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Discernir, para actuar según la verdad

Si tu hermano te ofende, ve y amonéstalo, tú y él a solas. Si te escucha has ganado a tu hermano.  Si no te hace caso, hazte acompañar de uno o dos, para que el asunto se resuelva por dos o tres testigos. Si no les hace caso, informa a la comunidad. Y si no hace caso a la comunidad considéralo un pagano o un recaudador. Mt 19, 15-17

Una perícopa interesante. Con todas las veces que nuestros hermanos nos ofenden (¡!), aquí se nos dan unas pautas de actuación para esas situaciones sin duda conflictivas.

En primer lugar, se nos dice que no tapes el malestar. Esto que tan habitual ha sido como modo de “sublimación” cristiana y que ha justificado tantos miedos y albergado numerosos resentimientos y nuevos conflictos, no se aconseja. Se aconseja “amonestar” y hacerlo en su medida, tú y él a solas, encontrándose con la persona y exponiéndote personalmente.

Además, se indica que la actitud para esa amonestación es “ganar a tu hermano”[1]. Esta actitud habla de lo que debe haber de fondo con tu hermano que te ha ofendido (o sea, hay una superficie, además de ese fondo).

Pero se nos dice además que los asuntos se persiguen. Si no te hace caso (de nuevo, tiene que tener alguna relevancia), buscas a uno o dos, y le repetís lo mismo. Eso nos indica que el conflicto es lo bastante objetivo como para que esos testigos se quieran implicar, y está implícito también el hecho de que lo que uno hace al otro afecta a los hermanos: tendrá que darse la misma voluntad de ganar al hermano, ahora por parte, también, de esos dos o tres.

Y tampoco lo dejamos así: Si no les hace caso, informa a la comunidad. Esto supera el deseo/necesidad de tener razón o justificarse uno mismo, y nos lleva más allá, al indicarnos cómo hay que comprometerse con las cosas que merecen que te comprometas. Nos indica indirectamente que las cosas en las que debes comprometerte de este modo son aquellas que no te afectan sólo a ti, sino a la comunidad, a la que hay que cuidar discerniendo y denunciando los gérmenes de mal o de muerte presentes en su seno.

El ir a la persona a amonestarle, una y otra vez, del modo que se indica, nos habla también de la atención a la persona y de la confianza en que todos podemos ver, podemos cambiar.

Y si no hace caso a la comunidad considéralo un pagano o un recaudador. El fondo seguirá amando al hermano que está equivocado (Mt 18, 22), pero en lo cotidiano es preciso denunciar lo que, porque ofende a un hermano, daña a los demás, a la comunidad (también puede darse el caso que el hermano ofendido, al ir a buscar a esos dos o tres que le apoyen, resulte ser el hermano al que hay que amonestar). Todo lo relevante de cada uno nos interesa a todos.

Esto ya es bastante grande y alejado de nuestros modos de discernir y, por consiguiente, de funcionar. ¡Y eso que aún no hemos llegado al final!: Y si no hace caso a la comunidad considéralo un pagano o un recaudador.

No es sólo alguien que es amonestado por los demás, sino que deja de pertenecer a la comunidad: un pagano es el que no cree en lo que cree la comunidad cristiana; un recaudador es el que pone su corazón en el dinero y por tanto, tiene otro dios que Dios. Igual que en lo referente al conflicto distinguíamos entre fondo y superficie, aquí distinguimos entre la parte y el todo. La parte en la que el ofensor ha sido amonestado nos revelará, si pertenece contumaz en su error o en su falta, que no sólo está dañada esa parte, sino todo su interior[2], porque en la negativa a dejarse convertir por los hermanos y la comunidad se revela que el mal era más hondo que aquella manifestación visible.

A la vez, la condena es muy fuerte, muy alejada de los modos que nosotros usamos: considéralo un pagano o un recaudador. El mismo evangelio que nos dice no juzguéis (Mt 7, 1), nos dice ahora que, tras este discernimiento relacional (no se nos habla del discernimiento interno para llegar a hacer esto, sino del modo como la propia relación nos sirve de elemento cribatorio) tomemos la decisión correspondiente.

Así como nosotros tenemos como criterio máximo en las relaciones el “no romper”, aquí sin embargo se exhorta a esta ruptura terminante (qué se puede decir, en una comunidad cristiana, que este ya no pertenece a la comunidad, y en adelante lo voy a tratar como un pagano, porque lo es, o como un recaudador, porque lo es…?[3]).

De este modo, el discernimiento aquí se revela en la misma relación: así como antes hemos dicho que la Palabra, al decir qué tenemos que hacer, hace de discernidor de lo que somos, ahora la Palabra, al decirnos cómo va a reaccionar nuestro hermano, nos dice qué es lo importante: no la armonía por encima de todo, sino de nuevo, atenerse a esos criterios que la Palabra ha discernido.

¡Atención, en clave de discernimiento!: no es que Jesús se contradiga, sino que ambas soluciones son posibles y, en cualquier caso, la referencia es Él.

El que Jesús diga una vez una cosa y otras esa que nos parece contraria,

habla de que Jesús se fundamenta en otra lógica no racional, sino teologal. Una lógica que no es de algo-su contrario, sino que se fundamenta más allá y está abierta al misterio.

Nos dice que no hemos de atenernos a preceptos fijos –el que calla, nunca yerra; ante la duda, no obrar; cuando el río suena, agua lleva- que son limitados, sino dejarnos conducir, en cada situación, por el Espíritu de Dios.

[1] Se supone, aunque no se diga, que la queja tiene que tener algún fundamento, porque en la instrucción se da por supuesto que tienes razón… hasta el punto de que, al final, si tu hermano sigue sin escucharte, habrás de considerarlo “como un pagano o como un recaudador”.

[2] Supongamos que lo que ha dicho esta persona es una ofensa contra la fe. Si no se retracta, si no se convierte, esta negativa a los hermanos revelaría su negativa a Dios… un pagano; supongamos que lo que se amonesta a esta persona es que no comparte con los pobres, teniendo bienes… si no se retracta de su egoísmo o de su codicia… considéralo un recaudador… alguien que ama más a su dinero que a los hermanos (y por tanto, a Dios). Este es otro elemento de discernimiento: lo que se manifiesta como parte, remite al todo que está en la base.

[3] Esto no lo dice el texto… pero puesto que Jesús aconseja llegar a echarlo de la comunidad, entendemos que el motivo para hacerlo es serio.

Imagen: William Moreland, Unsplash

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