Es un momento de Gracia. Da igual que no me entere, o que me entere poco, o incluso que me duerma porque estoy cansada o enferma. Dios Actúa en mi corazón y en todas las personas.
Me gusta llegar pronto. Para saludar a la gente conocida y ponernos al día. Sino puede ser en ese momento, pues al finalizar la eucaristía.
También me gusta llegar pronto, para poner delante del altar los anhelos y preocupaciones míos y de tantos, los cercanos, familia y los de más lejos.
En la eucaristía hay cosas que han permanecido desde la niñez, como la capacidad de asombro que hace que el corazón se abra más a este misterio, a este sacramento. A veces es por un canto. O al ver la fe de determinadas personas al vivir y gozar de la eucaristía. Como mi madre con Alzheimer. En esos momentos, le pido a Dios que me regale la fe de los sencillos. Son capaces de ver a Dios constantemente en sus vidas, cada día.
Otras veces es al escuchar la Palabra de Dios o los prefacios eucarísticos. Como el día que escuche: “dar gracias todos los días y en todo momento”, y darme cuenta que soy poco agradecida con Dios y con las personas.
La eucaristía es un momento de Gracia. Da igual que el sacerdote se equivoque o esté despistado. Da igual que se celebre en el monte, en la playa, en una iglesia pequeña, grande, en la catedral o en Santa María la Mayor de Roma, … en el hospital, con niños o adultos. En todos esos lugares, he experimentado la presencia de Dios, su amor y misericordia.
Da igual si somos muchos o pocos, si hay cantos o no. La Gracia de Dios actúa igual.
En el momento de la Consagración, que para mí sigue siendo un misterio, al consagrar el Pan, le ofrezco mis preocupaciones, y le pido misericordia. En la consagración del Vino, le presento aquellas situaciones complejas y difíciles que me han encomendado rezar y aquellas que yo veo. Porque para Dios todo es posible. Y lo realizará con su “sello” particular, en el tiempo determinado por Él.
Tras la comunión, silencio. Para saborear lo recibido y regalado por Jesús. O para mirar a Cristo en la Cruz o a la Virgen.
Y recordar que estoy en comunión con tantos, que están celebrando lo mismo que yo en todo el mundo. Y en las celebraciones más significativas: Navidad. Pascua, Pentecostés, … recuerdo a la gente querida que está viviendo lo mismo en otros lugares.
Imagen: Rachel Moore, Unsplash
