Cuando Jesús entra a nuestro mundo (II)

Seguimos buscando en el evangelio, en estas entradas de los lunes, el modo de ser human@s al modo de Jesús que nos guía para recorrer el evangelio de Mateo.

Ya la semana anterior habíamos empezado el comentario de Mt 4, 12-25, ¿recuerdas? Ahora seguiremos descubriendo lo que nos enseña este texto acerca de Jesús, y de lo que nosotros podemos llegar a ser y a vivir.

Y he aquí que Jesús, este Jesús que es libre de las presiones de los políticos que han encarcelado a Juan, que no va con miedo por el mundo y que es, en medio del mundo, luz de Dios que ilumina nuestras oscuridades (¡No veas esto como una imagen poética! Reconoce tus oscuridades, y llénate de esperanza porque Jesús quiere hacer brillar en ellas su luz; si no lo crees cuando pase a tu lado, te lo perderás…), este Jesús, digo, llama ahora a unos discípulos para que vayan con él y hagan algo mucho más grande que lo que hacían: Veníos detrás de mí y os haré pescadores de hombres.

Y dice que los primeros, Simón Pedro y su hermano Andrés, al instante dejaron las redes y lo siguieron. Luego dice que llamón a otros dos hermanos, Santiago y Juan, que estaban con su padre reparando las redes, y cuando él los llamó, y ellos, dejando al punto la barca y a su padre, lo siguieron.

Fíjate, en primer lugar, en el parecido entre lo que nos ha dicho Mateo de Jesús al principio y lo que ahora nos dice de los discípulos: uno está en su vida (Jesús en Nazaret, estos con sus cosas de pescadores, con su padre y su vida), y cuando el Espíritu, que mueve a Jesús y mueve a los discípulos a través de la llamada de Jesús, te pone en movimiento, al instante, al punto dejas la vida que tenías y te pones a seguir lo que quiere el Espíritu, que hace que puedas manifestar a Dios en tu vida –pescadores de hombres-. En nosotros los humanos, la respuesta a Dios es mucho más costosa que la respuesta ligera y libre que se da en Jesús. Pero Mateo lo expresa así porque así sucede en lo profundo: hay un día en que reconocemos el gozo, la plenitud, la anchura que nos produce lo de Dios, y ese es el instante en que le decimos sí. Luego, puede que tardemos mucho más que lo que se dice aquí en ponernos en marcha. Pero el corazón ya ha sido cogido por este más que es manifestar a Dios con nuestra vida.

Cuando nos encontramos con Jesús, pasan dos cosas: una, interior, que es este ser cogidos por su atractivo, por esa luz única que emana de él y por la que merece la pena dejar la vida que tenías; otra, exterior, que es que tu vida cambia y dejas de hacer las cosas que hacías para hacer que tu vida esté al servicio de Dios, de manera que tu vida se hará espacio para que haga Dios en ella un espacio para sí –pescadores de hombres-.

Después de decirnos que Jesús llama a unos para que le sigan, nos dice que va por toda Galilea enseñando en sus sinagogas. Anunciaba la buena noticia del reino y curaba las enfermedades y dolencias del pueblo. Primero llama a unos para que le sigan, y con ellos, va a la gente del pueblo y cura su mente con la enseñanza, su corazón con la buena noticia del reino y sus cuerpos al devolverles la salud. Es decir, Jesús no viene a unos pocos. Llama a unos para ir con ellos a todos los que tienen alguna necesidad. Y es a esos muchos, a la gente que veremos en la entrada siguiente, a toda la gente a la que le quiere anunciar esta vida nueva que él es y quiere darnos para que vivamos. Pero eso es para la siguiente entrada.

Ahora, párate un poco con lo que hemos hablado y maravíllate de que Jesús sea hombre de este modo y quiera que tú seas hombre/mujer de este modo que es el suyo. A la gente de Zabulón y Neftalí, a los que llama a la conversión, a los discípulos de los que quiere hacer pescadores de hombres, a los que enseña, anuncia la buena noticia y cura… y a esa gente a la que le proclamará las bienaventuranzas, nos está enseñando un modo de vivir nuevo que es pleno, que es el más humano que cabe.

Deja que esta buena noticia alegre y prenda en tu corazón.

Si luego quieres contarnos en los comentarios cómo lo ves, ¡adelante!

La imagen es de Drew Coffman

1 comentario en “Cuando Jesús entra a nuestro mundo (II)”

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