Lo visible, lugar para reconocer al Dios invisible

Muy feliz Pascua. Que el gozo del Resucitado acompañe tu vida en adelante.

Hoy quiero dejarte, en primer lugar, un poema que expresa bellamente la resurrección que celebramos:

RESUCITADO EN LA TIERRA

 –Mucho tiempo he tenido un cuerpo triste,
el traje de trabajo humano: ahora
voy estrenando el traje del domingo
que todos llevarán, resucitados.
El mío es el primero: me lo pruebo
despacio, solitario, acostumbrándome
ante el espejo inmenso de los montes
y el mar y el cielo, atónitos, callados.
Los árboles, los pájaros, las piedras
se estremecen al verme: ¿ya es la hora
de encenderse también, dejar la queja,
su hundido afán, su llanto de materia,
y ser gloria final en mi reinado
para que el mundo muera luego en paz?

Ya estaba encariñado con el otro
cuerpo: viejo, arrugado, con que el alma
creció en acuerdo dulce de avenirse
a las miserias mutuas, apegándose
a cada rozadura de la vida
como en unos zapatos convividos.
Pero ahora le premio en nuevo ser.
Ésta es la misma barba que ha brotado
como la zarza en la vereda, intacta,
turbia de sol, de polvo y de sequía;
hoy es el cerco de mi gloria, donde
Aquí siguen mis pies, casi de leño
a fuerza de caminos, ya invadidos
de piedra, en callo duro, minerales
que entran por mi sustancia y me hacen árbol;
ahora la tierra en ellos se humedece
de cielo y luz, y aprende así a esperar.
Aquí tengo mi cuerpo, sordo y blanco,
como un pan escondido en la alacena,
mi ciudad minuciosa de canales
y plazas, y aire y jugos, siempre en vela:
laborioso, descansa y goza ahora,
buen obrero en su fiesta, y queda sólo
entregado a su hermosa perfección,
hecho un himno de huesos bien trabados,
y carne que parece de alma, a fuerza
de saberse hacer justa, en cada sitio,
como debe de ser: ya se ha hecho música,
un canto de colores y de espacio
que ante mi Padre siempre quedará.
Los ojos que me vieran, cegarían:
tendré que disfrazarme, y apagando
mi luz, saldré del bosque de mi gloria:
iré a comer con mis hermanos tristes
y así verán que no soy un fantasma,
un espíritu viudo entre las brisas.
Allí les dejaré mi testamento:
mi palabra en sus manos, que la esparzan,
el abrazo final, sin hablar casi:
no les deslumbre y mate mi secreto,
mis alas y mi risa de inmortal.

José María Valverde

 

 

Esta imagen que nos envía Lourdes I., en la que puedes percibir la Vida en medio de la vida. ¡Ojalá se te dé mirada para verla!

Y también te dejo una reflexión, hecha de pequeñas instantáneas, que te puede ayudar a la vuelta a la vida desde la resurrección. A la vida cotidiana que ahora deseamos -y pedimos!- vivir al modo de Jesús. Unos pequeños flashes que se pueden sumar a los tuyos…

La primera es un recuerdo de este tiempo. Peregrinación a un santuario humilde. Una peregrinación de gente necesitada, de esos que se consideran, desde su situación de precariedad, pobres. Al llegar y contemplar la imagen por la que se han puesto en marcha salen a la luz las necesidades, las súplicas intensas expresadas en forma de llanto o de grito, en forma de esperanza. Las expresiones hablan de su necesidad, de su sufrimiento, de su impotencia.

Y salen de allí sanados. Salen reconfortados, consolados, dispuestas a recomenzar desde la certeza de que Dios siempre responde.

Una constatación: tantas y tantas canciones que hablan de amor, de un amor inmenso que ningún ser humano puede colmar y se descubre sin embargo como el mejor de nuestros anhelos… y nos recuerda que es Dios, que nos ha creado a su imagen, el único que puede colmar esos deseos de plenitud, pertenencia, vinculación…

Una imagen, de este último tiempo también: el billar americano como metáfora del modo de actuar de Dios, que siempre actúa “con efecto”… No sé si el ejemplo del billar americano es muy preciso en cuanto a sus reglas internas, pero seguro que captas la idea… sí lo es en lo que se refiere al modo de actuar de Dios, que cuando actúa sobre una realidad consigue dos o más efectos a la vez. Ahí también está Dios, hablándonos de sí mismo a través de las cosas.

También nos enseñan a mirar al modo de Jesús todas esas escenas parabólicas con las que Jesús nos ha abierto un mundo a la hora de mirar: como aquella de la mujer que mezcla la levadura con tres medidas de harina hasta que todo fermenta (cf. 13, 33), y que nos enseña cómo se mira la realidad…

Y siempre, la naturaleza, en su paz imperturbable bajo calores y sequías, en invierno como en primavera, bajo pesticidas, incendios o repoblación del terreno, se hace metáfora de la vida que se entrega confiadamente a Dios y lo manifiesta en todo tiempo… la vida que se nos ofrece para vivir.

En ella, en la naturaleza, encontramos numerosas ocasiones de percibir esta comunión entre lo visible y lo invisible: el ADN que es nuestro código, único para cada uno, manifiesta a nivel físico la misma realidad que se da a nivel existencial, a nivel espiritual: somos únicos e irrepetibles.

O una humilde experiencia… cuánto cuesta arrancar del árbol un fruto que aún no está maduro, y cómo se cae por su peso cuando ya lo está… ¿no nos enseña esto a respetar el tiempo de cada cosa?

Otra imagen, ahora de una persona que no se valora a sí misma, que se quiere poco y anda desnortada (pon aquí cualquier forma de vejación que quieras: sumisión al dinero, humillaciones, fractura interna y externa, amargura…). Esta persona, reflejo de Dios, aparece incapaz de reflejarlo sin embargo, como un espejo roto… Somos reflejo de Dios, pero es preciso que nos miremos en él para hacer brillar su destello en nosotros.

Si quieres, podemos seguir en los comentarios… ¿qué realidades de lo visible te llevan a lo invisible…?

Imagen: Lourdes Ibarrola

2 comentarios en “Lo visible, lugar para reconocer al Dios invisible”

  1. El silencio….»escucharlo», habitarlo… me remite a lo invisible que se expresa en él.

    Personas que han sufrido mucho con la vida que han transformado ese dolor en amor , vida y salvación para otras…

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