la majestad que admira a Pablo al contemplar sus palabras, que siempre se realizan en la historia, irrastreables y su acción en la historia, incomprensibles para nosotros, siempre amorosas y plenas y sabias, por encima de toda comprensión.
Porque de él, por él y para él existe todo. A él la gloria por los siglos. Amén.
Puedes descargarte el audio aquí.
Imagen: Mahyar Tehrani, Unsplash

Gracias Teresa.
Permite que repita tus palabras para que nos llene por dentro 🦚 en un día tan bonito por fuera 🌤️:
“La fe es un «saber» que hace posible «vivir» al modo de dicha fe”
Abrabesos
¡Que necesarios nos son estos relatos en nuestra vida cristiana! Y ¡Qué bnecesario que alguien nos abra a su hondura! Encierran lo que nos sobrepasa y a la vez nos retratan. Lo mejor que tiran de nosotros. Muchas gracias
Jesús es mi Dios que me ama, con un amor tan grande que me ha despertado. Su Santo Espíritu ha venido a mí para darme la fé. No me lo esperaba… pero El a mí sí.
Jesus es el que está enseñando a conocerme, está conmigo.
Es lo más grande que me ha pasado. No hago más que seguirle.
Y sé que enamora.
Gracias Teresa.
Gracias, Txaro, por ser buena noticia y compartir tu experiencia.
Gracias Txaro! A mi me ha venido algo parecido, pero tu lo has dicho precioso!
Jesus es El que me ama, el Gentil, el Amoroso, rl Misericordioso, que quiere que diga a otros como los ama.
Gracias Teresa!
Jesús es un Dios vivo, que está vivo y presente, sobre todo en la Eucaristía.
Y vivifica mi día a día con sus enseñanzas. Me conoce mejor que yo, y me da la verdadera alegría a mi corazón.
Si no estuviera vivo, creería en una idea.
Las ideas son estrellas que nacen y mueren. Jesús, Enmanuel, Dios con nosotros permanece.