¿Cómo discernir los signos de los tiempos?

En esta entrada nos vamos a preguntar por una realidad de nuestro mundo sobre la que Jesús llama nuestra atención: ¿cómo discernir los signos del tiempo que vivimos?

Colócate por un momento en la situación de alguien que viniera a nuestro mundo y no fuera capaz de interpretar los signos que todos interpretamos. Sin duda, su existencia se vería perjudicada por este hecho: si no sabe interpretar los signos, ¿cómo se orientará en las decisiones que tiene que tomar? Porque efectivamente, a cada paso tenemos que tomar decisiones, y necesitamos criterios para ello. No nos bastan los criterios subjetivos sino que es preciso orientarnos en relación a la realidad, a lo que en ella se da. El ejemplo del tiempo es claro y tiene su importancia, y es un caso que ejemplifica otros en los que es necesario orientarse para vivir una vida humana digna de este nombre. Al igual que se nos hace evidente que necesitamos leer los signos en relación al tiempo atmosférico, necesitamos también leer los signos en relación al tiempo en que vivimos. Los signos de esta historia en la que está presente Dios.

A su vez, y aunque no es lo que dice Jesús, todos estaríamos de acuerdo en que nos es más fácil leer los signos atmosféricos que “leer” los signos del tiempo en que vivimos. Y que por tanto, eso justifica nuestra actitud de desorientación o ignorancia en cuanto a la interpretación del resto de los signos.

Nosotros sabemos “un poco” en relación a los signos de los tiempos, y consultamos a los expertos para lo demás. Y sabemos “poquísimo o nada” en relación a las señales de nuestro mundo, y dejamos en manos de expertos -a los que en este caso ni siquiera consultamos porque no tenemos criterios para interpretar quién pueda tener razón-, la interpretación de los signos de nuestro mundo.

A nosotros nos parece lo normal esta ignorancia, y sin embargo… a Jesús no.

Jesús nos llama “¡Hipócritas!” por esta “naturalidad” nuestra que sabe interpretar los signos de la tierra y del cielo, pero no sabe interpretar los signos del tiempo presente. Nos llama Hipócritas porque no sabemos discernir por nosotros mismos lo que es justo.  Para Jesús, la señal de que podemos discernir los signos de los tiempos es que podemos interpretar los signos de la tierra y del cielo. Ya sabemos cómo lo vemos nosotros, ahora nos interesa comprender cómo lo ve él.

Para Jesús, interpretar los signos de la tierra y del cielo y discernir los signos del tiempo presente, es una y la misma capacidad: la de dejarse conducir por los signos para interpretar lo que aún no vemos. La hipocresía, nuestra fractura se manifiesta en que, haciendo lo primero, asumimos o “aparentamos” no saber hacer lo segundo. Es esta fractura, que vivimos como ignorancia, la que revela nuestra distorsión: no queremos saber qué está haciendo Dios, para seguir funcionando desde lo nuestro.

Seguramente, lo primero que nos va a salir es “no sé”, “no puedo”, y otras justificaciones parecidas. Seguramente nos seguiremos sintiendo inseguros, incapaces, y un poco frustrados con el Señor que nos llama a vivir lo que no sabemos cómo vivir.

Ahora ha cambiado algo:

  • Cuando no creías tener una capacidad y de repente descubres que la tienes, lo normal es alegrarte y empezar a usarla; no sabrás mucho al principio, pero lo vas intentando porque un don de Dios es algo que necesitamos para vivir, que nos abre la vida y que celebramos con gozo; el que no empecemos a usar este don gozosamente, cuando vivir es lo que tanto nos importa, sino que mostremos disgusto y desconcierto ante las palabras de Jesús, indica que “por detrás” hay algo más, y ese algo indica que quizá no nos interesa, o no nos conviene, discernir el signo del tiempo presente. Quizá nos es más cómodo nuestro no saber, porque nos exime de hacer con la vida otra cosa que nuestra voluntad o conveniencia, amparados en esa ignorancia; porque nuestro no saber nos justifica para actuar en relación a la vida conforme a criterios subjetivos de interés o conveniencia, porque eso nos obligaría a asumir nuestra responsabilidad; porque no queremos la verdad, y ese confuso ´no poderla alcanzar` nos ampara para seguir en ese mundo que hemos construido de justificaciones y mentiras.
  • Desde aquí podemos entender que Jesús nos llame “¡Hipócritas!”. Ha quedado evidenciada nuestra doblez, y puesta a la luz nuestra resistencia a vivir según los dones recibidos de Dios, según nuestra capacidad. Se nos revela también así que el “¡Hipócritas!” no se dirige primeramente a las relaciones entre nosotros, sino a nuestra actitud en relación a Dios, ante quien pretendemos aparecer como lo que no somos.

La segunda pregunta de Jesús no se refiere a nuestra doblez, sino a la exigencia de ser en verdad: ¿por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Estamos llamados a implicarnos en la realidad, a querer comprender y situarnos, y a hacerlo “por nosotros mismos”. La pregunta apela a nuestra responsabilidad, que aquí se revela como exigencia de abrirnos a la realidad y gobernarla, como el Padre nos encargó al principio (Gn 1, 28).

La pregunta apela a nuestra implicación en la realidad, que requiere de dicho juicio para comprometerse. Cuando reconocemos qué es lo justo en cada situación, debemos comprometernos para que lo justo sea.

A esta luz, el “¡Hipócritas!” revela la hondura mayor de nuestra dejación: no se trata sólo de que somos capaces, sino que esa capacidad la hemos recibido para que, reconociendo lo que es justo, lo asumamos como tal y trabajemos para que sea. La hipocresía revela aquí su mayor profundidad, porque nuestro no saber que respondamos a Dios, que está actuando en lo real.

Podríamos decir que la primera pregunta hace visible nuestra capacidad y la segunda nos indica la amplitud que dicha capacidad revela tener en relación a lo real, pues nos hace responsables ante nuestro mundo, que reclama justicia.

Tenemos una capacidad que queremos aprender a desarrollar, y no queremos seguir justificándonos en lo que se refiere a nuestro “no saber discernir el tiempo presente”.  Nos va mucho en comprender la realidad para discernirla y actuar en relación a ella, y creemos más en lo que Jesús dice de nosotros que en la idea que nosotros mismos tenemos. Por ello, vamos a emplear esta capacidad que hemos recibido, primero por el deseo de vivir en verdad y desplegar los dones recibidos de Dios, y también porque nosotros mismos, y nuestro mundo, necesitamos ejercitar este don de Dios si en verdad queremos juzgar por nosotros mismos lo que es justo. Y lo justo es hacer la voluntad de Dios, tal como se nos revela a través de dicho discernimiento.

En todas las épocas ha sido necesario y urgente discernir el tiempo presente. En nuestra época, tanto como en las demás.

¿Quieres que pongamos un ejemplo? 

Está claro: el coronavirus. ¿Qué es lo que ves, en estos días, en estas semanas, en el futuro próximo, que se está dando a causa como consecuencia del coronavirus? Eso que sucede, ¿cómo te interpela? Si ves y no actúas conforme a lo que ves, recibirás ese «¡Hipócritas!» de Jesús. Si ves y actúas conforme a lo que ves, te habrás sacudido la mirada acostumbrada y habrás dado un paso al frente en orden a la verdad, a la libertad, a la vida. Cuando vemos y actuamos según lo que vemos estamos respondiendo a la realidad, a Dios que se hace presente en ella, a tu llamada a ser verdad en medio de todo. 

Como no se acaba el mundo con el coronavirus, puedes aplicar esta misma mirada, con los criterios que hemos dado, a otras situaciones de tu vida. 

A la luz de lo que dice Jesús, ¿cuáles reconoces como signos del tiempo presente? Seguro que si nos lo cuentas, aprendemos todos…

Imagen: Ben Williams, Unsplash

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