Discernir el sentido de la vida (II)

Luego se le acercó uno y le dijo:  – Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para alcanzar vida eterna? Jesús le contestó:  – ¿Por qué me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el bueno. Si quieres entrar en la vida guarda los mandamientos. El joven le preguntó:  – ¿Cuáles? Jesús le dijo:  – No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no perjurarás, honra a tu padre y a tu madre, y amarás al prójimo como a ti mismo. El joven le dijo:  – Todo eso lo he cumplido, ¿qué me queda por hacer? Jesús le contestó:  – Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después sígueme. Al oírlo, el joven se marchó triste, porque era muy rico. Jesús dijo a sus discípulos:  – Os aseguro que un rico entrará con mucha dificultad en el reino de Dios. Os lo repito, es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de Dios. Al oírlo, los discípulos quedaron muy espantados y dijeron:  – Entonces, ¿quién podrá salvarse? Jesús se los quedó mirando y les dijo:  – Para los hombres eso es imposible, para Dios todo es posible. Entonces Pedro le respondió: —Mira, nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué será de nosotros? Jesús les dijo: —Os aseguro que vosotros, los que me habéis seguido, en el mundo renovado, cuando el Hijo del Hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también en doce tronos para regir las doce tribus de Israel. Y todo el que por mí deje casas, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y heredará vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros. Mt 19, 16-30

… si recuerdas, la semana pasada dejamos este comentario a medias. Hoy lo terminamos.

El texto continúa con que Jesús se queda mirando a los discípulos… quizá para subrayar cuál es la clave de interpretación de todo lo que tienen que vivir.

para Dios todo es posible: qué facilidad, qué señorío expresan estas palabras, frente al esfuerzo del cumplimiento y la compulsión de los bienes que se da en este hombre.

¿Qué nos enseña este texto en lo que se refiere a discernir el sentido de la vida? Que dicho sentido profundo no se puede alcanzar si tenemos el corazón atrapado. Lo primero será reconocer qué nos atrapa el corazón, sólo así podremos liberarlo.

Asimismo, nos enseña que el anhelo de Dios, esa insatisfacción o inquietud que a veces es tan dura de vivir, nos impide conformarnos y es lo que hace que sigamos buscando. Así es como nos lleva más allá. El anhelo de Dios es lo que se ha entristecido en él.

Asimismo, nos enseña que lo de Dios es facilidad para quien reconoce su señoría, y que el esfuerzo en lo que no es posible para nosotros es como empujar una puerta que se abre en dirección contraria.

El sentido de la vida es el modo como hemos sido llamados a vivir, nuestro verdadero sentido (el sentido de la vida y mi sentido, mi vocación personal en ella coinciden) y por ello, al encontrarlo nos encontramos a nosotros mismos. En este caso, vemos que este hombre tenía un anhelo profundo que le conducía hacia Dios, y ese deseo profundo ha quedado frustrado porque los bienes de este mundo se han interpuesto entre su anhelo y Dios mismo.

Se ve así que todos estamos hechos según una orientación a Dios, y el modo como despleguemos esa orientación –frustrándola o desplegándola- nos dirá cómo si se va a desplegar nuestra vida, que encuentra en Él su sentido.

El texto nos dice que eso que este hombre buscaba era seguir a Jesús, caminar con Jesús. Y es que, aunque el sentido último tenga un rostro personal en cada uno, ese rostro es un reflejo del rostro, irisado y pleno, de Jesús. Nuestro sentido más profundo es Jesús, y se concreta reflejando algo de lo suyo en medio de la vida.

¿Cómo se aplica esto al discernimiento? Cuando en nuestra vida haya algo que resuena profundamente, cuando veamos que eso que resuena profundamente nos conecta con Jesús… ahí hay que implicarse, porque la vida va por ahí.

… si quieres, también se puede prolongar esta reflexión en otra dirección: cuando en vez de hablar del sentido personal hablamos del sentido de los hechos sociales, comunitarios, cósmicos… Eso lo encontrarás en esta otra entrada a la que llegas pinchando este enlace

[1] Hablamos de un gran deseo no en sentido infantil, cuando te “empeñas” en una cosa y la pides compulsivamente, sino que el deseo adulto es el que consiente en ser conducido y trabajado por un deseo que es mayor que nosotros y que a la vez que nos conduce, nos somete. Se suele vivir con tensiones que requiere trabajo aprender a soportar.

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