Lectura del Libro del Éxodo 19, 2-6a
Sal 99, 2. 3. 5
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 5, 6-11
Lectura del santo Evangelio según San Mateo 9, 36-10, 8
Generalmente, cuando escuchamos la Palabra de Dios nos quedamos igual que antes de escucharla. Esto se debe a muchos motivos, y cada cual deberá descubrir cuál es el suyo. El que, aunque tienes fe, aunque amas a Dios y quieres amarlo y servirlo más, cuando escuchas su Palabra quizá hay algo que te reconforta, quizá ni siquiera eso, sino que te quedas parecido a como estabas antes de celebrar la Eucaristía. Es realmente necesario que te preguntes por qué te sucede así, y le pongas el remedio oportuno: quizá necesites rezar antes con las lecturas, personalmente o en comunidad; puede que haga falta que te formes en Biblia, o que leas algún libro en el que se expliquen los textos de la Biblia en clave de fe, puede que… tú eres quien mejor puede responder. Pero aquí hay un tesoro que te permite unirte más a Dios y a los hermanos, y no deberías perdértelo.
Por ejemplo, lo que hemos escuchado en la primera lectura: Vosotros habéis visto lo que he hecho con los egipcios y cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa. Yahvé habla al pueblo, en primer lugar, de lo que ha hecho en su favor, y por ello pueden conocer no solo quién es Dios, sino quién es en su favor. Después de mostrarse de este modo salvador ante ellos, Dios les hace una promesa de salvación, que también es en su favor: obedecerle y guardar su alianza hará que Dios los trate como su propiedad personal, especialísima, entre todos los pueblos. ¿Sabes qué significa esto? Esta propiedad personal a la que Yahvé se refiere, o segullah, significa que, entre todos los tesoros que el rey tiene, la segullah es su propiedad preciosa, la más personal, en la que el rey se deleita. Dicho de otro modo: de todas las cosas preciosas que el rey posee, la segullah son sus bienes, los más preciados, los que considera personales. Eso es lo que Yahvé promete a Israel si le obedece y cumple la alianza.
No sé cuánta relación tienes con Dios, pero aquí hay un supuesto que a veces no tenemos en cuenta: cuando tenemos poca relación con Dios, obedecerle y cumplir lo que hemos acordado con Él nos resulta costoso y pesado. Cuando amas a Dios, vas descubriendo que obedecerle es fuente de alegría y de vida, porque Dios nos ha hecho a su imagen y la vida en relación con Él es la fuente de nuestro gozo.
Y cuando vives en relación con Dios, la vida se abre todavía más, porque Dios te sigue prometiendo más y más: seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa. Dios mismo se compromete, si tú haces tu parte (y aunque no la hagas, con tal de que te abras a creer en él, como dice la segunda lectura), a regalarte aún algo mayor: una vida que, siendo relación con Dios, se convierte en mediación entre Dios y los seres humanos, al modo de Jesús (también lo reconocerás en la segunda lectura). Un pueblo santo entre todos los pueblos de la tierra, para que todos los demás pueblos tengan un espejo en el que reflejarse cuando quieran abrirse a la verdadera vida.
Esto es lo que vemos que hace al llamar a los discípulos. A los discípulos que, al unirlos especialmente a Sí, los preparará para ser mediadores de Dios que enviará, después de Pentecostés, por toda la tierra.
Hechos segullah, posesión preciosa de Dios, en favor de toda la tierra.
Puedes descargarte el audio aquí.
Imagen: Eye for Ebony, Unsplash

Esta Palabra y comentario me han obligado a trabajar.
Cuando yo digo: “eso es cosa mía” me refiero a que “eso” pertenece a lo íntimo mío, a lo que desde fuera no se abarca ni se explica.
Cuando Dios dice que “somos suyos”, tampoco desde fuera se abarca o explica. Pertenece a lo íntimo suyo.
Me ha costado ver que era cuestión de dejar caer mi mirada estrecha y analítica, para pasar, mucho más tarde, con los ojos cerrados, a la súplica.
En el Antiguo Testamento se dice que Israel es propiedad particular Segullâ El rey tiene posesiones inmensas: provincias, cosas, etc. Pero además tiene lo que le corresponde como suyo propio, a eso la biblia llama Segullâ: la posesión particular, aquello a lo que afectivamente está vinculado.
Esto te ayudará a leer el “cosa mía” de Dios.
Hoy me ha gustado mucho saber que soy ( y los otros don) Segullâ de Dios ( es bonito saber que eso tiene una palabra)
Y recordar que nuestra mirada es como es, pero hay Otra mas amplia, mas profunda,mas amorosa…
Gracias
Nos hace mucho bien, Ana! Lo que descubrimos de nuevo, y lo que recordamos para vivirlo. ¡Renovamos la vida desde ahí!